Soñar Nápoles

Un viajero que llega a Nápoles choca de frente con el apoyo de la policÃa a grupos fascistas agrupados en la organización Casa Pound y que atacan a migrantes, gays y disidentes culturales. Se han apropiado además de la experiencia de okupas, inventan radios y realizan propaganda a través de internet. Todo con la venia de Silvio Berlusconi.
Desembarco del tren en el puerto de Nápoles y casi sin darme cuenta me encuentro sumergido en la excitada ciudad. Los carros, las motonetas y los transeúntes, numerosÃsimos todos, se mueven con libertad, caóticos, impacientes y eficaces en calles estrechas o de plano callejones curvilÃneos que suben y bajan. La sombra de la arquitectura masiva cae sobre la calle, abigarrada de balcones (el sello de la ciudad, que literalmente vive asomada), de ropa y sábanas tendidas, macetas con enredaderas colgantes, nichos poblados de dioses, tritones y próceres húmedos, sucios, pesados.
Las avenidas no lo son mucho, no dan el ancho. A sus lados se implantan inmensos edificios grises; los modernos, herencia del entusiasmo musoliniano; los antiguos, de la corona española y sucesivos reyes y reyezuelos. Inútiles castillos y moles administrativas.
De pronto me viene una sensación, un rush de familiaridad intensa. El laberinto gris y nervioso es idéntico a una ciudad que frecuento en mis sueños y que no habÃa logrado identificar. Recuerdo los espacios fÃsicos en mi tránsito azaroso y sorpresivo, aunque no lo que sucede, si es que en esos sueños sucede algo más que este lugar de muros arrugados y verticales, serpenteando por vÃas empedradas que de la lÃnea recta lo ignoran todo.
Las iglesias no son hermosas ni lo pretenden. Fortalezas, para un sitio que ha recibido el latigazo de grandes terremotos y los cambios de humor del implacable Vesuvio, ya ven a Pompeya, no lejos de aquÃ, cómo le fue.
Aquà todos son extrovertidos, sonoros, enfáticos. La sangre que les corre es caliente, como el sol que trae de la bahÃa vaharadas de las aguas contaminadas y semimuertas que sirven de “suelo” a otra ciudad, la flotante, hecha de millones de contenedores traÃdos y vomitados por barcos de China, que si te vi, no me acuerdo, fantasmas.
El dÃa que llego a Nápoles es 30 de septiembre, aniversario de la primera insurrección popular en territorio europeo contra los fascistas y los nazis. Los napolitanos los echaron a patadas, entonces. Hoy, 5 mil manifestantes antifascistas no lo logran. Marchan contra la ocupación de un edificio eclesiástico abandonado, por una organización facha que cunde por Italia y se hace llamar Casa Pound. Okupas de derecha que con los procedimientos de la izquierda organizada (pintas, propaganda, Internet, radios libres, ocupaciones, centros “sociales”) aprovechan la permisividad con ellos del gobierno de Silvio Berlusconi para proliferar y ganar presencia.
Aprovechan la crisis económica e igualmente la derrota polÃtica y cultural de la izquierda italiana actual, de pronto sin unidad ni rasgos de identidad. Para dar el gatazo, los nuevos fachos ya hasta reivindican “figuras” culturales como el poeta estadunidense Ezra Pound, a quien seguramente no han leÃdo. En todo caso, el fascismo del viejo Pound, la fase más estúpida de su genio, no aparece en su poesÃa ni en su edificio crÃtico. Ahora lo “admiran” porque durante guerra se quedó en el paÃs y por la radio se dedicó a alabar a Benito Mussolini y vituperar a las tropas aliadas y la “usura” judÃa. Cuando los yanquis lo capturaron, piadosamente fue declarado chiflado, más que traidor a la patria, y de la cárcel pasó al hospital siquiátrico St. Elizabeth, donde con el tiempo compartirÃa las horas del recreo con Juan Ramón Jiménez, otro gran poeta en el otoño de su locura, pero que nunca fue fascista.
Los jóvenes libertarios, que marcharon con cascos y rostros cubiertos este mediodÃa, chocaron con la policÃa, la cual con gases y toletes les impidió llegar a la Casa Pound donde los fascistas esperaban desafiantes; se les conoce por golpear a homosexuales y migrantes, y provocar a los estudiantes.
En tanto, por las calles de las ciudades italianas, grandes carteles de la organización polÃtica de Berlusconi rinden homenaje a los soldados caÃdos en Afganistán combatiendo a los talibanes con una conmovedora frase sobre el honor y el amor de Ernst Jünger, el escritor alemán que amaba la guerra y terminó despreciándola con aristocrático gesto; que peleó las dos guerras europeas del siglo XX, la segunda como oficial del ejército nazi, y es autor de cabecera para los intelectuales de derecha en Francia y España.
En distintas partes de Italia se rinde homenaje estos dÃas, con exposiciones, ediciones y discursos, a los pintores y poetas futuristas, aquella vanguardia profascista del siglo pasado. Dejaron la picaresca histórica y son héroes nacionales.
Con una renovada aplicación de los métodos de propaganda del doctor Goebbels (que a su vez “plagiaba” a su enemigo leninista), por primera vez desde su derrota en 1945 los neofascistas europeos tienen nervio para reivindicar, asà sea de oÃdas, una “herencia cultural”. Este 30 de septiembre, en Nápoles, se dejó ver que la izquierda, y su resistencia contra ellos, necesitan volver a nacer. Ya conocemos la pesadilla, y la Historia no espera a nadie.
Hermann Bellinghausen
La Jornada
El Ciudadano






el del frente comentó el 15 de Febrero, 2012 a las 11:16 amOsea ser, adaptar la ideologÃa fascista al siglo XXI y sacar de la nada y dar otro ambiente e imagen de la que difiere mucho del XX según tu es algo “planeado y de oportunismo”. Pues mira planeado normal sino no estarÃa donde está, pero dudo mucho que te hayas informado de sus acciones y de lo que son interiormente, solo haces alarde de la acción violenta de los antifa que visionaste.
Luego cuando hablas de la figura de Ezra Pound dejas mucho que desear sobre tu tolerancia, ya que según tu si uno está loco y fuera comunista no pasa nada pero si tiene ideas a fines con el fascismo es un demente… Eres del TBO…
Para empezar no habido ninguna noticia ni denuncia de que ellos vayan agrediendo a homosexuales, INmigrantes (no migrantes…)y disidentes culturales.
Que manÃa de perseguir todo lo llamado fascista, cuando CPI es más de izquierda que los antifas esos que se lo creen por vestir de Desigual