Las lecciones de Obama

No resulta tan complejo analizar el triunfo de Barack Obama en Estados Unidos. Su oposición estaba profundamente debilitada. La popularidad de George W. Bush bordeaba el 30 por ciento, es decir, de un sin sentido polÃtico que evidentemente perjudicaba más que ayudaba mediáticamente al candidato republicano John McCain. Por lo mismo prefirió restarse de la campaña y dejar que la lucha contra el senador de Illinois fuera sin intervencionismo. Y ni aún asà se pudo con Obama. Éste arrasó en los electores y se transformó en el primer presidente negro de los Estados Unidos: un hecho que le cambió el color a la historia.
Dicha situación parece similar a la acontecida en Chile con la elección de Michelle Bachelet. El efecto de asombro y misterio, más la curiosidad e impacto que genera que un individuo no convencional se presente a un altÃsimo cargo público, como el de presidente de la república, provoca una cierta solidaridad electora que puede explicar el fenómeno de Bachelet en Chile y de Obama en EE.UU.
Si la actual Presidenta conmocionó a un universo de votantes por su condición de mujer, Ãtem que romperÃa con la tradición de gobernabilidad machista a través de los años (la igualdad de género fue la base de su campaña), Obama causó una sensación similar por el color de su piel. El poseer condición de afroamericano, provocó en la comunidad estadounidense ese aura de acercamiento y de cambio. Ver en Obama la figura que romperÃa con la desigualdad en gobernabilidad de los blancos por sobre los negros, tal como ocurrirÃa en el caso de Chile orientado a la diferenciación de sexos, es lo que finalmente gatilló el éxito de sus campañas propagandÃsticas.
Aquello explica también los altos Ãndices de votantes. Y es que cuando la ciudadanÃa se ve representada realmente por alguna figura trascendente, ajena a la suciedad polÃtica, es que se genera la motivación para apoyarlo. De ahà la alta votación, de ahà que los excluidos históricos como los negros y latinos hayan realizado el trabajo que hace un par de años atrás parecÃa imposible.
Ante esto, las moralejas que se extraen residen en la forma de hacer una verdadera campaña. Saber entender que un paÃs, motor de la economÃa mundial, cuenta con un universo ciudadano que se vio descontento con la participación cÃvica, hasta ahora, en que el sueño americano parece dejar de ser un sueño.
Obama jugó el partido más importante de la historia, y lo ganó y por goleada. Logró que figuras enemigas declaras del paÃs del norte flexibilizaran sus discursos e incluso cedieran ante la posibilidad de poder reestablecer negociaciones o relaciones con las naciones enemigas. Asà lo planteó Hugo Chávez, Rafael Correa y otros que ven en Obama el cambio y la esperanza, cargado de una justicia social desde la base, desde la gente, con quien se encargó de hacer campaña desde que comenzó esta larga y dura carrera presidencial. Quizás la Casa Blanca seguirá llamándose asÃ, pero quien la dirige desde ahora sentirá con orgullo que su tez contrasta con el tono del palacio de gobierno más famoso del mundo.
Y qué importa. Obama ya no sueña ese sueño americano, lo vive.
Por Julio Sánchez Agurto






Victor Beltrán comentó el 7 de Noviembre, 2008 a las 7:22 amYo no celebrarÃa antes de tiempo con Obama, ya que primero debe, sin lugar a dudas, probar que es distinto a los demás presindentes demócratas que han gobernado en EE.UU. Por lo que creo, este señor tiene que retirar las tropas de Irak, quitar el bloqueo económico a Cuba y detener la carrera armamentista de su paÃs, como primeras medidas. Se me quedaba, no regalarle miles de millones de dolares a las instituciones financieras.
Saludos,

Adolfo comentó el 9 de Noviembre, 2008 a las 9:22 amMi opinion no difiere en demasia con la de Victor.