6 cuotas o economía de la infamia

La ocasión era especial, sumamente especial, significaba mi primera compra/congelador, por fin, podría preservar alimentos más allá del periodo dictatorial de la putrefacción citadina.
Todo un evento la llegada del refrigerador nuevo a casa.
El lugar, Líder Express de Huérfanos, Santiago centro. Calor, demasiado calor, bordeando los 35 Celsius.
Introduzco, feliz, en mi canasta azul productos fascinantes, frescos y perdurables. Mi imaginación celebra un suculento banquete a 7 días plazo. La economía del hogar en fiesta, se acabaron las compras cortoplacistas, mezquinas y erráticas. Finalmente podré traer pescado a casa y cocinar, pausadamente, cuando la ocasión amerite.
Nunca más, apetitosas lentejas por 4 jornadas consecutivas.
Al llegar a zona de cajas, una situación incómoda.
Un hombre de edad cercana a mi padre, adquiere una gaseosa individual, unos cuantos tomates y algo de pan, al cancelar presenta sus inequívocas credenciales; tarjeta bancaria y cédula de identidad, todo por un costo de 1.496 pesos. La chica, nada sorprendida, consulta, en baja voz, si cancelará en cuotas. Ante la omisión del cliente alza la voz y repite: “Señor desea realizar su compra en cómodas cuotas”, “Claro, ¿cuántas pueden ser?”, “de 3 a 24 señor”, “perfecto!!!, quiero 6”, y cierran una absurda transacción, con lenguaje elevado, y cifras paupérrimas, y bajan la mirada, como a quien nada altera, como a quien nada incomoda, y el se va, con una bolsa mísera, angustiado de no sentir angustia, y ella, indolente, deposita el vale en una caja metálica, que solo suma.
Y el medita, y el no entiende, solo evade, solo vive.


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José Luis Guajardo Valencia comentó el 6 de Setiembre, 2008 a las 10:38 amRecuerdo una experiencia con Líder en mis tiempos universitarios, me ví obligado a sacar la tarjeta “presto” para hacer unas compras vitales. Pero resulta que conjuntamente con mi solicitud, la empresa establecía como prerequisito contratar un seguro y firmar otros papeles. Pues bien, obtenida mi tarjeta decidí comprar lo que necesitaba: $10.000 aproximadamente en mercaderías. Diez mil pesos que estaba seguro pagaría a fin de mes sin ningún inconveniente.
La sorpresa: llegó fin de mes y debía más de $20.000. Pero como sólo tenía 15.000 tuve que solicitar pagar en dos cuotas. Finalmente tuve que pagar $25.000. El punto era que el mentado seguro valía como 3.000 lucrecias y además se debía pagar por la mantención de la tarjeta, eso aparte del interés usurero.
Al siguiente mes me conseguí lo que faltaba y cerré la cuenta. Debo reconocer que sentí un extraño placer cuando la niña que atendía la cortó con una tijera en dos partes.
No obstante, en esa oficina del Líder había una tremenda fila de personas que iban a re-pactar sus deudas: personas verdaderamente en situación de pobreza muy afligidas por sus deudas.
Pero tengo un caso absolutamente distinto. En Viña del Mar (Miraflores) se instaló hace como 5 años un Lider Vecino. La situación fue que casi toda la población sacó tarjeta, evidentemente entusismados por los ejecutivos que incluso iban a sus hogares a ofrecerla. En una semana casi todos llegaban con bolsas repletas de productos, la mayoría eran personas muy pobres que uno sabía que no eran solventes.
Y pasó el tiempo y nadie pagó. Incluso recuerdo a cobradores repelidos con rosarios bastante poco académicos. Conversé ese tema con un amigo quién acuño el concepto de justicia divina popular.
Salvador-Nueva Democracia comentó el 8 de Setiembre, 2008 a las 4:06 pmQuien no entienda el por qué tanta difusión de las tarjetas de crédito en nuestro país, es porque no conoce ni una línea en que consiste el neoliberalismo económico o también conocido como sistema de Libre Mercado.
El sistema está basado en el endeudamiento de las personas a través de su consumo y de esa manera tienen al cliente cautivo so penas del infierno si no cumple con los pagos de leoninos a que quedan expuestos.
Además, en lo referente al retail, nadie podrá negar que la gente en este país está comiendo, vistiéndose, pagando vivienda y educación de sus hijos gracias a las tarjetas de crédito porque sus ingresos salariales son incapaces de solventar sus gastos diarios. Por otra parte, el Estado mira hacia el lado para no interferir en los negocios del capital privado abandonando a su suerte a los millones de chilenos y chilenas endeudadas a causa del sistema imperante.
Entonces, ¿ que nos queda ? pues, acabar con un modelo económico que atenta contra la dignidad humana y en donde el Estado está actuando en complicidad con los grupos económicos para llevar a cabo semejante infamia contra todo un pueblo.