Esperanza

Por Jorge Lanata
El destacado periodista argentino escribe sobre las esperanzas que despertó Barack Obama en los norteamericanos.
Lo primero que escuché fue que no era tan negro.
–No es tan negro… –como si la negritud fuera prueba de algo.
Después vi por la televisión su discurso de Chicago. Y el video en YouTube fue lo que me hizo emocionar: Will.i.am y la música de Black Eyed Peas en un rap con Scarlett Johansson, Herbie Hancock, Eric Olsen, John Legend, Jesse Dylan y otros treinta y dos personajes diciendo “Yes, we can”.
–Estos yanquis son increíbles, eh. Saben cómo vender a un tipo…
Y ahí estaba yo, frente a la computadora, hipnotizado como si en la pantalla estuvieran pasando Lo que el viento se llevó. Los inventores de Hollywood tratando de venderme esperanza. Nadie podría hacerlo mejor (solamente, quizá, el Vaticano, la otra formidable fábrica de sueños). Leí a analistas políticos, intelectuales, banqueros, pseudofilósofos –todos los que ahora opinan sobre hechos consumados– diciendo que quizá, que jamás, que era ésta la reformulación del sueño americano, que el imperialismo volvía a atacar, que llegaría tan condicionado que nunca, que tal vez, que al final.
Me encontré una noche en el teatro, pasando el tape de Black Eyed Peas:
–No quiero que lo vean por una razón política sino humana. Creo que alguna vez tenemos que empezar a combatir el cinismo. Tanto cinismo nos oxida el alma, y lo que van a ver tiene la fuerza de la ingenuidad. “Yes, we can”. Parece un cándido aviso de Cola-Cola. Yes, we can. ¿Y si nos miente? ¿Y si el cínico es él, ese que ni siquiera es tan negro? Poco importa, porque el cambio se logró en nosotros: somos menos cínicos, recuperamos nuestra posibilidad de creer en algo, podemos intentarlo otra vez.
Escribo estas líneas en nuestro puto y querido país en el que las palabras han perdido el sentido; fueron vaciadas, gastadas, saben a chicle viejo y seco. País de eufemismos, de frases hechas, de silencios cómplices. Leo, acá, que él dice allá: “Tenemos más riqueza que nadie, pero eso no nos hace ricos. Tenemos las mayores fuerzas armadas sobre la Tierra, pero eso no es lo que nos hace fuertes. Nuestras universidades y nuestra cultura son la envidia del mundo, pero no es por eso que el mundo se acerca a nosotros. Es el espíritu americano, esa promesa americana que nos empuja cuando el camino se hace incierto. Esa promesa constituye nuestra mayor herencia”. Lo leo y me emociona esa épica que, en otro rincón de mi cabeza, sé mentira. Pero sé también que es imposible construir un país sin ella. Ésa es la mentira que hace posible a Nueva York, aquella ciudad donde todos se duermen pensando que mañana será el gran día, y quizá mañana nunca llega, pero vuelven a dormirse soñando en eso. Esta mañana, dos o tres o más millones de personas soportarán en las calles de Washington cinco o seis grados bajo cero sintiéndose parte de la historia. La Historia, después, verá qué hace con su camino, si abrirá o no sus puertas.
El tipo les dijo: “Durante meses hemos sido objeto de risas, incluso de burlas, por hablar de esperanza. Pero siempre hemos sabido que la esperanza no es el optimismo ciego. La esperanza es lo que vi en los ojos de una joven de Cedar Rapids que trabaja en el turno noche tras todo un día en la universidad y que a pesar de ello no puede permitirse pagar la asistencia sanitaria para una hermana que está enferma; una joven que sigue creyendo que este país le dará la oportunidad de realizar sus sueños.(…) La esperanza es lo que llevó a una banda de colonos a levantarse contra un gran imperio (…), lo que condujo a hombres y mujeres jóvenes a sentarse en comedores de los que estaban excluidos por su color (…) La esperanza es lo que me ha conducido hasta aquí, con un padre de Kenia y una madre de Kansas, la creencia de que nuestro destino no será escrito para nosotros sino por nosotros”.
Ellos, los tres o cuatro millones que se frotan las manos para combatir el frío, el 53% de los americanos que lo votó, el 79% que lo apoya, son esta mañana mejores que ayer: volvieron a tener esperanza. Este tipo no tan negro la despertó. Ojalá pueda mantenerla.
Jorge Lanata
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David Valencia Martínez comentó el 21 de Enero, 2009 a las 5:27 amPara los yankees, atemorizados ante la perspectiva de ver como ese modo de vida despilfarrador, que llevaban por décadas, en la hora actual amenaza con esfumarse; es desde ahí que la esperanza los atenaza ¿ en que tienen puesta su esperanza ?, ¿ en recuperar esa orgía de derroche al que tan acostumbrados estaban ?.
No nos olvidemos de una cosa el ciudadano yankee, no ha tenido la oportunidad porque no se la a dado a causa de que se compró y lo tiene sumamente internalizado esto del SUEÑO AMERICANO; digo la oportunidad de que su conciencia se abra a que EL es parte y no totalidad e individualidad ( de ahí estos personajes onda SUPERMAN ). No es que este en contra del individuo ni que quiera anularlo, pero no nos olvidemos que como individuos, eso que llamamos ego, nos hace anteponer mis intereses incluso hasta el extremo, en perjuicio de la comunidad humana y a la postre y sin darse cuenta hasta perjuicio para el mismo ( esto de manera visible por ejemplo: en el cambio climático ).
El desarrollo humano ¿? se ha abordado sin el más mínimo respeto ni al otro que comparte mi misma naturaleza ni al entorno del cual somos parte integrante y no aparte, por tanto susceptibles de las consecuencias buenas o malas. Bien podríamos atender a la manera como se desenvuelven los pueblos índigenas.

Marta Lovera comentó el 23 de Enero, 2009 a las 12:48 pmSi,creo que la esperanza es lo último que se pierde,también tengo esperanzas que algúna persona,alguien,que no sea de esos políticos que se repiten porque sin el poder no son nadie,personas que nos entreguen por lo menos un mensaje de esperanza, esperanza centrada en los derechos humanos,derecho a que nos consulten antes de entregar si coviene explotar riquezas,derecho a tener una educación de verdadera calidad,derecho a tener más hospitales bien equipados y no tantos estadios,derecho a ser dueños de nuestras aguas, y muchos derechos…
gracias,Marta Lovera