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El futuro de Chile: “Al tres y al cuatro”

En el siguiente artículo, entregaré algunos antecedentes que no he escuchado ni leído cuando se intenta explicar la insuficiente apropiación de los contenidos curriculares en la educación municipal y subvencionada: especialmente cuando se teoriza al ver los pésimos e inequitativos resultados que entregan los instrumentos que miden la calidad de la educación en Chile. Sondearemos la flexibilización del Reglamento de Evaluación y Promoción Escolar, cuerpo legal que “promueve la promoción”  y que da espacios para “recomendaciones” de la Provincial de Educación: bastan algunas “observaciones” para establecer una especie de norma consuetudinaria, que a juzgar por la práctica, ha de ser la realidad funcional de la mayoría de los establecimientos municipales y subvencionados del país.

Es frecuente, por ejemplo,  que alumnos con asistencias irregulares al establecimiento educacional – a excepción de aquellos que presentan  problemas de salud (lógicamente  justificable)- sean promovidos a pesar de las lagunas manifiestas durante el año escolar. Reconocemos, eso sí, la necesidad de que el reglamento sea aún más flexible, especialmente cuando el educando atraviesa problemas familiares y/o personales para los cuales no existe ningún tipo de certificado médico. No obstante, es injustificable que los niños dejen de ir al colegio por el solo hecho de no querer ir, dejando en evidencia la ilegalidad, irresponsabilidad, falta de autoridad y criterio de los padres que permiten tal situación, y  lo que es peor,  el respaldo tras esto que otorga la Provincial de Educación, relativizando el Decreto Supremo de Educación nº 40, articulo 10, que contempla una inminente  reprobación en caso de una asistencia inferior al 85%, que malamente se cumple.

Una segunda variable, no considerada por los teóricos que intentan explicar la mediocre apropiación de contenidos  mínimos obligatorios establecidos por el Ministerio de Educación, es el caso de  estudiantes que aún teniendo calificaciones insuficientes en Lenguaje y Matemáticas -no por falta de capacidad intelectual precisamente-  son favorecidos con la  promoción de curso por sus “buenas” calificaciones en asignaturas de menor exigencia intelectual, como son las asignaturas del área artística y deportiva: en cuanto al Reglamento Promoción y Evaluación el artículo 11, inciso 1, letra B) y C),   establece lo siguiente: “Serán promovidos alumnos de 2º, 3º 4º hasta 8º básico  que no hubiesen aprobado un subsector , asignatura o actividad de aprendizaje, siempre que su nivel general de logro corresponda a un promedio 45 o superior, incluyendo el no aprobado” ; peor aún, establece que “Igualmente serán promovidos los alumnos de los mismos cursos que no hubiesen aprobado dos subsectores, asignaturas o actividades de aprendizaje, siempre que su nivel de logro corresponda a un promedio 50 o superior, incluyendo los no aprobados”.

Además, es muy común que  los profesores nos enfrentemos con la siguiente situación a fin de año: un  alumno posee un promedio aritmético final de 38,5, por lo tanto se sugiere “aproximarlo” a 39 y 39 para el Ministerio de Educación es automáticamente un suficiente 4,0 y con 4,0 se aprueba la asignatura. La única explicación que recibimos los docentes al demostrar desacato: “No se saca nada con hacer caso omiso a esta disposición ya que la Provincial de Educación interfiere y al final el alumno es promovido”. Así, irrisoriamente, el Decreto de Promoción, más que eso, se transforma en un catálogo de magia, en donde se señala a las autoridades de un colegio como entrenar a los docentes a seguir tal manual al pie de la letra que hace desaparecer los tres y que mágicamente los reemplaza  por un reluciente 40. Señor docente, si usted “se equivocó” siendo consecuente con sus valores de justicia, no se preocupe, no hay nada que el corrector no pueda enmendar “ ya que el 38,5, es 39 y el 39 es un 40”.

