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Todos contra el muro

Las paredes limpias no dicen nada, decía un graffiti unos años atrás, tensionando con ello el afán de asepsia de alcaldes que no se asquean en prestar cualquier muro o valla para publicidad o sus campañas. Una lógica que quiere a los que rayan en las cárceles y a los artistas en las galerías. Pintaremos un retrato de los autores de murales, graffitis, stencil y tags, son artistas sin nombre y que dan colorido a calles, muros, basureros o carros completeros.

La extendida práctica que da color a los muros o que disemina afiches por toda la ciudad prontamente será reprimida con multas de hasta 120 mil pesos en Chile, según un acuerdo aprobado en la Cámara de Diputados…  Ausencia de sentido estético, amor por el orden aséptico, insensatez de los viejos de siempre para una retórica de los muros que no reconoce fronteras, sobretodo ahora que las ciudades, locomoción colectiva y muros de Chile viven un despliegue de color sobre el acostumbrado gris de los viejos vinagres de siempre.

Los rayados salpican dentro de nuestras fronteras: la salitrera Humberstone, el barrio histórico de Valparaíso y las iglesias de Chiloé son el soporte. ¿Por qué molestan los rayados? ¿Por qué este cierre de filas en nombre de la pulcritud de los espacios públicos? En palabras del psicólogo social Román Mazzilli: “¿Qué sociedad necesitó escribir en los muros? y ¿Qué sociedad se apuró a taparlos?”.

La creatividad es por esencia transgresión. Mazzilli dice que el graffiti “se apropia de espacios no concebidos para tal fin, produciendo un cambio en las funciones ciudadanas previamente asignadas. Al inscribirse en frentes de casas o edificios es escritura transgresora que se exhibe en los límites de la propiedad”. Adecuación por fuera de la institucionalidad, existencia en los márgenes que significa que el graffiti puede ser fácilmente borrado a corto plazo. “Escritura efímera y transitoria que hace que de todas las escrituras callejeras (publicidades, señales de tránsito, pintadas políticas) sea la más expuesta a la no duración”.

Diferencias con el arte: Este es integrado, requiere del evento; se asocia a un nombre con su correspondiente carrera de artista; es objeto de crítica desde la alta cultura y aspira a perdurar. La escritura en los muros es clandestina, fugaz, anónima, espontánea y remite a la estética de lo perecedero.

Y molesta. Su existencia quiebra las nociones de lo bello y no reconoce propiedades comunitarias. La ciudad es el escenario donde los graffitis irrumpen dando colores y textos imprevistos al decorado; modifican la escenografía, confunden a los actores, desestructuran el rutinario transcurrir por el espacio, comenta Mazzilli. Fernando de Figueroa, en Del adoquín al aerosol, piensa en la recuperación de la calle que conlleva el graffiti frente a la paulatina reclusión doméstica de los ciudadanos. No pocos ven en el graffiti una respuesta a la hegemonía de los medios masivos. Baudrillard ve en ella “la forma alternativa y subversiva de los medios de comunicación de masas, donde el intercambio inmediato transforme la distancia jerárquica entre emisor y receptor”.

EN LAS SOMBRAS

Moisés, Joaquín, Carlos y Esteban no comparten colegio, ni barrio, ni clase social. Sólo comulgan frente a un muro y con varios spray. Su pasión es el graffiti y los tag que han desparramado por todo Santiago. A Moisés incluso lo apresaron cuando celebraba su cumpleaños. Qué mejor manera de celebrarlo que rayando toda la noche. “Uno se divierte tageando, dan ganas de ser más conocido”, comenta.

Muestran la foto de un mural hecho en Arrieta a partir de una plantilla con un retrato de Salvador Dalí: “Nos gusta jugar con colores y lo que salga -recalcan- y nos gusta Picasso porque se parece a lo que hacemos nosotros”. Escuchan hip-hop chileno y español, compran los spray en las ferias y Joaquín estudia dibujo técnico. A veces les sale un vecino que los invita a pintar su muro, ellos le preguntan qué motivo quiere, él compra las pinturas y se hace. “Los raperos aprecian esto, los que bailan hip-hop y brake -cuenta- y ponemos el tag que cada uno tiene… nosotros vamos a otra parte y vemos el tag y conocemos al loco por el nombre, después conocemos a la persona y ¿qué rayai tú ? Tanto ¡Ah! Yo he visto un tag tuyo por allá”.

