Carta abierta de Jorge Arrate: “Nuevos tiempos políticos”

Carta a los adherentes, votantes y simpatizantes de la candidatura de Jorge Arrate en la primera vuelta presidencial:
Santiago, 18 de febrero de 2010.
Compañeras y compañeros, amigas y amigos:
El triunfo de la derecha en la elección presidencial es un retroceso de las perspectivas democratizadoras que hemos impulsado. No obstante, en nuestro caso, los resultados de la primera vuelta fueron un avance.
Por primera vez en 37 años habrá en la Cámara tres diputados comunistas -tres diputados de la izquierda- electos con altas votaciones. Aunque desde luego aspirábamos a una mayor adhesión electoral, en la elección presidencial alcanzamos el más alto porcentaje obtenido por una candidatura de izquierda desde 1970.
Lo conseguimos a pesar de ostensibles desventajas: para elegir parlamentarios en el sistema binominal debimos concentrar nuestra fuerza, no postular candidatos a senadores e inscribir sólo 12 candidatos a diputados de las propias filas. Nuestros adversarios nos superaron en gasto total declarado por 9, 15 y 31 veces. Tuvimos que prevalecer sobre varias tentativas de horadar nuestros apoyos y liquidar nuestra opción. Los espacios que la prensa escrita, radial y televisiva entregó a las demás candidaturas fueron, según todas las mediciones, muy superiores a los asignados a la nuestra.
Desde el punto de vista cualitativo, la campaña movilizó a numerosos jóvenes que se aproximaron a nuestras organizaciones para participar o iniciar su vida política. Candidatas y candidatos identificados con nuestras ideas vencieron en la mayoría de las elecciones universitarias realizadas en 2009. Ofrecimos a la ciudadanía, una vez más, el ejemplo de las múltiples acciones y jornadas voluntarias emprendidas por ustedes sin más estímulo que el deseo de luchar por sus ideales. El Juntos Podemos y la estructura nacional de sus organizaciones, el Partido Comunista y la Izquierda Cristiana, el Frente Amplio con sus componentes en desarrollo, e innumerables dirigentes sociales, barriales, sindicales, de la cultura, y muchos independientes, se movilizaron con mística y entusiasmo, dignificaron la política y reafirmaron valores y principios. Nuestra propaganda fue la más austera y hermosamente artesanal, y nuestra franja televisiva la más original y de más alto nivel cultural.
Hicimos visible la idea de una sociedad distinta, de otro modo de convivir, de un país regido por criterios de igualdad y de libertad y no por el imperio del mero cálculo económico. Nuestro mensaje programático fue poderoso y estremeció la pauta de debate impuesta por los medios de comunicación controlados por la derecha. El resultado fue una convergencia de mucha potencialidad entre las concepciones de avanzada social y el inconformismo popular, que va más allá de las opciones de voto, muchas de ellas determinadas por la idea del “voto útil” u otros cálculos similares.
Nuestro discurso político sin dobleces evidenció que no es concebible cambiar Chile sin izquierda o con una izquierda acallada, porque sólo nosotros asumimos explícitamente las aspiraciones populares y nos atrevemos a colocar en discusión los temas que los demás evitan u ocultan. Si no hubiésemos levantado un programa propio y una candidatura, ninguno de los otros presidenciables habría considerado reemplazar la actual Constitución y nadie hubiera propuesto una Asamblea Constituyente para permitir la expresión de la soberanía popular, ni sustentado con ímpetu los derechos históricos de los pueblos originarios, ni la justicia plena en materia de derechos humanos, ni tampoco la recuperación del cobre para Chile y los chilenos.
Nadie hubiera subrayado la centralidad de los profesores en la educación, el imperativo de terminar con la municipalización de escuelas y liceos, la necesidad de un trato digno para las universidades públicas y de avanzar hacia un sistema nacional de educación pública gratuito que signifique un ataque frontal a la desigualdades. Ningún otro programa planteó, sin vacilaciones, la cuestión de género y el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer, ni propuso una concepción en que desarrollo y protección del medio ambiente fueran parte de una misma ineludible ecuación, ni demandó una legislación laboral que proteja efectivamente a los trabajadores. Ninguno como el nuestro se pronunció de manera terminante contra todas las formas de discriminación, entre ellas la fundada en la libre opción sexual de las personas.