Así, cada fin de año, se hace felices a muchos niños, cuya principal virtud no es precisamente el esfuerzo, y a muchos apoderados ausentes, que aparentan  profunda preocupación al solicitar consideración de los profesores con sus hijos, rogando por trabajos especiales para “subir la nota”, calculando hasta la ultima milésima  para que el niño (a) “no quede pegado (a)”. Pero lejos  del alumno perezoso y la madre dispuesta a apelar hasta las ultimas consecuencias por una causa indefendible, el más satisfecho con todo esto, lejos es el gobierno, que por comodidad y convencionalismo insiste en perpetuar una de las tantas irregularidades relacionadas con educación en “beneficio de la economía nacional” (consideremos que un niño reprobado significa “más gasto” para el Estado por concepto de subvención) y en desmedro de mejorar la calidad educacional.

Esta serie de situaciones escandalosamente permisivas, avalados en decretos señalados en la Ley Orgánica de Educación (LOCE), se olvidan que las  personas, que es lo que estamos formando, necesitan desenvolverse en un mundo que exige competencias, por lo que, personalmente, siento mucha impotencia en observar como año tras año se promueve a alumnos de esta manera, y los colegios no poseen ninguna facultad para pasar por alto esta normativa, ya que  la Provincial de Educación  hace la observación, en términos de exigencia a los directores de los establecimientos, que estos alumnos deben ser pasados de curso, aun cuando sea “ a la arrastra”.

¿No será que muchos tienen miedo de que se vean truncados sus privilegios? Nos olvidamos de un punto clave: la educación es el único medio de movilidad social, mediante el cual la persona se hace consciente de sus derechos y por lo tanto posee armas- en términos de argumentos bien fundamentados- para defenderse de los abusos del sistema hacia ellos. Según lo anterior, todo indica que  ha venido sucediendo la siguiente situación: Chile cumple, cumple con las estadísticas: nuestro país posee uno de los porcentajes de analfabetismo más insignificantes de nuestro continente y proyecta la sensación de que cumplimos con el deber de entregar escolaridad a nuestros ciudadanos. Sobre eso no hay nada que decir. La pregunta que surge es la siguiente: ¿se cumple realmente con entregar una educación formal de calidad que garantice la movilidad social y la constitución de ciudadanos conscientes y activos en la esfera política pública? ¿Se constituye la educación formal en sí misma en una oportunidad real que propenda a la igualdad social desde la cuna?. Sobre lo último hay mucho que decir.  No obstante, tenemos la sensación de que quieren dejar todo como está, así se puede gobernar mejor (poca democracia genera gobernabilidad). Sigamos entregando mano de obra rápida y barata al mercado. Para qué “crear problemas”.

Paulina Fernández Bravo.

Profesora.

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4 comentarios para “El futuro de Chile: “Al tres y al cuatro””

  1. andres comentó el 26 de Agosto, 2008 a las 9:46 am

    Ahora me podrian explicar la diferencia entre un 3.0 y un 4.0 de puntuación..El niño de promedio 3,0 es más malo o tiene menores habilidades que un niño de promedio 4.0?. Me hago la pregunta pensando que si esto lo llevamos a lo salarial. significara que un obrero jornal debe segur ganando el misero sueldo que recibe, pues tiene menores capacidades intelegenciales que un administrativo hombre que se lo pasa todo el día en ua oficina y que su sueldo le permite acceder al distinguido cuadro de la distinguida “clase media”?
    Nos queda por avanzar y no es que estamos formando, niños o jovenes que necesitan desenvolverse en un mundo que exige las malditas “competencias” que se apelan en este articulo. No señores. esos niños y esos jovenes le son necesarios a este grupo de mercenarios empresarios que necesitan esclavos de esa categoria: “competentes y pro-activos”. El verdadero maestro debe formar a niños y jovenes que transformen esta situación y este dificil panorama, que nosotros viejos sabelotodo, hemos sabido destruirles sin siquiera hacernos cargo de tan magna catastrfe que les heredaremos.
    Saludos

  2. Don Patricio comentó el 26 de Agosto, 2008 a las 3:11 pm

    La manera en que se opera con la nota permite más comentarios.Por ejemplo: Si da cuenta del grado de objetivo alcanzado, es una responsabilidad compartida por todos los educadores, ( formales,naturales, reflejos) y no sólo del alumno. Si un alumno obtiene un 5, habría que explicar por qué no tiene un 7 y trabajar hasta que lo obtenga. No todos los alumnos aprenden de la misma manera y a la misma velocidad y ¿quién se preocupa de esto.?

