Jung y el mundo espiritual
Coordiné en la Editorial Vozes de Brasil la traducción de la obra completa del psicoanalista C.G. Jung (18 tomos), lo que lo convirtió en unos de mis principales interlocutores intelectuales.
Pocos estudiosos del alma humana han dado más importancia a la espiritualidad que él. VeÃa en la espiritualidad una exigencia fundamental y arquetÃpica de la psiqué en su desarrollo hacia la plena individuación. La imago Dei o arquetipo Dios ocupa el centro del Self: esa EnergÃa poderosa que atrae todos los arquetipos a sà y los ordena a su alrededor como el sol hace con los planetas.
Sin la integración de este arquetipo axial, el ser humano queda manco y miope y con una falta de completitud abisal. Por eso escribió:
«Entre todos mis pacientes que se encontraban en la segunda mitad de la vida, es decir, con más de 35 años, no hubo ni uno cuyo problema más profundo no estuviese constituido por la cuestión de su actitud religiosa. Todos en última instancia estaban enfermos por haber perdido aquello que una religión viva siempre ha dado a sus seguidores. Y ninguno se curó realmente sin recobrar la actitud religiosa que le era propia. Esto es claro que no depende de una adhesión a un credo particular, ni de hacerse miembro de una Iglesia, sino de la necesidad de integrar la dimensión espiritual».
La función principal de la religión, o mejor, de la espiritualidad, es la de religarnos a todas las cosas y a la Fuente de donde proviene todo ser: Dios. Ese es el propósito básico de su grandioso libro Mysterium Coniunctionis (Misterio de la Conjunción) que Jung consideraba su obra magna. En él se trata de realizar la coniuntio, o sea, la conjunción del ser humano integral con el mundus unus, el mundo unificado, el mundo del primer dÃa de la creación, cuando todo era uno y todavÃa no habÃa ninguna división ni diferenciación.
Era la situación plenamente urobórica del ser. Uroboros era la serpiente primigenia, enrollada sobre sà misma que se mordÃa la cola, arquetipo que representa la unidad originaria antes de las diferenciaciones entre masculino y femenino, cuerpo y espÃritu, Dios y mundo. Esta fusión es el anhelo más secreto y radical del ser humano y el llamamiento permanente del Self.
Espiritualidad significa vivenciar esta situación en la medida en que es buscada permanentemente, aunque no se deje aprehender y vaya siempre un paso por delante. El drama del ser humano actual es haber perdido la espiritualidad y su capacidad de vivir un sentimiento de conexión. Lo que se opone a la religión o a la espiritualidad no es la irreligión o el ateismo sino la incapacidad de ligarse y religarse a todas las cosas. Hoy las personas están desconectadas de la Tierra, del ánima (de la dimensión del sentimiento profundo), y por eso sin espiritualidad.
Para C. G. Jung el gran problema actual es de naturaleza psicológica. No de la psicologÃa entendida como disciplina o apenas como una dimensión de la psiqué, sino de la psicologÃa en el sentido incluyente que él le da como la totalidad de la vida y del universo cuando son percibidos y referidos al ser humano, ya sea por el consciente o por el inconsciente personal y colectivo. Y en este sentido escribió:
«Es mi convicción más profunda que, a partir de ahora hasta un futuro indeterminado, el verdadero problema es de orden psicológico. El alma es el padre y la madre de todas las dificultades no resueltas que lanzamos al cielo».
La Tierra está enferma porque nosotros estamos enfermos. En la medida en que nos transformamos, transformaremos también la Tierra. Jung buscó esta transformación hasta su muerte. Ella es uno de los pocos caminos que puede sacarnos de la crisis actual y que inaugura un nuevo ensayo civilizatorio, asà como lo imaginaba Jung, más integrado con el todo, más individualizado y más espiritual.
C. G. Jung se muestra un maestro y un guÃa que nos traza un mapa capaz de orientarnos en estos momentos dramáticos que vive la humanidad. Como creÃa profundamente en el Trascendente y en el mundo espiritual, será seguramente el capital espiritual, colocado ahora en el centro de nuestras búsquedas, el que nos permita vivir con sentido la fase nueva de la Tierra, la fase planetaria y espiritual.
Por Leonardo Boff







Renzo comentó el 29 de Noviembre, 2009 a las 7:16 pmExcelente columna, Jung un gran pensador y sentidor principalmente.

