Chile exige una Constitución democrática
La proposición de Frei de convocar a una Comisión que elabore una nueva Constitución ha merecido reacciones de Sebastián Edwards, en el diario La Tercera, y de Piñera.
Dos materias ligadas deben distinguirse: Una, que compartimos, es la necesidad de contar con una Constitución nueva, democrática en su origen, aprobación y su producto final. Así lo entendieron Enríquez-Ominami, Arrate, Frei y el retirado Navarro; así lo entiende también el Movimiento por una Asamblea Constituyente. Dos, es el método: Una Comisión nombrada por el Ejecutivo (Frei) o una Asamblea Constituyente (nuestro Movimiento).
Piñera objeta la idea de cambiar la Constitución impuesta en 1980, y emanado de una Comisión designada a dedo, con exclusión de todos los sectores democráticos, objetos de persecución y exclusión, su argumento es el mismo de Pinochet para mantener el poder: Al pueblo no le interesan las elecciones ni la democracia, sólo le interesa empleo y seguridad. Obvio.
Edwards asimila todos los procesos constitucionales a los de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Ignora que también las Constituciones de Colombia de 1991; Brasil de 1988; Paraguay de 1992; y Perú de 1979, fueron obras de Asambleas Constituyentes democráticas. La añorada Carta del Perú tuvo que ser abolida por Fujimori en 1992, para imponer una útil a sus propósitos liberticidas y criminales, y que la derecha peruana se niega a derogar hasta hoy. Los pueblos colombiano, paraguayo y brasilero son tan orgullosos de sus constituciones como los ecuatoriano, venezolano y boliviano, como lo fue el peruano hasta Fujimori.
Esas naciones asumieron los postulados de los revolucionarios franceses de 1793, que rigieron en Chile hasta la asonada de 1973. En su Catecismo de los Patriotas, de 1813, Fray Camilo Henríquez escribía que “el pueblo tiene siempre derecho de rever y reformar su Constitución. Una generación no puede sujetar irrevocablemente a sus leyes a las generaciones futuras”.
Todo lo contrario a la lógica de la dictadura: Jaime Guzmán sostenía que la Constitución que se redactaba debería prever que “si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría, porque –valga la metáfora- el margen de alternativas posibles que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella, sea lo suficientemente reducido para hacer extremadamente difícil lo contrario”. Esto es lo que defienden Edwards y Piñera.
Para Edwards, modificar el sistema binominal o reconocer el derecho a voto de los chilenos expatriados serían reformas “limitadas”. No lo son tanto, si los seguidores de la dictadura se niegan a modificarlos, amparándose en el absurdo quórum que los beneficia y que constituye el núcleo duro del espacio reducido de la cancha a que aludía Guzmán.
Preocupa a Edwards que se proponga reconocer los derechos sociales (seguridad alimentaria, seguridad social; salud gratuita a los mayores de edad). Pero esos derechos están reconocidos en todas las Constituciones modernas, salvo la de Pinochet.
El reconocimiento de esos derechos, contrariamente a lo que han sostenido Pinochet y Piñera, sí interesa a la gente, que tiene clarísimo que la Carta impuesta por Pinochet es la base de sus carencias.
Comparto con Edwards una crítica a Frei: no definir el cómo hacerlo para vencer la obstinación de su sector.
20 años de transición demuestran que los herederos de la dictadura no aceptan cambios democratizadores de fondo; la Carta sólo permitió los plebiscitos que interesaban a Pinochet, y no contempla la iniciativa ciudadana. Y nadie quiere que un Presidente elegido se transforme en un Fujimori.
Nuestro Movimiento propone seguir el sistema colombiano de 1990, que utilizó el sistema electoral para agregar una séptima papeleta a las seis previstas, pidiendo una Asamblea Constituyente. La población acogió la propuesta, y el Presidente Barco no tuvo más alternativas que convocar a la Asamblea.
En Chile es legal que el ciudadano, junto con marcar su preferencia, escriba en el voto su deseo de tener una Constitución democrática. Los únicos votos nulos son aquellos en que el elector marque más de una preferencia. Debemos, como mínimo, consultar esa necesidad al pueblo.
por Roberto Garretón








