Farmacultivos: Medicamentos en la comida

En varias regiones ya hay siembras con cultivos transgénicos farmacéuticos. Poco se informa sobre ellos y sus consecuencias para la salud humana. Pero la agricultura nacional nunca volverá a ser la misma por su causa.
Chile ocupa el sexto lugar en el mundo como país exportador de semillas. Cada año hay ganancias por US$ 218 millones. Por eso casi todas las empresas transgénicas internacionales están presentes en nuestro país. Hace más de una década que se introdujeron por la puerta trasera. Y la gente empieza a comprender qué son estos misteriosos alimentos, modificados genéticamente para obtener características ajenas a las especies originales.
Como explica la bióloga María Isabel Manzur (Phd) “pueden generarse frutillas con genes de murciélagos” o, si prefiere, vacas con genes humanos para tomar leche transgénica.
Pero la mayoría de las modificaciones genéticas se hacen para que las especies sean resistentes a pesticidas específicos… los mismos que las empresas venden como un verdadero paquete biotecnológico: junto con las semillas transgénicas el agricultor compra el pesticida.
Este nuevo siglo observa cómo otro negocio sin ética se impone. Las compañías producen farmacultivos o cultivos transgénicos farmacéuticos: especies manipuladas genéticamente para obtener substancias farmacéuticas.
Según María Isabel, quien coordina la Red por un Chile Libre de Transgénicos, hasta ahora las compañías pequeñas corren los riesgos económicos y legales, mientras los grandes consorcios aguardan a la expectativa. Por ejemplo, hoy existe arroz con lipasa gástrica de perro o con albúmina de suero humana; plantaciones de cártamo (falso azafrán) con proteína VIH (para el tratamiento del SIDA); cártamo con insulina para la diabetes, etc.
FALSEDAD TRANSGÉNICA
La biotecnología los promueve como la panacea. Afirma que son la solución al problema del hambre mundial. Los medios de comunicación también dan rienda suelta a la imaginación. Asustan con las imágenes de un planeta inundado y destruido por el cambio climático. Es la última moda de los documentales “gringos”.
¿Y cuál sería la solución a la catástrofe?: Los biocombustibles, energía atómica y, por supuesto, alimentos transgénicos. Será un futuro mundo feliz, con energía “limpia y no contaminante”…dicen.
Pero ese arriesgado juego (para muchos sólo una grotesca parodia de la naturaleza) trae consecuencias devastadoras para miles de consumidores y agricultores convencionales u orgánicos, a lo ancho del planeta.
Porque si una plantación de maíz transgénico está cerca de otro común, el polen transgénico viajará por el aire y contaminará el campo normal, que se transforma en una plantación modificada genéticamente, sin que nadie sospeche. Como afirma el dirigente y agricultor Josep Pámies, del movimiento “Slow Food”, de España, “el desastre ecológico provocado por las semillas transgénicas contamina miles de especies y vegetales que los labradores desde siempre podíamos reproducir sin coste” (La Locura de las Manipulaciones Genéticas).
VIDAS SIN VALOR
Pámies también denuncia la situación de los campesinos en la India, donde cada año 20 mil personas se suicidan debido a malas cosechas con semillas transgénicas. Sumidos en la miseria y desesperados a causa de sus deudas con las empresas transgénicas ya no quieren vivir. “El instrumento para suicidarse es un trago del pesticida que antes no les hacía falta utilizar y que ahora tampoco pueden pagar…”, describe Josep Pámies.
En el mundo, cada vez más investigaciones independientes detectan serias alteraciones en la salud humana a causa de estos productos. Por ejemplo, en Estados Unidos e Inglaterra la población que vive cerca de plantaciones transgénicas sufre problemas respiratorios y alérgicos de carácter crónico.
En 2004 se reportó que el total de los habitantes del pueblo de Mindanao (Filipinas), sufría intensas alergias con dificultades respiratorias, intestinales, reacciones a la piel y fiebre cuando aumentaba el polen de maíz en el aire. Alrededor del poblado había plantaciones de maíz transgénico. Al tomarse muestras de sangre a la comunidad, se descubrió que la reacción alérgica fue a causa de una toxina llamada Bt (Bacillo Thuriengiensis), propia de esa variedad de maíz transgénico.
EL TURNO DE LOS FARMACULTIVOS
En el cultivo farmacéutico el proceso o la “transgénesis” se aplica para producir substancias antibióticas. María Isabel Manzur explica que, por ejemplo, existen zanahorias con vacunas para la malaria: “Te comes la zanahoria o una papa y tienes la vacuna”.
Cuando crecen farmacultivos en un campo, a menudo hay contaminación hacia tierras aledañas, incluso contra otras especies vegetales. “Alguien podría robar un maíz farmacéutico y comer algo que está lleno de substancias como anticoagulantes, abortivas, enzimas para la digestión”, explica la investigadora. Debido a la contaminación aérea hacia otros cultivos, “la gente sana va a empezar a consumir antibióticos sin saberlo. Eso es gravísimo”, dvierte.
Es muy fácil que ingresen animales a comer las hojas; si llueve, el agua podría contaminarse con substancias antibióticas y una vaca que coma en alguna plantación ingerirá las substancias antibióticas y las podrá traspasar a los seres humanos a través de los lácteos o la carne.
Por esas razones a las compañías les es difícil continuar en Europa o Estados Unidos. Isabel Manzur comenta que la empresa Ventria Biosciences “quiso plantar su arroz farmacéutico en Estados Unidos pero los productores locales de arroz se opusieron”.
En Chile, según Flavia Liberona, bióloga y directora ejecutiva de Fundación Terram, entre 1997 y 2005 se sembraron cultivos farmacéuticos en varias regiones: la IV, RM, VI y VIII. María Isabel Manzur agrega a la lista de Terram la Novena Región.
En total, el gobierno autorizó 75,7 hectáreas sin preguntarle a nadie. María Isabel reconoce que, con los transgénicos y los farmacultivos, nuestra agricultura “ya no volverá a ser la misma”.
EXPERIMENTOS CON NIÑOS
En Perú, en 2006 se desató un escándalo al conocerse que el Instituto Especializado de Salud del Niño y el Instituto de Investigación Nutricional en Lima, con el patrocinio de la empresa estadounidense Ventria Biosciences, hicieron experimentos en bebés de meses, con drogas derivadas de arroz transgénico famacéutico.
El diario La Jornada de dicho país, afirma que “ningún fármaco producido en plantas transgénicas ha sido aprobado para consumo humano. Ahora la empresa, en un cambio de imagen, llama a sus productos alimentos médicos, seguramente para eludir las regulaciones más estrictas en la aprobación de medicamentos” (julio de 2006). El medio advierte que a ese arroz se le agregaron dos proteínas humanas: lactoferrina y la lisozima, ambas presentes en la leche materna, saliva, semen y otros fluidos humanos.
“La producción se hace en arroz, al que se le insertan secuencias sintetizadas de genes humanos responsables de la fabricación de dichas proteínas. Dos de ellas fueron usadas en el estudio con niños peruanos”, agrega La Jornada.
Los afectados fueron 140 menores de cinco meses a 3 años, quienes tenían diarrea aguda y se encontraban hospitalizados en esas instituciones peruanas. La empresa anunció resultados positivos para su producto, obviando el hecho de que utilizó niños peruanos porque en su país están prohibidos esta clase de experimentos.
por Rocío Munizaga
El Ciudadano








