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Lanco y Bolivia, con idénticas intenciones

Al entrar el año 2006 y aprovechando la discusión desarrollada en torno a la inminente declaración de la provincia de Valdivia como región, cada una de las comunas plantean sus reivindicaciones


. Es el caso de Lanco, donde durante el verano se realizó un rally por la comuna, desplazándose por los caminos cordilleranos de Tripayante hasta llegar a las costas de Queule. La idea es poner en discusión la salida al mar. Pues la comuna, en sus más de 80 años de existencia, ha sufrido múltiples cambios en los límites comunales, cediendo territorio a Panguipulli y Mariquina. En tanto, el rally se pretende seguir realizando, con el fin de mantener una campaña de difusión de los recursos turísticos y buscando lograr su mayor aspiración: contar con una salida al mar.

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3 comentarios para “Lanco y Bolivia, con idénticas intenciones”

  1. Paula Guerra comentó el 1 de Junio, 2006 a las 3:04 am

    Hola compañeros ciudadanos.
    Les cuento soy oriunda de Lanco, pero por esas cosas de la vida ahora vivo en Temuco.

    Pero el real motivo por el que les escribo, es para felicitarlos. No puedo más que enviarles muchos abrazos y mucha fuerza a todo el equipo de ciudadanos, porque he tenido la oportunidad de leer su edición escrita en dos oportunidades y me parece una obra de excelente factura, digna, a todas luces, de ser destacada tanto nacional como internacionalmente. No exagero, sólo creo reconocer el brillo y el vigor del esfuerzo sureño. Un esfuerzo regional, local y comunitario. Un periódico con perspectivas claras, información rigurosa y un particular tratamiento de los que es una noticia de verdadero interés humano y social.
    Nuevamente, los felicito por la preciosa labor que están haciendo.
    Saludos especiales a mi amigo Pedro Herrera, un pequeño gran exponente del sure combatiente.
    Mucho éxito, queridos colegas.
    ¡LARGA VIDA A “EL CIUDADANO”!

  2. magaly comentó el 1 de Junio, 2006 a las 3:47 am

    REFORMA EDUCATIVA EN CHILE. CUESTIONAMIENTO Y SANCION.

    Aunque la reforma contempla elementos trascendentales para lograr la integración de alumnos/as con necesidades educativas especiales a las escuelas y liceos comunes; esto es, sin embargo, un objetivo que está lejos de cumplirse. Aunque ciertamente hay Escuelas que son un ejemplo de integración, éstas alcanzan un mínimo del porcentaje total de las escuelas municipalizadas del país. Tal parece que lo que se logra, en buenas cuentas, es la normalización de la exclusión: de la segregación de los grupos con discapacidades de todo tipo o con necesidades educativas especiales de diversa índole; ya que si bien es cierto se hacen esfuerzos por superar la segregación, la discriminación y la exclusión; existen –actualmente–, más excluidos que incluidos…y eso parece ser la norma que rige el sistema educativo en Chile.

    Aunque influyen diversos elementos como la falta de capacitación de los docentes; escasez de recursos y escasa apertura al cambio de las comunidades educativas hacia los principios de las reforma; uno de los principales obstáculos es el modelo dominante; en que la competitividad y la lucratividad parece regir todo tipo de relaciones y, gravitar todo el sistema educacional:

    Por una parte, la educación pública ya no es un canal importante de movilidad social para los sectores más deficitarios (y medios inclusive); contribuyendo a la desigualdad de oportunidades. Las escuelas y liceos ya no son un espacio de encuentro de personas provenientes de distintas clases sociales; ya que el sistema escolar, tal como está estructurado, ha segmentado a la sociedad chilena. Los alumnos son socializados en un ambiente homogéneo que les entrega una visión parcial e intolerante de la realidad. Ello redunda en una segregación de los grupos con necesidades educativas especiales, los que sólo tienen cabida en las escuelas que no pueden competir en eficiencia y calidad educativa; mientras en éstas últimas, en cambio, el acceso es restringido a los alumnos con mayores capacidades, todo dentro del tema de la competencia y del proceso educativo visto como un negocio, en el que la oferta y la demanda determinan el producto del sistema educativo en Chile: mayor segmentación de la sociedad.