Alvaro comentó el 20 de Diciembre, 2009 a las 5:45 amEstimados, no sé si no entendieron bien o no quieren darse cuenta, pero lo que manifestó el pueblo de Chile a través de la última elección fue que desea un viraje a la derecha, que prefiere a Piñera y la Alianza al mando, y en ningun momento manifestó que le importe incorporar una nueva Constituciòn a peticiòn expresa del Partido Comunista, que una vez más sólo congregó un exiguo 5 % de la votación.

dutcho comentó el 20 de Diciembre, 2009 a las 9:59 am… … que sacamos con cambiar una constitucion si nuestra mentalidad va a ser la misma que, por lavado de cerebro, heredamos de la dictadura, primero democraticemos el regimen interno institucional y no solo el de las instituciones fiscales sino que tambien y al mismo tiempo el de las instituciones publicas y privadas, asi cambiaria nuestra mentalidad actual por una mas democratica, entonces recien estariamos en condiciones de cambiar la constitucion ya que la pregunta del siglo seria ¿quienes integrarian la asamblea constituyente y quienes resultarian constituidos para trabajar en una nueva constitucion?
al democratizar el regimen interno institucional se produciria tal cambio en el desarrollo organizativo de la relacion de las actividades que la interaccion de informacion comunicacion y seguridad seria activadora y sinergetica total, que a poco andar el cambio planificado en la dinamica del desarrollo iria a la par con el desarrollo tectologico y cientifico… nos cambiaria hasta la manera de hablar ademas de la mentalidad que impera en estos momento donde preferimos ser flojos a cansarnos trabajando en buscar soluciones… por ejemplo el trabajo manual se volveria trabajo maquinal y el trabajo mental se digitalizaria, eso por el momento

Felipe Gomà comentó el 20 de Diciembre, 2009 a las 3:16 pmMe gustaría saber cuanta gente manifestó en sus votos su deseo de crear una asamblea constituyente.
¿donde está esa información? debería ser pública y transparente, además de quedar registrado en algún archivo si así lo ha manisfestado algún porcentaje relevante de los votantes.

carlos contreras comentó el 21 de Diciembre, 2009 a las 6:12 amYo Si Quiero Una Nueva Constitución!!! Cuando leo los otros comentarios solo veo mediocridad y apatía. Pensar que las cosas van a suceder solas es solo una expresión falta de voluntad vergonzosa. Nos hemos mantenido bajo las reglas de una Constitución política heredada desde una de las dictaduras mas cruentas de Latinoamérica. Sabes que los ideólogos de Pinochet eran hábiles. La privatización bestial y el sistema binominal son algunas de las cadenas que hasta el día de hoy arrastramos como país. Dejémonos de ideas blandas, cuando los leo solo veo un cansancio, un dejar ser, una falta de pasión que me espanta. Sigan así. YO declaro mi Libre capacidad de pedir algo mejor para mi y mis hijos !!!

Enrique León comentó el 21 de Diciembre, 2009 a las 8:38 amÁlvaro,
No sé si entendiste bien o no quieres darte cuenta, pero sólo el 44% votó por Piñera (menos de lo que la derecha obtuvo en las elecciones presidenciales de 2005 y 1999). Es parece bastante exagerado decir que “el pueblo chileno desea un viraje a la derecha”.
Sé tan bien como tú que es muy poca la gente que quiere una nueva Constitución, pero eso se explica fácilmente: la inmensa mayoría está mucho más preocupada de los partidos de la Roja y el reality show de turno, y lamentablemente se han resignado a una vida injusta porque se han comprado el cuento de que “nada puede cambiar”.
Pero la realidad sí puede cambiar, y la historia lo demuestra: antes la esclavitud era legal y las mujeres no podían votar.
Tengo la esperanza de que los chilenos entenderán que con participación, unión e información, pueden cambiarlo todo. Un solo ejemplo: podemos nacionalizar el cobre, que generaría varios miles de millones de dólares al año con los que podríamos tener salud y educación gratis para todos. No es una utopía, es perfectamente posible.
Cuando las personas entiendan y confíen que esto se puede cambiar con una nueva constitución democrática, querrán una nueva constitución.
Saludos,
Enrique.