veronica carvallo comentó el 11 de Abril, 2009 a las 10:10 amMe parece muy grave que todo lo que concierne al medio ambiente , a nuestro ecosistema , NO TIENE PROTECCION LEGAL EN CHILE.
Me parece sospechoso que aunque se sabe que traerá consecuencias aun no se legisle.
Y por último , creo que legislarán cuando ya no haya que defender o proteger.
Esta manera de proceder es común en nuestro paçis cuando tiene que ver con grandes ganancias y porsupuesto inversiones extranjeras en sociedad con los siempre dueños de Chile, es decir la derecha chilena.
Farmacultivos: Medicamentos en la comida [CHL]…
Este nuevo siglo observa cómo otro negocio sin ética se impone. Las compañías producen farmacultivos o cultivos transgénicos farmacéuticos: especies manipuladas genéticamente para obtener substancias farmacéuticas. Según María Isabel, quien coordina l…

Pedro comentó el 11 de Abril, 2009 a las 2:34 pmmuchas gracias por publicar esto
El tema de Los transgenicos me molesta mas que muchos otros temas por que tiene un impacto directo en mi vida y en la de la mayoria de los humanos
esta confianza de que una multinacional sabe lo que es saludable para tu cuerpo es absurda
Peor es el pensamiento en cual la gente confia en su Govierno cuando les ofrecen vacunas(repletas de Mercurio) gratis como la de Influenza que esta regalando el sacohueva Erazo.
La biotecnologia es peligrosa por que el esta financiada con el proposito no de ayudar al la gente sino el proposito de ganancias.