Renzo comentó el 29 de Noviembre, 2009 a las 7:19 pmMe gustarÃa poder acceder al mail del autor de la columna, me interesarÃa preguntarle algunas cosas sobre Jung… Si es posible que me lo mande a mi correo electrónico estarÃa agradecido.

Marko Bremer comentó el 29 de Noviembre, 2009 a las 7:51 pmHe tenido la oportunidad de acercarme a Jung, pero creo que no de la mejor manera, ya que en mi opinión, es una obra a la que hay que darle una lectura seria y comprometida.
Creo que a Jung se lo juzga injustamente al utilizar el lente psicoanalista, a mi parecer, si bien proviene de esa linea de pensamiento, después diverge a otra ontologÃa, que tiene otro método de indagación y otras aspiraciones, hay que intentar leer entre lÃneas y apartar la paja del trigo (tal como hace Lacan con Freud en muchos sentidos).
En fin. Renzo (Musa?), si quieres que te escriban debieras dejar tu mail escrito, ya que me parece que el requerimiento del correo que uno ingresa se mantiene confidencial.
Buena columna, Ahó!

Nathan Novik comentó el 30 de Noviembre, 2009 a las 5:02 amEspectacular este artÃculo. Efectivamente pienso que la espiritualidad no está vinculada a ninguna religión en particular, sino a la actitud humana de conectarse con la esencia de lo creado, y de ese modo, con todo lo creado.Actualmente es una de las necesidades fundamentales del planeta, que está compuesto por cada uno de nosotros. Si uno está “mal”, todo lo que le rodea estará “mal”, dado que uno capta al mundo y su entorno a través de sus filtros mentales. Una visión de profundidad, de solidaridad, de trascendencia, de inclusión, de renuncia y participación es la esencia de la espiritualidad humana. Las grandes tragedias de la humanidad actual son, sin duda alguna, el fanatismo polÃtico religioso en esencia autoritario y excluyente, que, junto al egoÃsmo desmesurado de algunos hombres ambiciosos de “riqueza” y poder, no trepidan en generar el dolor y la desgracia al resto de los hombres. ¿Solución? Tener cada uno de nosotros un “sentido existencial”. La logoterapia, fundada por VÃctor Frankl, ya fallecido, y representada actualmente por su discÃpulo Alfried Langle (“Vivir con sentido”),son los continuadores modernos de Jung, y sus visiones son coincidentes. Lo recomiendo. Al igual que “Renzo”, me encantarÃa tener el mail de Leonardo Boff a fin de intercambiar con el ideas y vivencias.

jessica, talca comentó el 2 de Noviembre, 2010 a las 6:28 pmA partir de lo planteado por Leonardo Boff me ha surgido esta breve reflexión, considero que ninguna ideologÃa mató a Dios fue la misma religión que encapsulada en una trinchera de vaciados rituales, fue apagando la vida de ese Dios que se fue manifestando en la cotidianidad de su pueblo.
Más bien han secuestrado a Dios en esas imágenes inertes que evocan pero no provocan, no trascienden sino por el contrario empobrecen la concepción de la idea de una divinidad ni el contacto posible en la espiritualidad ni la vinculación que se puede generar en una realidad humana común que nos haga sentir parte de una misma historia, de un mismo habitat de un mismo destino. Se ha fragamentado la naturaleza del ser en su totalidad, cada partÃcula diseminada por el espacio ha generado seres atomizados que no son capaces ni de intuir ni percibir su realidad de comunión, dejado a las mezquindades de la búsqueda de un poder vaciado de sentido de humanidad, la opresión mancha de sangre la tierra de inocentes, la misma tierra que entrañablemente nos cobija y que desconocemos, la misma que nos alberga y que desnostamos.
Si hay un Dios, como pienso y creo nos ha dejado en la más absoluta libertad, hemos quedado perplejos ante la imensidad del universo sin saber que hacer cuando ya los óraculos se han silenciado, pero una voz profunda nos comunica a todos, que es posible convivir que es posible soñar y vivir en un mundo diferente donde cada ser pueda explayar su fuerza creadora propia del ser que lo creo, pero sin aquellos que se empeñan en apagar miles de luces de vida que impotentes asisten al dÃa de su martirio.
Que el Dios de la vida nos proteja a todos, y que de alguna forma nos de la fuerza para impulsar este mundo lejos de la autodestrucción, asà sea.
Jéssica Muñoz P.
Bachiller en Ciencias Religiosas