    El sistema de financiamiento no permite, de igual forma, integrar el principio de normalización; ya que el modelo se basa en una subvención igualitaria sobre una realidad que no es igualitaria; por lo que no es capaz de recoger la heterogeneidad que presenta la sociedad que se educa; pasando desde la educación especial hasta la educación en zonas alejadas del territorio.

    Considerando que los procesos educativos ocurren en un contexto social que se perfila con mayores niveles de desigualdad, difícilmente la educación puede hacer más que lo que hace la sociedad en que se desarrolla. El sistema educativo termina reproduciendo la desigualdad existente en la sociedad.

    En este contexto, aún cuando se hagan los mayores esfuerzos por la integración, mientras no responda a una política de Estado que considere –al menos– los procesos de desintegración social que se viven a nivel nacional; éstos serán grandes esfuerzos, pero no tendrán una relevancia como la que necesita, verdaderamente, para lograr que la escuela sea un lugar de integración.

    Las escuelas inclusivas de la actualidad responden, verdaderamente, a un concepto reducido de lo que significa integración. Si bien en estas escuelas se valora la diversidad y se considera la flexibilidad del currículo actual; no es posible hablar de integración cuando, de cualquier forma, responden a un segmento de la sociedad. Es decir que la integración se ha logrado en forma parcial; ya que responde de todas formas a una segmentación social mayor en la que la propia escuela es excluida de otros ámbitos de la sociedad. Por último, vale decir que los recursos de apoyo son siempre escasos; que la capacitación de los docentes gravita sobre el sistema aún en condiciones normales de educación; que no se han asumido los nuevos criterios metodológicos y de evaluación de parte de docentes y directivos… Estos problemas responden también a la desintegración social que produce el sistema y que se reproduce en el ámbito regional y local; así como en cada unidad educativa. No es por casualidad que en contextos de pobreza trabajan, generalmente, docentes menos capacitados; que en esos contextos, con menores posibilidades de acceso a los servicios básicos y la modernidad, hay menor disponibilidad de recursos. La inclusión y la integración deben ir de la mano del mejoramiento de la calidad de vida de los niños y sus familias, de mejores en el acceso a los servicios básicos, de oportunidades de trabajo para los padres, de satisfacción de las necesidades básicas de cada grupo familiar. La capacitación de los docentes, de igual forma, debiera considerar aspectos no tratados, como las condiciones subjetivas en que se desenvuelve el docente; lo que aporta considerablemente a la desmoralización e impotencia del educador.

    Sin duda, basta con reconocer que hay escuelas a las que asisten los hijos de los analfabetos y otras escuelas a las que van los hijos de los profesionales, para entender que se pierde la capacidad de aprendizaje horizontal; por tanto es también un problema de aprendizaje social, lo que hoy por hoy no se condice con el principio de normalización. En suma, la descentralización educativa basada en la competencia y la competitividad no es buena para los grupos más desposeídos y/o con necesidades educativas especiales; el sistema educativo es estructuralmente mucho más desigual que hace 20 años (una elite más elitizada aún y una mayoría más desprovista que antes); las consecuencias del sistema educativo implica que la sociedad vea los problemas de segmentación como un problema de “otros” (la educación pública es pensada para otros –necesitados, excluidos, los que no pueden pagar– y no para toda la sociedad), entonces seguimos construyendo un modelo educativo que hace una diferencia estructural social que daña y desintegra la sociedad.

  3. Abraham Fudrini comentó el 6 de Enero, 2007 a las 11:49 am

    Se supone que el papel del Estado es fundamental para corregir las desigualdades y esta tarea debe cumplirla como primera prioridad. Sin embargo el problema es parte de la estructura del sistema educativo actual y siempre lo será (aunque pudiendo ser en menor medida o en igualdad y hasta mejor que el promedio de los mejores colegios particulares), salvo que se busquen alternativas de cambio a los modelos económicos que desarrollan hoy Chile y Perú, por ejemplo, o que se pretenda imponer desde arriba tipo modelo Chávez en Venezuela. Lo cierto es que hasta hoy ningún modelo asegura una igual calidad buena de educación pública que cubra a la gran mayoría de estudiantes de los diferentes niveles.

    Atentamente

    Abraham

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