Educación y modelo político chileno

Para nadie es un misterio que la Concertación de Partidos por la Democracia está evidenciando signos de agotamiento. Lo que fue una eficaz herramienta política para enfrentar y derrotar a la dictadura de manera democrática, parece una fórmula superada para hacerse cargo de los nuevos desafíos. Al mirar retrospectivamente lo que ha sido la política chilena durante la mentada “transición”, se advierte cómo han operado una serie de prejuicios instalados en el sentido común. Todo pareciera resumirse en un cierto “miedo a la democracia”.
Este “temor a la democracia” ha quedado de manifiesto en la votación de la LGE en el Congreso Nacional. El gobierno de la señora Bachelet ha querido buscar acuerdos con la derecha y la cúpula concertacionista, pero se ha negado a escuchar a los docentes y estudiantes que rechazan la iniciativa. Legislar de espaldas a los ciudadanos es mala costumbre de quienes afirman gobernar para la gente. La actitud del gobierno, conciliadora con la derecha e indiferente al malestar popular no augura nada bueno en el ámbito educacional y sólo marca un escalón más en la caída política y moral del conglomerado en el gobierno, reafirmando un sistema heredado de la dictadura y viciado en sus fundamentos.
Todos los partidos políticos, sea por temor, por conveniencia o por un temeroso diagnóstico político, apostaron a un sistema controlado que rememora la “democracia protegida”. Toda la clase política se esforzó por evitar cualquier exabrupto que pusiera en riesgo el frágil tinglado de los años noventa. Así, los partidos de derecha, hay que reconocerlo, desalentaron cualquier intento sedicioso alejándose de aventuras militares, abriéndose a la posibilidad de llevar a los tribunales a los más connotados torturadores del régimen anterior. Por su parte, la Concertación puso paños fríos a cualquier pretensión por movilizar centrales sindicales o entidades gremiales o de otra índole. Este clima político fue conocido como democracia “en la medida de lo posible” o “política de los consensos”. Todos, de un modo u otro, han partido de dos premisas: primero, era necesario mantener el orden constitucional sancionado en 1980 y segundo, el proceso de transición debería ser conducido por una clase política capaz de administrar las demandas sociales acumuladas.
Se pueden esgrimir muchas razones que explican la singularidad de la transición chilena, desde la manera en que ésta se negoció, hasta la traumática experiencia de las décadas anteriores. Lo que parece innegable es que se obró con miedo a la democracia, condicionándola cada vez que fue posible. El resultado es claro: se favoreció un orden ultra conservador, administrando y postergando la mayoría de las demandas sociales entre ellas, la educación. En pocas palabras: se aseguró la “paz social” como condición indispensable para el éxito del “modelo tecno-económico chileno”.
El rostro visible del nuevo orden político emergente fue el “sistema binominal”, que en la actualidad pretende ser perfeccionado como correlato del “modelo tecno-económico”, para asegurar su permanencia en el tiempo. Ya nadie se plantea seriamente una profundización de la democracia, entendida como una sociedad participativa de hombres libres. Por el contrario, los cambios que se avizoran apuntan más bien a medidas cosméticas que acentúan la distancia entre la clase política y las demandas sociales. La consagración del “modelo político chileno” pone fin a la idea misma de transición, pues consolida un sistema “inclusivo” de representación partitocrática, un simulacro perfecto. Pero, al mismo tiempo, “excluyente” respecto de cualquier instancia democrática de participación ciudadana.
En un país “totalmente administrado” no es posible plantearse siquiera cambios de fondo a la legislación laboral, a las leyes provisionales o de administración de salud o educación y mucho menos al orden constitucional imperante. Contrariamente a lo que escenifican los medios, lo cierto es que nuestro país avanza en la dirección del conservadurismo y no de la democratización, más allá de la demagogia de algunos, las buenas intenciones de otros y la complicidad de los más.
El camino elegido es casi una constante en nuestra historia y en gran parte del mundo en vías de desarrollo: las elites gobernantes son prisioneras de un miedo a la democracia, a la que perciben como una amenaza a sus privilegios, reproduciendo un círculo vicioso que hace impensable cualquier desarrollo posible. El reciente episodio en torno a LGE es, apenas, un botón de muestra y sólo reafirma un modo de actuar que ya hemos conocido por casi dos décadas.
Álvaro Cuadra
Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados ELAP.
Arena Pública, Plataforma de Opinión de Universidad ARCIS.







