Edificio de la Armada en Valparaíso: La Casa Cautiva

El Ciudadano
23 January, 2008 09:01
#Regiones

Diseñado como sede del poder local y residencia de veraneo de los presidentes, el edificio de la Plaza Sotomayor en Valparaíso desde el golpe de estado es ocupado por la Armada. Ningún intendente de la transición se los ha pedido. El gris de su fachada recuerda el humo de un país que luego de ver la casa señorial ocupada por los rotos, los sacó a patadas, bombardeó otras casas de presidente y hoy es el centinela de las fiestas de la cultura de la democracia.


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Las termitas se están comiendo el histórico edificio que fuera Intendencia de la Provincia de Valparaíso, hoy okupado por la Comandancia en Jefe de la Primera Zona Naval. Las termitas no tienen respeto. Tienen como colador hasta el piso de la Comandancia en Jefe, el mismo piso que hasta el 10 de septiembre de 1973 fuera sede del poder civil local y residencia de veraneo de los presidentes. La placa que designaba tal espacio fue arrancada y hoy yace acumulando polvo a la salida de los ascensores del piso 19 de la intendencia inaugurada por Pinochet en la plaza Aníbal Pinto.

PALACIO CON CÁSCARA DE YESO

El edificio no recuerda el nombre de nadie. Fue proyectado para reemplazar a otro construido en 1831 por el arquitecto inglés Juan Stevenson y proyectado originalmente como aduana. Santos Tornero, en Chile Ilustrado, impreso en París en 1872, recuerda que este tenía “en los altos, habitaciones del Intendente y departamentos destinados para alojamiento del Presidente de la República y sus ministros cuando se traslada el Gobierno a Valparaíso”. A la burocracia local, se sumaba en aquellas fechas el presidente, su prole y ministros.
Problemas en sus cimientos exigieron una remodelación a cargo del ingeniero Pedro Palma, los primeros años del siglo XX. Pero el terremoto de 1906 dejó por el suelo a la ciudad entera y al proyecto. Un año después se convocaría al arquitecto Ernesto Urquieta para que diseñara el actual edificio. Este sería una copia del Palacio Consistorial de París, de 3 pisos para la Intendencia, la Comandancia General de Armas, la Dirección de Obras Públicas y la Tesorería Fiscal. Sobre dichas oficinas estaría la casa del intendente y el departamento presidencial.
La obra fue inaugurada durante las fiestas del centenario de la Independencia en 1910. Tienen 8 mil mt2 de superficie en dos amplios niveles y un último piso con mansardas. Su fachada presenta una mezcla de ornamentos de yeso y piedra artificial; una escalera de mármol conduce desde el pórtico al segundo piso.. Terminaciones, lámparas y mobiliario fueron traídos desde la capital francesa para adornarlo. Todo fue coronado por un reloj y una cúpula.
El palacio sería un lugar de encuentro de la aristocracia porteña. El arquitecto viñamarino Tomás Eastman Montt, recuerda que a mediados de los años ’20 se hizo un baile en honor del príncipe heredero de Italia, Humberto de Saboya en el Salón Rojo, y a fines de los ’50 una recepción del intendente Rivas Vicuña, “quiso revivir fastuosas fiestas del pasado, por lo que se hizo un baile de máscaras en el Salón de Invierno, como se hacía en 1914”.
En 1929, en plena crisis, Carlos Ibáñez se aburre del puerto y manda edificar el palacio del cerro Castillo. En Valparaíso, por fin los intendentes podrían estar tranquilos.

LA LLEGADA DE LOS ROTOS

La primera gran fiesta que echó el palacio por la ventana fue la organizada por el intendente democratacristiano Enrique Vicente en 1964 cuando Wanderers salió campeón. Invitó al club deportivo, a los dirigentes y a parte de la hinchada. Con la llegada de Allende a la Moneda el edificio congregaba al gabinete durante los meses de verano. Sergio Vuskovic, alcalde de Valparaíso en esos años, recuerda que “cada vez que venía Allende a Valparaíso muchos porteños que pedían audiencia con el presidente entraban. En vez de los terratenientes que venían antaño se llenaba de dirigentes sociales”.
Por uno de los balcones se asomó Fidel Castro para saludar a una muchedumbre que lo vitoreaba en la Plaza Sotomayor. Pero ya los dados estaban echados y el olor a golpe estaba en el aire, aunque los funcionarios de la Unidad Popular ni siquiera sospechaban lo que se tramaba en las conversaciones de la Armada. “Compartimos con ellos varias actividades públicas y acciones del gobierno de Allende, como el inicio del camino costero de Playa Ancha, en el que nos ayudó la Infantería de Marina, también nos coordinamos luego del terremoto de 1971. Si hasta tuve una relación cercana con José Toribio Merino, que siendo vicealmirante el presidente Allende lo nombró Intendente”- recuerda Vuskovic.
En esa época la Comandancia en Jefe de la Armada estaba en calle Prat y en el primer piso de la Intendencia, pintada color pastel, funcionaba la Guarnición Militar.

