¡Unas camas más, unas camas menos! ¿De qué estamos hablando?
En el transcurso de la semana recién pasada, la noticia de la construcción de un centro hospitalario sin camas en la ciudad de Antofagasta, encendió el debate público de diversos actores en el paÃs. Esta instancia fue perfecta para confrontar ciertos paradigmas en el ámbito de la salud, asà como examinar las polÃticas públicas del sector.
El dilema que se presenta en el sector obedece a la ambigüedad de las señales a la ciudadanÃa, lo cual se explica por un lado con la polÃtica de promoción de la salud, impulsada fuertemente hacia finales de la década del 90 con la creación del Consejo Vida Chile, y su antÃpoda, las patologÃas con GarantÃas ExplÃcitas en Salud (GES) cuya naturaleza asistencial es, lógicamente, innegable. Ponderando esta situación es, sin lugar a dudas, esperable la conducta de algunos actores polÃticos y gremios de la salud, ya que el transito al autocuidado en salud es lento, por lo cual aún prevalece una conducta asistencial y curativa respaldada por el actual perfil epidemiológico del paÃs, el cual es dominado por las enfermedades crónicas no transmisibles, patologÃas que a su vez involucran un elevado costo en salud y la constante inversión en tecnologÃa y un recurso humano cada vez más especializado y multidisciplinario.
Ciertos temas pendientes no han sido parte de la agenda pública como lo es el tema de la accesibilidad y la centralización de la complejidad asistencial, incluso con las dificultades que ha presentado la implementación de la reforma de salud no ha existido aún el interés público por situar el tema en la agenda, y a pesar de ciertas señales mediáticas como lo han sido las condiciones sanitarias de algunos hospitales y el anuncio del hospital sin camas, siempre ha emergido un tema mucho más urgente y de interés en los diversos actores sociales. La desorientación ciudadana en cuanto a la tendencia del sector salud en el paÃs es un escenario ideal para enfrentamientos polÃticos con ciertos aires proselitistas, ya que para una ciudadanÃa con una vida desarrollada en torno a la figura del hospital, no le será fácilmente comprensible la disminución de la oferta de prestaciones complejas descentralizadas en aras de una mayor educación en hábitos de vida saludables y una medicina netamente ambulatoria, especialmente cuando el sector ha sido promotor histórico de una idiosincrasia netamente asistencialista y resolutiva en el estado de salud de las personas.
El posible incremento en la disociación entre la polÃtica de promoción de la salud desarrollada por los gobiernos de la Concertación y la reforma de salud netamente asistencialista -por el momento, ya que la ley de derechos y deberes de los usuarios está aún en el parlamento- seguirá siendo el desafÃo de los equipos de salud, y para la ciudadanÃa en general. Si no se envÃa un claro mensaje de las autoridades del sector, seguirá siendo un asunto de unas cuantas camas más y de unas cuantas camas menos.
CLAUDIO A. MÉNDEZ VALENZUELA
ACADÉMICO





