Contra el Androcentrismo
Androcentrismo: en palabras de Victoria Sau, enfoque unilateral que toma al varón/hombre como medida de todas las cosas. Y en palabras de Loida M. MartÃnez Ramos, visión de la realidad desde la perspectiva masculina.
El hecho de que la historia de la humanidad haya sido escrita desde una visión androcéntrica, absolutamente grosera, ha provocado un falseamiento total de nuestro pasado.
El androcentrismo ha permitido a los historiadores (casi exclusivamente varones hasta hace poco) hacer afirmaciones que implican la siguiente deducción: “No sólo los roles de género no han cambiado desde la Prehistoria, sino que el valor de la experiencia de la mujer en el pasado se considera similar al del presente”.
AsÃ, han atribuido a “los varones prehistóricos” ser los principales protagonistas y autores de los grandes avances de la humanidad, desde el inicio de la cultura humana -hace unos 40.000 años-; como si hubiesen sido “los sujetos de género masculino”, los únicos y más importantes humanos, que tomaban todas las decisiones, tanto en cuanto a la satisfacción de su sexualidad, como en la búsqueda de los alimentos para sà mismos o para “su familia”: esposa e hijos; los que subordinaban a las mujeres; los que decidÃan a dónde ir, qué hacer, qué herramienta fabricar, o a dónde emigrar en busca de regiones más cálidas o con mayor abundancia de alimentos….
A la vez, esa visión androcéntrica ha permitido a los historiadores presentar a las mujeres muy pasivas y aisladas, esperando que un cazador les trajese el alimento para sus hijos, y, además, totalmente subordinadas sexualmente a los mantenedores de los que dependÃan.
Y mantenÃan tales falacias a pesar de que ningún dato -etológico, genético, etnológico, antropológico, artÃstico, religioso- sustentase tales ideas, sino que al contrario:
-Los estudios etológicos de los primates superiores, no avalan la idea de la subordinación «genética» de la hembra al macho.
-Tampoco los estudios etnológicos de las sociedades primitivas y de las de principios de la época histórica (cuando estaban en transición al Patriarcado y eran herederas de las prehistóricas, antes de la revolución patriarcal), avalan la existencia de familias monógamas sustentadas por el varón. Contrariamente, los datos informan que eran las mujeres las mantenedoras de sus hijos, y ellas eran las promiscuas que elegÃan pareja sexual de cualquier género, y que prescindÃan de su pareja masculina circunstancial cuando se aburrÃan, o éste no se portaba bien.
-Además, los más arcaicos hallazgos artÃsticos de imágenes humanas, confeccionadas desde el PaleolÃtico y en el NeolÃtico, son exclusivamente femeninas o de madres con sus hijos, por lo que sólo reflejan familias matricéntricas. El varón adulto no apareció hasta la Edad del Bronce. Ausencia masculina que pone de manifiesto que las mujeres podÃan sustentarse solas y alimentar a sus hijos: recolectando alimentos, cazando, cultivando los campos, participando en ceremonias sagradas, realizando artesanÃas diversas… Y no fue hasta la Edad del Bronce, con la revolución patriarcal, cuando se cambiaron los papeles. De ahà que en el arte, a partir de entonces, sólo aparezcan varones protagonizando todos los papeles que antes habÃan practicado las mujeres, y la mujer aparece poco o sólo en papeles subordinados.
Debido al androcentrismo, los historiadores han sesgado el género de muchas figuras representadas, por lo que les han hecho titular como masculinas, figuras que en realidad mostraban mujeres o animales hembras. Por ejemplo, califican como “varones cazadores” a las figuras artÃsticas, aunque tengan rasgos identitarios femeninos: piernas gordas y cintura de avispa. O titulan “machos – toros o caballos” a gran parte de los animales representados en escenas artÃsticas, a pesar de que muestren signos evidentes de embarazo (calificados por arqueólogos como de vientre prominente), o estén acompañadas de crÃas (las únicas que se ocupan de ellas).
Asà que, ante tantas barbaridades androcéntricas que existen en muchas disciplinas “cientÃficas”, que no tienen nada de inocentes, y son inexplicables a la razón, deducimos que lo único que han hecho ha sido afianzar la institución patriarcal y el status quo.
Por ello, iniciamos este espacio para poner en tela de juicio tanto prejuicio impuesto y torpemente consentido -que ya no se sostiene por más que se resista-, con la divulgación de trabajos contra el androcentrismo en general, y en el campo de la AntropologÃa y ArqueologÃa en particular.
Son Estudios de Género, desde un marco referencial moderno, liberal y feminista, fundamentados en las informaciones cientÃficas de diversas disciplinas, divulgadas por investigadores honestos y valientes, que mantienen la idea de que, en la Prehistoria, lo femenino habrÃa tenido mayor importancia que la que se le adjudica en los antiguos manuales.
Con nuestro esfuerzo queremos poner nuestro granito de arena en la lucha para que la verdad salga a luz -y no se siga tergiversando el auténtico pasado humano-, y para eliminar las falsedades de género defendidas todavÃa. Y, sobre todo, queremos contradecir las convicciones sexistas vigentes en gran parte de los manuales sobre el pasado de la mujer, y para mostrar que habÃan sido sus autores los que habÃan hecho generalizaciones sin ninguna evidencia artÃstica, ni etnológica, ni etológica, ni antropológica….
En una primera fase del análisis de los datos recolectados, con el método exploratorio de Tukey, hemos percibido que no son datos aleatorios, sino que siguen un patrón y se relacionan entre sà y es posible obtener estructuras que se pueden confirmar.
De esos estudios se deduce que las mujeres, desde la más remota antigüedad:
-No se subordinaban al varón ni éste la sustentaba.
-Ni su vinculación a una pareja masculina adulta era monógama. Muy al contrario, las mujeres vivÃan vinculadas con compañeras de género, formando redes de poder horizontal muy fuertes, reforzadas por contactos homosexuales lésbicos. Las mujeres tenÃan sexualidad libre, y gozaban de completa libertad de elección, tanto de pareja circunstancial masculina como femenina (eran bisexuales).
-Además, las mujeres tenÃan autonomÃa económica. Alimentaban solas a sus hijos, al igual que pasa entre los primates, entre quienes sólo la hembra se preocupa de alimentar a su prole.
-Los varones prehistóricos no se obligaban a la tarea de cuidar, ni alimentar, ni educar, ni vestir a los infantes, debido a que no sabÃan que tenÃan el poder de fecundar y no sabÃan cuáles eran sus hijos; por ello la paternidad no era valorada y los varones no podrÃan tener razones ni autoridad para limitar la sexualidad femenina con normas morales.
Y estas deducciones están confirmadas: Por los estudios etológicos de la vida primate; por las manifestaciones artÃsticas aportadas por la ArqueologÃa; por los más arcaicos mitos; por los estudios de sociedades matrilineales, existentes a principios de la época histórica en todo el mundo. Asà como por los rituales de las Sacerdotisas de principios de la época histórica.
Nuestra tarea es seguir acumulando conocimientos en el campo de nuestra investigación, para no retrasar los argumentos que ayudarán a romper la resistencia de los sexistas.
por Francisca MartÃn-Cano Abreu