El 11 V

La desesperada llamada del prefecto de Valparaíso, Luís Gutiérrez, al subdirector de Carabineros, general Jorge Urrutia, a las seis y media de la mañana del 11 de septiembre de 1973 da cuenta al entorno del presidente Allende que los barcos de la Armada que habían zarpado el día anterior para participar en la Operación Unitas, regresaban al puerto y que los marinos ocupaban las calles, la Intendencia y las plantas de la Compañía de Teléfonos. En Santiago, el Comandante en Jefe de la Armada, Raúl Montero, es detenido en su domicilio y Merino usurpa su puesto.
Minutos después el secretario regional del Partido Comunista, Gaspar Díaz, llama al alcalde Vuskovic para darles las malas noticias. Este va a la casa del diputado Carlos Andrade, al frente de la escuela Pedro Montt en la Plaza Bismark, desde donde pudieron ver como el molo se llenaba de marinos. “Como a las 10 nos juntamos unas 200 personas en la escuela y decidimos que se iba a resistir, pero cuando preguntamos quién tiene armas, yo era el único que tenía una pistola” – recuerda Vuskovic.
Hacia rato que los edificios públicos estaban tomados y en pocas horas detendrían al ex alcalde, quien en la Esmeralda sería torturado. El contralmirante Adolfo Walbaum sería nombrado Jefe de Zona en Estado de Emergencia por la junta.
El edificio pronto fue escogido por la marina como la sede de la Primera Zona Naval y no se salvaría de la impronta de sangre impresa en otros recintos de la Armada. Hugo Maldonado, periodista detenido el 4 de octubre en La Calera por su conexión con los marineros que habían avisado del complot golpista, fue llevado al edificio por detectives y entregado a marinos, quienes lo torturaron antes de trasladarlo al cuartel Silva Palma.

LA CASA PERDIDA

Desde la madrugada que entraron los marinos al edificio de la Plaza Sotomayor, no han vuelto a salir. Alberto Madrid comenta que tal hecho “lo podríamos designar como el especto de la casa perdida. La experiencia de la ruptura histórica del golpe nos dejó como imaginario el bombardeo a la casa de los presidentes, la Moneda. Se puede reconstruir todo un catastro a partir de esa imagen de la casa perdida, de la pérdida del ideario republicano”.
Carlos Ossa cree que “uno podría jugar con la metáfora de que la transición para poder hacerse del poder tuvo que dejar cautivo algo. Tuvo que entregar parte de lo público, tuvo que destruir algo para lograr supervivencia”.
Madrid también acusa un segundo momento: “El documental de Carmen Castillo, Calle Santa Fe, que nos trae a la memoria una imagen de Allende llegando a la Plaza Sotomayor, saludando a la gente que esta allí y de fondo se ve este edificio”.
Gabriel Aldoney, intendente de Valparaíso en los ‘90 reconoce que jamás se ha pedido la devolución del edificio a la Armada: “Nunca la intendencia en lo que llevamos de transición lo ha solicitado. Nunca se planteó el tema y nadie lo ha puesto en el tapete, además que no le caería muy bien a la Armada que se lo pidieran de vuelta”. Iván de la Maza, actual intendente, no quiso referirse al tema, aunque precisó que aspira a dejar el cargo con el edificio recuperado para el poder civil.
Para Madrid, “lo que pone de manifiesto esta no recuperación de este edificio que tenía un origen institucional local, corresponde a las deudas del Estado por rearmar esa historia y esa casa nación que se modificó”. La situación actual del edificio “se inscribe en esta historia de que el país no logra aún articular su pasado y ocurren constantemente temblores de la memoria. El imaginario chileno todavía sobrevive en la lógica de capas superpuestas, estratigrafía que aún no han asentado. No se ha hecho la reparación, todavía hay zonas cautivas y memorias pendientes por seguir reelaborando”.
Ossa añade que “esto pone en tensión el concepto de democracia como el mejor sistema posible, ya que en Chile sólo fue posible dejando en cautiverio características propias de los sistemas democráticos, como la autoridad del poder civil sobre el militar. El edificio de la democracia chilena está lleno de silencios”. Por ello le incomoda que “se ha oficializado un cierto tipo de pulso, de tiempo discursivo. Hay una memoria tolerada, simple, hueca, no conflictiva. Una memoria que celebra lo que tiene que borrar y que no reconstituye la densidad histórica como si no tuviéramos derecho a saber lo que pasó”.
Desde 1982 que la Intendencia funciona en un edificio de 19 pisos junto a la plaza Aníbal Pinto, donde a diario llegan mil 500 personas a hacer trámites y acceden a través de 3 ascensores; Vuskovic aún no se habitúa a usar placa ya que le arrancaron los dientes y quemaron las encías; Maldonado, luego de pasar cinco años preso fue amnistiado en 1978, aunque fue detenido el 2003 por una orden dictada por el juzgado de la Primera Zona Naval y, pese que hacía poco había entrevistado al presidente Lagos, los intentos de contactarlo en estas horas angustiosas fueron respondidos con un escueto “su Excelencia no puede interceder en acciones judiciales”.
Mientras tanto, en el antiguo edificio las termitas siguen su rutina.

Mauricio Becerra

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