Sebastián comentó el 11 de Abril, 2009 a las 7:40 pmQUÉ TERRIBLE! Y aún más terrible es que el 99% de la población chilena ignora todo esto…perdida en la tele, anestesiada con la farándula.

Carlos Pilquil comentó el 12 de Abril, 2009 a las 7:47 amY más encima…
Por Antonio Gil / La Nación Domingo
Peso Pluma
Piñera se ha embolsado ya lo que ganan al mes 4.666.666 chilenos
¿Qué piensa hacer Piñera con los 1.400 millones de pesos que acaba de recibir por la venta de su participación en FASA? ¿Los usará en su campaña? Lo dudamos, porque el hombre es un auténtico palo de gallinero.
El poeta romántico portugués Almeida Garret (1799-1854) planteó a comienzos del siglo XIX un dramático acertijo: “Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si han calculado el número de personas que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico”.
Me permitiré parafrasear, sin miramientos, al viejo poeta romántico portugués, reproducido en la última portada de “Punto Final”, para preguntar a los ingenieros comerciales, a los economistas de Chicago, a los chicos listos del grupo Tantauco, a los “pragmáticos” llenos de “ideas nuevas”, al sulfuroso mister Hinzpeter, a los “campeones del cambio”, a los mismos iluminados que trabajaron “un millón de horas” preparando un voluminoso programa de gobierno, a los directores de las cadenas de farmacias coludidas, si han calculado: ¿Cuántos cesantes, cuántos diabéticos, cuántas mujeres desamparadas, cuántos hipertensos, cuántos chilenos endeudados hasta el ombligo, cuántos desesperados, cuánto cabro que camina kilómetros porque no tiene para cargar la puta tarjeta bip!, hacen falta para producir un Piñera? No es un cálculo muy difícil.
El propio Piñera podría hacerlo de una patada siendo, como es, doctor en Economía de la Universidad de Harvard y habiendo publicado, alguna vez, un paper sobre el tema de la esclavitud en Estados Unidos. Es, como ven, amargamente inspiradora la portada de la melancólica revista en cuestión.
¿Felipe Morandé, Felipe Larraín, Juan Andrés Fontaine o Cristián Larroulet, asesores del equipo directo del candidato financista todo terreno, no podrían acaso ayudar a un olvidado poeta portugués a dilucidar su angustiosa interrogante? ¿José Piñera no le podría echar una mano al intrigado bardo? Es cierto que el vate está sumamente muerto, pero la pregunta sigue más viva que el hambre. La fortuna de Piñera se calcula, conservadoramente, en 1.400 millones de dólares.
El sueldo mínimo en Chile es de 300 dólares. Es decir, en este instante, sin considerar que la población está pagada hace ya 12 días y la mayoría está en menos que cero, el candidato Piñera, él sólo, tiene en la faltriquera lo mismo que 4.666.666 chilenos. Es tentador hablar aquí de desproporción vergonzosa, pues no lo haremos.
Las “nuevas ideas” de los humanistas de Tantauco no pasan por ahí, de modo que no vamos a perder el tiempo. La acumulación, a costa de lo que sea, es la única moral que subyace en ese manojo de papeles que les tomó el dichoso millón de horas de trabajo a los genios del candidato todo terreno.
Dan muchas ganas de adjetivar toda esta basura con una escopeta, pero tampoco lo haremos. Nos conformaremos con hacer otra pregunta, algo menos poética que la de Almeida Garret: ¿Qué piensa hacer Piñera con los 1.400 millones de pesos que acaba de recibir por la venta de su participación en FASA? ¿Los usará en su campaña? Lo dudamos, porque el hombre es un auténtico palo de gallinero. Baste recordar que hace un tiempo, en Antofagasta, como gran cosa, regaló 150 kilos de harina a un centro de rehabilitación de drogas. Poco más de tres quintales, cantidad ridícula que hasta un profesor primario o una costurera podrían regalar los primeros días del mes. Rico y avaro, Piñera se lima los dientes esperando que los mismos desdichados y enfermos farmacodependientes arruinados que le han llenado los bolsillos lo lleven en andas al Palacio de Toesca. //LND

rodrigo comentó el 12 de Abril, 2009 a las 11:41 amoye esta noticia es verdaderamente UNA BOMBA.
COMO ES POSIBLE?????¿?¿