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Efecto: mágico submundo de colores


“Nueva” lanza uno de ellos. Se miran, fruncen el ceño, afirman y disparan ahora en coro: “Sí… nueva”. Y con seguridad. Así responden los Efecto ante la pregunta ¿Cómo es la esencia y la música de Efecto? Una promesa autocumplida, pues en su pasado concierto de marzo en la Sala SCD de Vespucio, con poemas, psicodelia audiovisual y dos teclados, producen algo inclasificable. Ya lo decía Leonardo Navarrete (baterista), “si nos dicen que nos parecemos a algo, lo desechamos, descartamos evocar referencias”. Es verdad que son algo crípticos, también que son difusos en cuanto a la suma de ingredientes sonoros y que ciertos temas se parecen. Pero es innegable la destreza de cada instrumento -por lo mismo cada uno muestra lo suyo-, y lo más importante, la atmósfera que generan. “Somos colores, somos imágenes, somos un efecto”, confirma Gonzalo Quiroga, tecladista y quien las oficia de vate en ciertas canciones. Están a minutos del recital, todos en el camarín, con ganas, muchas ganas.

Partieron el 2003 con la misión de hacer conciencia social y ambiental, en su mayoría profesores de música y con el gusto afín por el rock -Pink Floyd y Tool- y ubicándose en el género de la música fusión: “eso sí, somos de las pocas bandas fusión con voz y líricas, las cuales invitan a volar, a la introspección, a despertar y escapar de la rutina”, señala enérgico Cristián Espinoza, el otro tecladista. Líricas que son cantadas por Álvaro Encina, un moreno de timbre grave que se sitúa entre coros metal y con tonos muy de la Nueva Canción Chilena. Lo de Efecto se nota que tiene discurso, lo remarcan, y lo mejor, no se quedan en las palabras: el año pasado hicieron un programa educativo donde pasaban sus partituras a colegios para que los jóvenes aprendieran sus melodías, sus letras y más que nada para “conocer esta música que no está en los medios, que no entorpece y que es tan potente para producir cosas buenas en la gente”, cuenta Navarrete. Y este 2009, gracias a un Fondart, llevarán clínicas musicales a distintas escuelas de bajos recursos. Son así, son causa y efecto. Es la hora, los llaman para que empiece la tocata.

Entran a escena, imágenes de universos, animales, paisajes y humanos van a la par con temas como “Emplazamiento Urbano”, “Raíces” y “Manto y Estelas” tres imperdibles de su repertorio, con un Marcos Silva en guitarra que destaca por sus solos. En el aire hay ambiente, hay aplausos y mística. Primero porque están grabando un DVD para promoverlo acá e internacionalmente, segundo porque lanzan canciones de su segundo LP y tercero, porque dos de sus integrantes viajan al extranjero por un tiempo, pero “calma, queda Efecto para rato” dicen con firmeza. Y es que quieren continuar logrando buenos momentos, como cuando fueron nominados como banda revelación el 2007 por la radio Futuro, cuando telonearon a Mar de Robles en Rancagua y fueron ellos los más alabados o cuando tocaron para un team de abuelitas que gracias a ellos se hicieron adictas al rock en el ciclo Plazas de Ñuñoa. Ahora se juntan todos en el escenario, el público pide “otra”, los vítores causan efectos. Y ellos, no se hacen de rogar.

Andrés Muñoz A.
Onda Corta
El Ciudadano

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