¿CÓMO SE IMAGINAN UNA CIUDAD?

- “Todo pintado con graffitis con hartos colores que den vida, no esas paredes que parecen muertas -responde Carlos- claro que si estuvieran todas rayadas, sería muy común y no lo haríamos”

Confiesan que les seduce rayar sobre la publicidad “porque encima destaca más el tag”. Esto no es delincuencia, sostienen firmes. Lo que nunca rayarían es una animita, han dejado hasta de comer por comprar pinturas y se interesan por el concurso de una tienda de hip-hop que paga por rayar una comisaría. “Hay que llevar la pura foto”, cuentan.

¿Qué  sensación te provoca un muro blanco?:

- “Dan puras ganas de rayarlo, vas pasando y ver una pared blanca te invita a poner tu firma. Piensas ¿cómo se vería el tag que tengo en la croquera?” (Francisca Valdivieso, 18 años, comuna de Puente Alto).

- “Una muralla blanca a mí no me provoca nada, pero si tengo oportunidad de rayarla lo hago, para que me vean, porque está tan linda que resalta. No lo hacemos por maldadosos, es para hacerse conocido” ( Moisés Rivas, 16 años, comuna de Peñalolén)

- “Me provoca ¡desesperación!, dan ganas de hacer cagar la huevá. Es su poder, su credibilidad. El mismo Metro demuestra un poder súper vigilado que a los mismos graffiteros les da miedo rayar. Hace de Santiago una estética cínica ¿Por qué Paz Froimovich hace lo que quiere donde quiere y yo no puedo siquiera hacer una raya? Dan ganas ¿no?” (Juan Pablo Vargas, 22 años, diseñador de www.stgounder.cl).

Texto y fotos: Mauricio Becerra R.

El Ciudadano

Reglas del Ágora:
Todo comentario que atente contra los derechos humanos y se centre en la grosería para descalificar, no será admitido en el presente espacio de debate ciudadano.

3 comentarios para “Todos contra el muro”

  1. Raul comentó el 8 de Febrero, 2010 a las 11:45 pm

    Creo n la diversidad de Gustos y Expresion y opiniones pero tambien creo en el respeto del uno con el otro, me gusta ver grafittis bien diseñados y bien terminados en las calles, odio ver firmas o tags de desconocidos q jamás serán conocidos en las paredes de ajenos, me parece bien pedir permiso para rallar una pared, no me da el sentimiento de libertad de expresión o de una realización urbana al ver paredes basureros grifos postes etc rallados, me da mas bien vergüenza, y estoy feliz de la nueva ley q les multara a todos los flites q sin respeto por el ciudadano destruyen propiedad privada proclamando libertad personal.

  2. Cristian comentó el 9 de Febrero, 2010 a las 6:37 am

    Concuerdo con lo que dice Raul, sin embargo apelo a los “afanes” artísticos de aquellas “obras”, digo afanes porque colores no es sinónimo de arte, transgredir por transgredir la propiedad privada, en vez de vigorizar el espacio público lo empobrece en diversas formas caprichosas, sin más hace evidente su falta de sentido, se habla de todo menos del hecho artístico, se dice pared o muro sin distinguir la luz abierta, se habla de fachadas, se habla del gris de la ciudad, todo esto sin mencionar la clara influencia de modas extranjeras que aplastan la identidad.
    Creo que la mayoría cae en lo anterior, pero hay quienes con rigor se desmarcan, basta mencionar el Museo a Cielo Abierto de Valparaíso, o algunas obras de Matilde Pérez, como el ex-mural del mall Apumanque, también lo que se ha hecho en Montevideo con Joaquín Torres García.

  3. Elizabeth Neira comentó el 17 de Febrero, 2010 a las 12:08 pm

    Quisiera saber si ustedes tienen algún numero o correo para contactar a algún exponente del arte urbano, por ejemplo Mazzili.Si es así , les agradezco.

    atte
    Ely

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