El ahora de Chile

Entre los talentos más preciados de un político se cuenta su sentido de la oportunidad, intuir cuál es el camino adecuado en el tiempo que le toca vivir. Todo “ahora” es siempre el vértice de un cono temporal que se expande hacia el “porvenir”, esto es, el horizonte de lo posible. El presente y el futuro establecen relaciones de tiempo, pero el “ahora” y el “porvenir”, establecen relaciones históricas y políticas en que se pone en juego la subjetividad humana: los sueños, los anhelos, así como las fuerzas e intereses en tensión. Pensar, pues, el “ahora” de Chile como punto inaugural, exige y supone reclamar un “porvenir” posible para nuestro país.
El Chile de hoy no es para nada casual y responde, qué duda cabe, a un “otrora” en que fue concebido. Vivimos todavía las secuelas de aquello que se denominó cínicamente “guerra interna”, cuyas aristas ya conocemos. Así, se estableció en el país una forma de dominación autoritaria que se expresa hasta nuestros días en todos los terrenos de la vida social. Es cierto, empero, que con el advenimiento de formas democráticas de baja intensidad se han restituido algunos derechos elementales y se ha entrado en una fase fría de dominación.
Es interesante destacar cómo el pensamiento de derechas ha logrado pensar la realidad social disociando lo político de lo económico y lo cultural, mientras otros sectores siguen amarrados a concepciones totalizadoras que le impiden actuar con eficacia y eficiencia en el plano político. De este modo, se explica por ejemplo cómo ha sido posible transitar desde una oprobiosa dictadura hacia una democracia débil, manteniendo inalterado el orden neoliberal que preside el diseño matriz. Esta ha sido la situación desde hace ya casi dos décadas y se ha traducido en una hegemonía concertacionista.
En los hechos, la situación de Chile ha estado marcada por dos bloques políticos que reeditan en cada acto electoral aquella oposición germinal entre un “Sí” y un “No”. Tal oposición exteriorizó la conformación de fuerzas sociales confrontadas hacia fines de la década de los ochenta y su reedición sólo da cuenta de la estabilidad de tales fuerzas. En los últimos años se detectan una serie de indicios que indican un debilitamiento del equilibrio que ha caracterizado los años recientes.
El cambio en la configuración de las fuerzas en tensión obedece tanto a dinámicas sociales y culturales internas como a factores externos. Entre los primeros, destaquemos la expansión de una sociedad de consumo que impone un imaginario social, a través de la publicidad, el marketing y los medios de comunicación globalizados, que se aleja progresivamente de nociones tradicionales de ciudadanía y republicanismo, sustituyéndolo más bien por sujetos consumidores proclives al hedonismo individualista, chauvinistas y, en el límite, xenófobos.
Esto se percibe como una “derechización” de las nuevas generaciones, término equívoco pues resulta difícil adscribir categorías ideológicas a comportamientos de consumo. Entre los factores externos, el más importante es la actual crisis económica mundial que ha deslegitimado a nivel planetario el dogma neoliberal. Toda crisis, como se suele decir, es al mismo tiempo una oportunidad. En este sentido, el ahora de Chile está preñado de nuevos horizontes.
Desde el punto de vista de las “fuerzas progresistas”, el propósito no podría ser sino restituir la preeminencia de lo político sobre el orden tecno-económico bajo la forma de una profundización de la democracia. Es claro que tal empresa sólo es viable conformando una nueva ecuación de fuerzas sociales para avanzar en un “ahora” que sea el origen de un nuevo “porvenir”. Se trata de actuar hoy modificando sustancialmente el diseño histórico social cristalizado, por ejemplo, en la Carta Magna que nos rige y que delimita las características del Estado.
Pensar el “ahora” nos previene de tres perversiones políticas peligrosas. La primera, las conquistas democráticas deben estar en una relación estrecha y concreta con la “vida cotidiana” de las mayorías, no se trata de inciertas promesas. La segunda perversión es creer que la absoluta negación del presente nos abre las edénicas puertas del mañana. De esta manera, creer que frente al neoliberalismo sólo cabe un estatismo extremo no sólo es ingenuo sino de una estolidez sin límites. Por último, hay una tercera perversión que ya apuntó el mismo Marx y es la creencia de que los cambios se imponen por “décret du peuple”, olvidando que no hay recetas ni dogmas sectarios sino, por el contrario, dar rienda suelta a la libertad para la creación de una sociedad más justa.
Álvaro Cuadra






