Obama, seis meses

El próximo dÃa 20, Barack Obama cumple sus primeros seis meses en la Casa Blanca. ¿Qué balance se puede establecer, al cabo de este periodo, del conjunto de su polÃtica?
Primera constatación: el nuevo Presidente no ha cometido ningún error grave. Lo cual es primordial si recordamos que John F. Kennedy, por ejemplo, en su primer semestre, se habÃa dejado arrastrar, el 17 de abril de 1961, a la desastrosa invasión de BahÃa de Cochinos, en Cuba. Tampoco se ha visto Obama enfrentado a un acontecimiento violento imprevisto, cuando Ronald Reagan, el 30 de marzo de 1981, ya habÃa sido herido en un atentado. Y a Bill Clinton, el 26 de febrero de 1993, o sea 38 dÃas apenas después de su toma de posesión, le tocó afrontar la tragedia provocada por la explosión, en los sótanos del World Trade Center, en Nueva York, de un camión repleto de explosivos que mató a seis personas e hirió a más de mil.
Segunda anotación: la simpatÃa respecto a Barack Obama se mantiene a un nivel alto. A pesar de que Estados Unidos atraviesa la peor crisis de su historia desde la Gran Depresión de los años 1930, una mayorÃa de estadounidenses -más del 56%- aprueba su gestión. Y según el barómetro ” World Leaders “, Obama se ha convertido en el “dirigente más apreciado del planeta” (1) en términos de popularidad y de influencia.
Tercera observación: el nuevo Presidente ha cumplido sus principales promesas. Sin rechazar en absoluto la economÃa de mercado, ha vuelto a colocar al Estado en el corazón de la vida económica y social (como se pudo apreciar cuando quebró General Motors y el Estado decidió controlar el 72% del capital del nuevo grupo reestucturado). El plan de ayuda a los bancos alcanzó cerca del billón de dólares; el penal de Guantánamo se cerrará en enero de 2010 y los presos serán enviados a paÃses de acogida o juzgados por tribunales estadounidenses; la tortura se ha prohibido; las tropas se retirarán de Irak antes de agosto de 2010; cuatro millones de niños pobres disponen ahora de un seguro de salud financiado por una tasa sobre el tabaco; nueve millones de propietarios de viviendas tienen por fin la posibilidad de renegociar sus hipotecas; la investigación médica sobre las células madre se ha autorizado; el financiamiento público de la planificación familiar se ha restablecido; y se ha lanzado un amplio programa para el desarrollo de energÃas renovables.
En oposición a la ideologización fanática de la diplomacia que practicó George W. Bush, Obama adopta una actitud de no-ideólogo pragmático. Su empeño principal: transmitir un sentimiento de confianza; el de un hombre que mantiene su serenidad a pesar de las presiones y que no se deja desestabilizar. No ha dudado en multiplicar, en diversos frentes diplomáticos, los gestos de conciliación y de apertura; aunque también a veces -contra los piratas de Somalia- de firmeza. Empeñándose siempre en rehabilitar la credibilidad de Estados Unidos y en recuperar la confianza internacional.
Orador fuera de serie, Obama ha ido marcando su amplio programa diplomático con discursos y declaraciones importantes. Por ejemplo, en abril pasado, en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, cuando admitió que la polÃtica de Washington durante 50 años contra Cuba “no funcionó”. Propuso una “nueva era” en las relaciones con Suramérica; mantuvo entrevistas cordiales con los mandatarios de los nuevos paÃses progresistas (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay). Contrariamente a una larga tradición de intervencionismo estadounidense en Centroamérica, Obama condenó, el 28 de junio pasado, el golpe de Estado militar en Honduras contra el Presidente legÃtimo, Manuel Zelaya.
Frente a los enrevesados problemas de Oriente Próximo, Barack Obama ha confirmado la prioridad que él le confiere a la compleja guerra de Afganistán. Ha aumentado allà el número de efectivos; y ha alcanzado una importante victoria diplomática al conseguir que Pakistán combatiera por fin a los talibanes y Al Qaeda en su propio territorio, en particular en el valle de Swat.
Sobre la cuestión nuclear en Irán, ha tendido la mano a Teherán y propone negociar directamente con las autoridades iranÃes. A pesar de las acusaciones de fraude en la reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad el 12 de junio pasado, Obama ha mantenido su polÃtica de apertura hacia la Revolución islámica.
A propósito del asunto más intrincado, el israelo-palestino, las cosas se han complicado después de la formación, en Israel, de un Ejecutivo con elementos de extrema derecha, dirigido por el ultraconservador BenyamÃn Netanyahu. Este Gobierno cometió el error de rechazar, en un primer momento, la teorÃa de los dos Estados (palestino e israelÃ) (2), lo que Barack Obama sancionó poniendo fin al apoyo incondicional de Washington a Israel. Es un cambio transcendental.
Por otra parte, en su importante discurso del 4 de junio en El Cairo, el mandatario estadounidense quiso restablecer el contacto con el mundo musulmán. Y romper asà también con la polÃtica de su predecesor, no tanto sobre la “cuestión árabe” sino más bien sobre la “cuestión israelÔ, lo que, en el contexto de esta región, es idéntico en el fondo pero causa un impacto muy diferente en la forma. Después de recordar los lazos “indestructibles” que unen Estados Unidos e Israel, Obama ha repetido su apego a la solución de los dos Estados para acabar con el conflicto israelo-palestino. Y le ha exigido claramente al Gobierno de BenyamÃn Netanyahu que cese toda nueva intalación de colonias. Cosa que éste, presionado por sus aliados ultras, no acepta. En consecuencia, y a pesar de sus grandes dotes de conciliador, Obama no podrá evitar un choque contra el Gobierno extremista de Israel.
No todo ha sido exitoso o perfecto en estos primeros seis meses, pero el nuevo Presidente ha dado muestras de iniciativas imprevistas. Se ha colocado del lado del movimiento, del cambio, del deseo de justicia; y ha dado la impresión de querer dirigir a su paÃs hacia la defensa de un Estado de derecho planetario. PodrÃa tratarse de un cambio copernicano. Los oponentes habituales de Estados Unidos van a tener que moderar sus “automatismos crÃticos” contra Washington (hasta ahora casi siempre justificados). Y empezar a admitir que algo estarÃa cambiando, para bien, con Barack Obama.
Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique
Notas:
(1) The International Herald Tribune , ParÃs, 29 de mayo de 2009.
(2) BenyamÃn Netanyahu, en su discurso de la Universidad Bar-Ilán, el 15 de junio pasado, acabó por aceptar la creación de un Estado palestino, pero con muchas condiciones difÃcilmente aceptables por los palestinos, entre ellas, la de que sea un Estado desmilitarizado y que reconozca a Israel como “Estado del pueblo judÃo”.