Ariel Zúñiga comentó el 4 de Agosto, 2009 a las 1:29 amComparto en que nuestro conocimiento común de la “pre historia” es bastante precario y sesgado. No sólo en cuestiones de género sino que en una amplia gama de asuntos “delicados” como en los económicos, polÃticos y morales; la mayorÃa de esos sesgos son eurocéntricos. Pero tan nefasto como lo anterior es proponer nuevos sesgos, nuevas historias inventadas a la medida del autor. Los datos están ahà y refutan muchas opiniones burdas que ya eran malas especulaciones hace bastante, pero no confirman la generalidad de las conductas que usted le atribuye sin matices a toda la humanidad. Tampoco hace notar la relación entre “revolución patriarcal”, revolución neolÃtica y nacimiento del Estado lo que confunde al lector en el sentido de que este puede llegar a creer que el patriarcado es una mera consecuencia del maniqueo voluntarismo machista. Si recurre a la etologÃa debe aceptar que en las comunidades de primates la violencia es superior a la de las humanas lo que hace a las mujeres mucho más vulnerables que en la actualidad. La sexualidad, homosexualidad, es una cuestión común hasta en los búfalos y los chivos, ninguna noticia al respecto. Distinto a decir que las conductas sexuales no respetan barreras morales es decir que sà respetan a otras normas morales distintas a las nuestras. Su argumento es parcialmente cierto pero su mayor debilidad estriba en que alguien puede contestar “por algo la humanidad evolucionó”

igor cerda neira comentó el 4 de Agosto, 2009 a las 12:13 pmmmm
interesante…
pero: si las interpretaciones de los datos son erroneas, o parcialmente erroneas, que hace pensar que ahora seran mas ciertas?
es que la humanidad ha mejorado su poder de interpretacion?
no sera el metodo de interpretacion el equivocado?
quien podra decidir que quedara como conclusion despues de tantos estudios?
seguiran los años pasando y estas cosas seguiran siendo discutidas…
interesante…

guillermo-montenegro comentó el 28 de Septiembre, 2009 a las 12:17 pmsiempre he pensado, que las hembras-mujeres,.estan mejor dotadas para sobrevivir, en este planeta llamado tierra,multiples estudios cientificos que he leido, lo dicen, y lei en la revista NATURE,. que el gen ” Y “es un gen en recesion y que genetistas han llegado a la conclucion que este gen dasaparecera en 10.000 años mas, asique adios al hombre- macho,alomejor en el futuro. nos reproduciremos por PARTENOGENESIS