Salvador comentó el 7 de Julio, 2008 a las 1:01 pmReconociendo algunos de los conceptos de Alvaro Cuadra respecto a nuestra democracia, considero que hablar de agotamiento de la Concertación no es un término apropiado para calificar a esta coalisión. Yo prefiero calificarlo como la ” Desreputación ” de la clase política gobernante. Digo ésto por la sencilla razón de que la ciudadanía que ha apoyado a esta coalisión durante ya 4 gobiernos con la esperanza de que aparezca, por alguna parte, el progresismo que tanto pregonan pero que en la práctica son tan conservadores como sus mismos oponentes. Esta es la causa por la cual una gran parte de nuestra sociedad se siente desfraudada al ver la incapacidad e indiferencia mostrada para democratizar las instituciones del Estado.
Han preferido privilegiar y administrar un sistema político y un modelo económico impuesto por una Constitución ilegítima en su génesis antes de enfrentar públicamente a quienes se han encargado de mantenerla vigente hasta nuestros días, lo cual es percibido por la gente y se refleja claramente en las encuestas de opinión realizadas durante los últimos años.
Tampoco está demás decir que la Concertación se ha acomodado al conveniente modelo binominal que le permite aferrarse al poder, haciendo a un lado las numerosas demandas sociales para privilegiar a pequeñas minorías económicas que han visto salvaguardados y acrecentados sus intereses a través de esta coalisión.
Creo que la Desreputación ganada por esta coalisión será la que los lleve a cavar su propia tumba en las próximas elecciones venideras porque la gente se ha dado cuenta que, durante todos estos años, a través de sus votos han sido los avales de toda crisis social y moral que hoy los afectan.

Fernando comentó el 6 de Agosto, 2008 a las 4:43 pmEn relación a este artículo, referido al agotamiento
de la Concertación y que esta coalisión habría sido
exitosa en la recuperación pacífica de la democracia,
debo señalar que en cuanto a la primera afirmación estoy
de acuerdo, ya que, hace bastante tiempo que la Concerta
ción no tiene un Proyecto País que ofrecer a la ciudada-
nia, por lo demás, que mucha gente piense con mucha ra-
zón que no existe gran diferencia entre el planteamiento
neoliberal de la Derecha y lo que realiza la Concerta-
ción, a través, de los gobiernos que ha encabezado.,con
respecto a la segunda afirmación que la Concertación
habría sido exitosa en la recuperación pacífica de la
democracia.,estoy en completo desacuerdo con esa opi-
nión por dos razones:
La primera es que, antes del plebiscito del 88, el go-
bierno militar daba luces de desgaste, tanto a nivel
interno producto de las protestas y el costo humano que
ello conllevó, además de las presiones de organismos
internacionales que todos loa años condenaban a Chile
en materia de Derechos Humanos,es bueno recordar a los
miles de jóvenes, adultos y ancianos que anónimamente
ofrendaron su vida por la vuelta a la democracia, no se
exiliaron en Europa ni se fueron a estudiar a Harvard,
ellos dieron la pelea de frente al fascismo más brutal
de latinoamérica y lo derrotaron, a ellos les debemos
la recuperación democrática.,Por lo demás hay que re-
cordar que los dirigentes de la Concertación cuando
llegaron a Chile, después de su exilio dorado, a través,
de la famosa Alianza Democrática (cuna de la actual
Concertación), dichos dirigentes se dedicaron a negociar
con los civiles fascistas del gobierno militar, la
famosa transición y posterior entrega del poder de los
militares a los civiles de la Concertación, pero como
nada es gratis en este sistema, se celebraron los famo-
sos pactos entre Dirigentes de la Concertación y de la
Derecha, los cuales permitieron la más absoluta impu-
nidad en materia de Derechos Humanos para el Dictador
y sus seguidores tanto militares como civiles más cercanos y lo que es peor, no tocar el modelo Neolibe-
ral que nos gobierna desde el año 1974, con el famoso
Decreto Ley 600, que pone como base de la economía las
exportaciones……Aquí hay que poner mucha atención
porque diversos personeros tanto de la Concertación
como de la Derecha, tratan por todos los medios de no
dar ha conocer en que consistieron los famosos pactos,
conocidos también como la transición negociada.,El
problema es que las nuevas generaciones, perciben que
hay algo sucio escondido trás estos dirigentes de ambos
bandos, por lo mismo ello ha llevado a la poca y casi
nula participación de la juventud en la Política y en
cuanto a los mayores que también más de algo sospechan
prefieren hacerse los desentendidos, o bien, no parti-
cipar en un juego en que las cartas ya están marcadas
desde que se inició la partida……Con la supuesta
recuperación democrática. De allí que, si ahora le
corresponde el turno a la Derecha para llegar al poder,
no nos debe extrañar, capaz que ésto este dentro de los
famosos pactos de finales de los ochenta y comienzos de
los noventa.
Saludos.