JP Valenzuela comentó el 7 de Julio, 2009 a las 8:59 pmMe parece muy interesante todas las gestiones gubernamentales de Obama; el otro dÃa tuve la oportunidad de ver por youtube un documental llamado “The Obama Deception” y la verdad ahora no sé que creer, he tratado de buscar info sobre los sucesos que delata el documental y francamente, he quedado en nada, por un lado leo noticias como ésta, por otro, veo docuemtales como ese.
Ojalá todo le siga saliendo igual de bien; es un cambio drástico que necesitaba los EEUU.
Buena reseña
Saludos

Joaquin Soto comentó el 11 de Julio, 2009 a las 6:49 amEn términos objetivos, creó que USA con Obama, sigue siendo el mismo paÃs imperialista, que tanto daño ha causado a América latina, como en otros continentes, como en Irak, etc.
Obama, es un representante de los grupos de poder que controlan USA, seria ridÃculo poder hacernos creer que las cientos de millones de dolores los junto al interior de los pobre en USA.
Lo sucedido recientemente en Honduras, debe llevarnos a analizar con mayor cuidado el quehacer de los yanquis en América Latina. Honduras, es paÃs donde USA, tiene una base militar con mas de 1000 soldados, el ejercito y las FF.AA. de Honduras tienen una gran dependencia militar y económica de USA, por ello no existen elementos de credibilidad de que ellos no están detrás de este nuevo Golpe Militar. Oboma no cambia en nada el contenido imperialista de USA.