Piñera entre las dos derechas latinoamericanas
Durante los últimos años diversos analistas políticos han insistido en la tesis de las dos izquierdas latinoamericanas. Bajo esta caracterización se ha tratado de dividir a los gobiernos progresistas que han asumido una agenda de cambios a diferente escala y gradualidad de acuerdo a su propio contexto nacional. Esta tesis ha quedado muy relativizada por los hechos en el momento crucial que ha representado el golpe de Estado que ha afectado al presidente Manuel Zelaya en Honduras. La clara y unívoca posición del grupo de Río ha permitido que la OEA se haya mantenido firme en la condena del golpismo y la defensa de la legalidad democrática. Más que dos izquierdas lo que ha quedado claro es que no hay dos posturas ante el golpismo y los ataques a la democracia y los Derechos Humanos en América Latina.
Lo que de verdad ha revelado el golpe hondureño es la profunda división que atraviesan las derechas del continente. Por un lado, existe un sector sustantivamente democrático, que ha expresado su condena explícita a la ruptura del orden constitucional y ha promovido el restablecimiento de lasa autoridades legítimas, sin caer en la tentación de reconocer algún tipo de legitimidad directa o indirecta a quienes usurparon el poder. Y por otro lado, ha desnudado que los golpistas de ayer, en buena parte de continente mantienen sus predicamentos antidemocráticos. Se trata por lo tanto, de dos derechas muy diferentes, que conviven en un mismo continente.
En Chile esta división se expresa claramente a nivel nacional y afecta de forma estructural las posibilidades de triunfo electoral del candidato de la Alianza Sebastián Piñera. El sector que representa aparece dividido entre quienes mantienen una posición de intachable coherencia democrática y quienes no tienen empacho en exhibir una adhesión al orden democrático “minimalista” o “procedimental”, por lo que son capaces legitimar el golpismo de forma más o menos soterrada. Se trata de una división transversal entre los dirigentes políticos y es difícil saber a ciencia cierta cual es la posición mayoritaria.
El problema se agudiza porque el vocero oficioso del sector no son los partidos políticos. Para nadie es un misterio que por sobre la UDI o RN siempre va a operar como articulador político y actor definitorio de la línea de la derecha chilena el diario El Mercurio. El peso de un medio de comunicación como este no sería problemático si su postura fuera capaz de aportar al sector político al que adhiere la capacidad de constituir mayorías. Sin embargo, el alineamiento del diario de Agustín Edwards con las posturas más antidemocráticas de la derecha latinoamericana constituye un lastre que impide seriamente a Piñera aspirar a alcanzar el triunfo electoral en las elecciones de Diciembre de 2009.
El diario El Mercurio, promotor activo del golpe de Estado contra Salvador Allende, actuó entre 1973 y 1990 como el articulador político de la derecha chilena ante la ausencia de partidos políticos legales bajo la dictadura pinochetista. El vínculo histórico del diario de Agustín Edwards con ese sector se ha evidenciado de modo estructural en momentos determinantes de estos últimos treinta años, marcando a ese sector político con un rasgo de radicalidad que hace aparecer a la derecha chilena como una de las más autoritarias y antidemocráticas del continente.
La candidatura de Piñera ha tratado de reparar activamente esta imagen, apostando a construir una “Coalición por el Cambio” con sectores desencantados de la Concertación. Para ello no ha escatimado recursos para cambiar la imagen de su sector político. Sin embargo, la postura impresentablemente antidemocrática que exhibe El Mercurio en coyunturas como las vividas por Honduras en esta semana constituye un impedimento estructural que imposibilita ese objetivo. Mientras la enorme mayoría de los chilenos condena de forma clara y contundente el golpe de Estado, independientemente a su valoración del gobierno de Manuel Zelaya, El Mercurio construye un discurso que en nada se diferencia al de los medios de comunicación hondureños que se han alineado de forma acrítica y militante con el gobierno de facto de Roberto Micheletti.
La misma contradicción entre las dos derechas se aprecia en otros temas de actualidad, como la tramitación de Ley que establece el derecho a recibir información y orientación en materia de regulación de la fertilidad, luego que la Contraloría prohibiera la entrega de la píldora del día después en municipios, consultorios, ONG y clínicas. Y en ese miso caso El Mercurio se encarga de cerrar el debate desde las posturas más conservadoras del espectro político.
Estamos ante un perfecto oxímoron. La derecha chilena no puede desvicularse de El Mercurio sin peligro de desfondarse electoralmente. Se trata de lazos políticos y culturales que no puede abandonar. Por otra parte ese vínculo constituye uno de los elementos estructurales que imposibilitan que su candidato pueda llegar a alcanzar una mayoría nacional. Una “contradictio in terminis” que no se ve fácil de solucionar.
Por Álvaro Ramis