JavierVillalobos comentó el 21 de Enero, 2009 a las 2:01 pm¿Tenemos conciencia de pensar en el “ahora”?. Publicitariamente, nos educan a no pensar en el ahora, sino más bien a actuar sin pensar en el ahora. Y mientras vivimos el ahora, olvidándonos del pasado y delegandole el futuro a otros, estos otros planifican la sobrevivencia de ellos y sus descendientes, donde la primera táctica es, precisamente, mantener a la mayoría distraída, preocupada, estresada, insegura. Cada concepto que logres infundir en alguien te abre un negocio lucrativo. Así funcionamos, heredamos la preocupación por un “vivir mejor” sustentado en un buen pasar, con holgura económica. Que nos podamos dar gustos, “comer bien”, ser “bien atendido”, ¿tener sirvientes?, movernos independientemente, poder pagar para asegurar nuestros derechos a través de un buen abogado, reirnos con el Kike Morandé para olvidarnos de por qué llegamos cansados a casa.
¿Y el Estado?. Mientras algunos delegamos en el estado la culpa de todos nuestros males, otros nos refriegan por los medios lo incompetentes que son, sin informarnos que la misma ley los hace incompetentes. Quizás no queremos ver que hace rato que no somos una nación, sino que un montón de realidades diversas sujetas a comportarse de acuerdo a un montón de leyes que ni entendemos, ni leemos, pero que acatamos cuando un uniformado armado nos lo dice. La centralización terminó por ningüinear a más de la mitad de quienes nacen chilenos, dejandolos a la interperie de las transnacionales que arrazan con el medio ambiente, automatizan procesos porque el ser humano es caro, empujando poco a poco a los 15 millones a una sola región en busca de trabajo. No somos una nación, nos destruyeron hace mucho, desde la Logia Lautarina, desde la deuda con Inglaterra por la Escuadra Libertadora del Perú… nos invadieron genes españoles, y avergonzados de ser mestizos, pintamos ese concepto con el nombre de “chileno”.
Somos víctimas de nuestra historia… que nunca construímos, la construyeron con nosotros, para su beneficio, para sus intereses… somos ganado.

David Valencia Martínez comentó el 21 de Enero, 2009 a las 5:15 pmEl cuadro que nos pinta Javier no deja de ser pesimista, cuanto más que el proceso potenciado desde la dictadura en adelante, no ha sido otro que el permanente destruir el sentido de unidad, de sociedad de los habitantes que ocupamos esta porción de tierra llamada Chile. Creo que la estrategia suprema desde el Estado, ha sido por provocar al extremo la individuación de los que vivimos por estos pagos. Un caso para ejemplificar lo que digo es: que desde el estado y su tramado jurídico no se acepta, no se reconoce que un pueblo como el mapuche, no tengan la tenencia de la tierra como propiedad privada, sino que para ellos es de uso comunitario o colectivo.
Nosotros los winkas, estamos traspasados hasta la médula por esas concepciones llegadas desde la Europa colonialista. ¿ Quienes nos gobiernan ?, ¿ a quienes les damos el voto ?, justamente a esos que miran y ponen como ejemplo a los europeos y a los gringos, alumnos aventajados de los primeros. La cosa por cierto se ve difícil, por un lado porque nosotros mismos hemos crecido con esas concepciones, y estamos huérfanos de otras miradas que no sea la occidental de corte europeo, de otro lado, los que tienen la manija ya sea empresarios, gobierno, agentes culturales, etc. no están para nada dispuestos a que el statu quo se modifique, por razones obvias.