Lo que está en juego en Copenhague
En Copenhague, los 192 representantes de los pueblos se enfrentan a algo irreversible: la Tierra ya se ha calentado, en exceso, por causa de nuestro estilo de producir, de consumir y de tratar la naturaleza. Sólo nos cabe adaptarnos a los cambios y mitigar sus efectos perversos.
Lo normal serÃa que la humanidad se preguntase como un médico pregunta a su paciente: ¿por qué hemos llegado a esta situación? Importa considerar los sÃntomas e identificar la causa. SerÃa un error tratar los sÃntomas dejando sin tratar la causa, que seguirÃa amenazando la salud del paciente. Es exactamente lo que parece estar ocurriendo en Copenhague. Se buscan medios para tratar los sÃntomas pero no se va a la causa fundamental. El cambio climático con eventos extremos es un sÃntoma producido por gases de efecto invernadero que tienen la huella digital humana. Las soluciones sugeridas son: disminuir los porcentajes de gases, más altos para los paÃses industrializados y más bajos para aquellos en desarrollo; crear fondos financieros para socorrer a los paÃses pobres y transferir tecnologÃas para los atrasados. Todo esto en el marco de incontables discusiones que dificultan los consensos mÃnimos.
Estas medidas atacan solamente los sÃntomas. Hay que ir más al fondo, a las causas que producen tales gases perjudiciales para la salud de todos los vivientes y de la propia Tierra. Copenhague serÃa la ocasión de echarle valor y hacer un balance de nuestras prácticas en relación con la naturaleza, reconocer con humildad nuestra responsabilidad y con sabidurÃa recetar el remedio adecuado. Pero no es esto lo que está previsto. La estrategia dominante es como recetar aspirina a quien tiene una grave enfermedad cardiaca en vez de hacerle un trasplante.
Tiene razón la Carta de la Tierra cuando reza: «Como nunca antes en la historia, el destino común nos convoca a buscar un nuevo comienzo… Esto requiere un cambio en la mente y el corazón». Es exactamente esto: no bastan los remiendos, necesitamos recomenzar, es decir, encontrar una forma diferente de habitar la Tierra, de producir y de consumir con una mente cooperativa y un corazón compasivo.
De entrada urge reconocer que el problema no en sà la Tierra sino nuestra relación con la Tierra. Ella ha vivido más de cuatro mil millones de años sin nosotros y puede continuar tranquilamente sin nosotros. Nosotros no podemos vivir sin la Tierra, sin sus recursos y servicios. Tenemos que cambiar. La alternativa al cambio es aceptar el riesgo de nuestra propia destrucción y de una terrible extinción de la biodiversidad.
¿Cuál es la causa? El sueño de buscar la felicidad a través de la acumulación material y del progreso sin fin, usando para eso la ciencia y la técnica con las cuales se puede explotar de forma ilimitada todos los recursos de la Tierra. Esa felicidad es buscada individualmente, entrando en competición unos con otros, favoreciendo asà el egoÃsmo, la ambición y la falta de solidaridad.
En esta competición, los débiles son vÃctimas de aquello que Darwin llama selección natural. Sólo los que mejor se adaptan, merecen sobrevivir, los demás son, naturalmente, seleccionados y condenados a desaparecer. Durante siglos predominó este sueño ilusorio, haciendo pocos ricos por un lado y muchos pobres por el otro, a costa de una espantosa devastación de la naturaleza.
Raramente se plantea la pregunta: ¿puede una Tierra finita soportar un proyecto infinito? La respuesta nos viene siendo dada por la propia Tierra. Ella sola no consigue reponer lo que se le ha extraÃdo. Perdió su equilibrio interno por causa del caos que hemos creado en su base fÃsico-quÃmica y por la contaminación atmosférica que la hizo cambiar de estado. De continuar por este camino comprometeremos nuestro futuro.
¿Qué podrÃamos esperar de Copenhague? Apenas esta sencilla confesión: asà como estamos no podemos continuar. Y un propósito simple: Vamos a cambiar de rumbo. En vez de la competición, la cooperación. En vez de progreso sin fin, armonÃa con los ritmos de la Tierra. En lugar del individualismo, la solidaridad generacional. ¿UtopÃa? Si, pero una utopÃa necesaria para garantizar un porvenir.
Por Leonardo Boff






ander comentó el 14 de Diciembre, 2009 a las 5:31 amHola
Estoy muy de acuerdo en que el cambio tiene que ver con la relación que establecemos con la tierra; un cambio en nuestra conciencia y en nuestras prácticas. Mi duda es sobre las causas del cambio climatico, he escuchado que éste no solo se debe a la contaminación y los gases sino que también a nuevas alineaciones del sistema solar (el finde de la noche cósmica) y también a un cambio en la actividad del sol, puede que parezca de ciencia ficción pero siento que puede tener sentido. ¿qué hay de cierto respecto a esto?