Siempre llamamos las cosas por su nombre. Sabemos que la renuncia a las identidades comienza por el lenguaje: olvidar el nombre de las cosas, rebautizarlas según hacia dónde sopla el viento, llamar “gobierno militar” a la dictadura, “pronunciamiento” al golpe de estado, “democracia” a la democracia incompleta, “excesos” a las violaciones de los derechos humanos, “equidad” a la justicia social, “imperio de la ley” a la represión policial desmedida, “flexibilidad laboral” al despido arbitrario, “libre mercado” a la concentración oligopólica, “interés máximo convencional” a la usura legalizada, “progresismo” a una visión impregnada de escepticismo sobre las posibilidades de luchar por cambios más profundos.
Son bien evidentes las insuficiencias de la tarea que juntos realizamos. Entre ellas, subrayo dos: primero, no estuvieron en nuestra campaña todos los que comparten o se aproximan a la visión de sociedad que propiciamos. Debemos ser persistentes para abrir espacios y tender puentes que nos acerquen a todos los socialistas fieles al legado allendista, a ex militantes antidictatoriales hoy dispersos o pasivos, a compañeras y compañeros que desconfían de la lógica partidista, de la participación electoral o de los entendimientos con fuerzas de centro, pero que tienen con nosotros amplias coincidencias programáticas.
Segundo, no conseguimos movilizar a más de un 40% de ciudadanos excluidos o autoexcluidos de formular su opinión a través del voto, en particular jóvenes que no han querido hasta ahora tomar partido en las contiendas electorales. Con muchos de ellos compartimos el rechazo al modelo político y económico vigente y un horizonte de más libertad e igualdad.
Un mes antes de la elección formulamos una invitación a Frei y Enríquez, de cara al país, durante el último debate televisivo: la idea era impedir que ganara la derecha y hacer pública una común disposición a apoyar en el balotaje a aquel de los tres que obtuviera un voto más, sin otra condición que la reciprocidad y algunos acuerdos básicos. Nos parecía crucial, en ese momento, hacer sentir a los electores que Piñera no podría superar la barrera de una voluntad común de las tres postulaciones que no eran de derecha. Sin embargo, Frei y Enríquez evadieron una respuesta oportuna o expresaron objeciones.
Durante la campaña, Enríquez generó “un espacio de ambigüedad favorable a Sebastián Piñera”, como expresé en presencia de ambos aludidos, ambigüedad que los medios de comunicación de derecha se encargaron de alimentar y sostener sin pudor alguno. Frei, mal asesorado, enfrentó con manifiesta debilidad la ofensiva de Enríquez, sin poner en evidencia los equívocos del discurso de su contendor ni hacerse cargo frontalmente de sus imputaciones. El interés de muchos concertacionistas por capturar a cualquier precio los votos de Enríquez para asegurar su sillón parlamentario y un mal cálculo sobre la segunda vuelta, inhibieron una adecuada respuesta de Frei y de sus candidatos a los ásperos ataques de que fue objeto. Así, la ya erosionada identidad de la Concertación se diluyó aún más, víctima de la descalificación sin respuesta dirigida contra su líder.
En la segunda vuelta, la definición mayoritaria de las fuerzas que apoyaron nuestra candidatura fue aceptar la propuesta de 12 puntos a la que se comprometió unilateralmente y por escrito el comando de Frei y votar por él. Esos 12 puntos debieran, si los concertacionistas fueran coherentes, constituir una base mínima para la actuación de sus parlamentarios y los de izquierda en el próximo período. Algunos de los nuestros estimaron insuficiente la propuesta de 12 puntos, pero aún así no se hicieron parte de la convocatoria a votar nulo que otros sectores formularon.
Compañeras y compañeros:
El gobierno de Piñera representa el punto más alto de fusión entre dinero y política. Hoy la derecha suma al poder económico, comunicacional y gubernamental, buena parte del Congreso y de los municipios, poderosas universidades, colegios y escuelas, instituciones de salud y seguridad social privadas, o sea una concentración de facultades desconocida en Chile, salvo durante los diecisiete años de dictadura pinochetista.