  3. José Luis comentó el 27 de Agosto, 2008 a las 3:26 pm

    Todo se puede evaluar si se establecen variables. La evaluación, a su vez, debe poseer una validez y una confiabilidad centrada en el aprendizaje. Dicho eso digo:

    Si profesor establece como variables la comprensión de un texto escrito, la extracción de la idea principal y la capacidad de emitir una opinión argumentada sobre lo leído.

    Si ese mismo profesor no cuenta en el establecimiento con profesionales que ayuden en el proceso de enseñanza-aprendizaje al porcentaje de estudiantes que necesitan un respaldo diferencial, sicológico o social, e incluso para quines necesitan un tratamiento por su incipiente consumo e drogas.

    Consideremos, que el profesor trabaja 44 horas y que casi todas son en aula o lectivas.

    Que además lo hace en dos colegios.

    Consideremos que el instrumento de evaluación está diseñado en un nivel inicial.

    Sumemos a eso una nota, casi por cumplir de 60 y 70 para todos los estudiantes.

    Que además son coeficiente dos, porque el profesor debía cumplir con sus notas a fin de semestre.

    A fin de año,todos son felices, el profesor, el estudiante, los papás, el colegio, el ministerio.

    Conclusión 1: los estudiantes egresaron de enseñanza media comprendiendo un texto escrito de nivel inicial.

    Conclusión 2: egresan estudiantes que no solo son mano de obra barata, sino que personas con menos oportunidades para desarrollar su proyecto de vida o para romper el círculo de la pobreza.

    Conclusión 3: las competencias no sólo deben estar orientadas a los contenidos curriculares (aunque las matemáticas y el desarrollo de habilidades de comprensión lectora tienen que ver más con la dignidad y con el desenvolvimiento en la vida privada y pública, evidencia que queda muy clara en Educación de Adultos) sino que también al desarrollo de habilidades emocionales, cognitivas e intelectuales.

    Conclusión 4: la evaluación nunca estuvo centrada en el aprendizaje.

  4. jorgediazarroyo comentó el 27 de Agosto, 2008 a las 8:33 pm

    La nota o evaluación es un instrumento, no un fin. Es por tanto una herramienta o indicador que debe ser bien utilizada y también bien entendida. Para eso el profesor necesita poder, poder de gestión: tiempo, recursos, autonomía (aunque fiscalizada) para explorar y aplicar procedimientos, estrategias y metodologías, confort incluso, para desarrollar su tarea. Esto no se va a poder hacer mientras a quienes le competa, no comiencen a hacer las cosas en serio. De partida, meter plata; de partida, exigir que todos los alumnos aprendan (para eso va a haber plata y profesores competentes); de partida, dar capacidad de gestión (así como a los profesores, al Director, que en verdad no dirige nada -autonomía para EL contratar y DESPEDIR profesores en haras de la observación de su desempeño, el logro de metas, la visión e ideario de gestión educativa del establecimiento (esta implica que a su vez el director está también sujeto a evaluación y pueda ser removido -no enviado a la oficina de administración municipal, REMOVIDO-. dejemos de b¡vernod la suerte entre gitanos y engañarnos con excusas manidas y de cuarto enjuague. Hay que flexivilizar el estatuto docente para permitir la salida de profesores mediocres. Es una verguenza al gremio del que soy parte que sea así. Pero también debe haber una buena evaluación, y no ese “paquete” que es la actual (ver por favor sin prejuicio lo siguiente http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2008/08/26/de-esto-y-aquello.asp ).
    Resumiendo, estoy plenamente de acuerdo con la articulista y el comentario de Jose Luis. Los niños se merecen que hagamos las cosas bien. En nombre de ellos, demosle de una buena vez… en serio.

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