Es una imperiosa necesidad de la justicia social abocar nuestra energía a reconfigurar un actor poderoso e influyente, capaz de comprometer a la ciudadanía en las luchas populares, a incidir en los movimientos sociales, en las políticas públicas, en el Congreso, en el indispensable debate político-cultural. Si no lo logramos, todo cambio profundo que contravenga las bases del actual modelo será postergado o terminará en una simple corrección destinada a sostenerlo.
La opinión pública es ahora convocada a nuevos juegos retóricos como la llamada “oposición constructiva” y el denominado “gobierno de unidad nacional”. La verdad es otra: el modelo será profundizado por los nuevos gobernantes para reafirmar el lucro como el motor de todos los ámbitos de la existencia, disminuir el sentido y significado de lo público, lo colectivo, lo comunitario, e intensificar el uso de los instrumentos represivos del Estado y de los mecanismos de disciplinamiento social. Entre estos últimos destacan la precarización del empleo y la desprotección del trabajo y el perverso e interminable circuito del endeudamiento y la transferencia de los colosales intereses a los capitales financieros concentrados.
En la práctica, la “oposición constructiva” será el nuevo nombre de la complicidad con el modelo y del acomodo de parte de la Concertación a una circunstancia en que el ejercicio de la política será mucho más abiertamente funcional a la gran economía privada. “Gobierno de unidad nacional” será la manera de llamar un supuesto afán de incluir que sirva de cobertura al viejo e irrenunciable afán de excluir que ha caracterizado históricamente a la derecha.
La cohabitación binominal entre los partidos de la Concertación y la derecha no se romperá mientras la izquierda no se desarrolle más y genere magnetismo y fuerza suficiente. Bajo un gobierno de derecha el terreno de batalla política y social es más desnivelado que frente a un gobierno de centro, como hubiera sido el de Frei. Por eso la construcción de una izquierda plena, heterogénea, crítica, futurista, y con capacidad de aliarse es una tarea más compleja, pero también más imperiosa.
Amigas y amigos:
En la primera vuelta emergieron dos posturas directamente competitivas con la nuestra, ambas de matriz concertacionista. Una, el “progresismo” que, gracias a su singular plasticidad, ha sido incluso reivindicado conceptualmente por Piñera y dirigentes de la UDI. Esta reivindicación de la derecha se agrega a un proceso de desfiguración o vaciamiento que ha sufrido el término “progresismo”, hoy invadido en todo el mundo por concepciones “social liberales”. La Concertación se ha ido acercando cada vez más a este punto de vista. Este hecho obliga muy particularmente al Partido Socialista -aunque no sólo a él- a enfrentar un tiempo de definiciones en el que deberá definirse “progresista” o retomar su identidad de izquierda.
El “progresismo liberal”, definición no única pero principal que Enríquez adoptó durante la campaña, se convirtió en el manto de la segunda postura abiertamente competitiva con la nuestra: el “transversalismo”, una variante de los movimientos de amplio espectro en que conviven sectores de pensamiento de avanzada social con segmentos de impronta neoliberal. El “transversalismo”, teorizado y promovido expresamente por Enríquez y sus directivos, constituyó un espacio promiscuo, agresivo con la izquierda, a la que descalificó y atacó duramente, que logró captar, con un discurso atrevido, en constante deslizamiento en una y otra dirección, parte significativa del descontento frente a la binominalización del país y a la actuación de los partidos. Hábilmente la derecha lo convirtió en un dispositivo para golpear a la Concertación, frenar la emergencia de una izquierda más vigorosa y, en último término, facilitar la elección de Piñera.
Para nosotros no era sencillo enfrentar este desafío. Por una parte, por las limitaciones materiales. Por otra, porque la decisión de proponer al país un programa posible pero radicalmente reformador no se conjugaba con la disputa del voto fácil, aquel al que importa más la resonancia que el contenido. De este modo hubo personas de pensamiento de izquierda que quedaron entrampadas por la atracción mediática del “transversalismo”. Pero, especialmente, faltaron puentes entre el mundo orgánico y aquel de ánimo más receloso y distante de los procesos electorales y de los partidos. No tuvimos una plataforma común más desarrollada, más allá de los esfuerzos valiosos realizados por años por el Juntos Podemos, que permitiera consolidar lazos con los segmentos más desintegrados del sistema político.
En todo caso, cualquiera sea la frontera que se establezca entre los “progresistas” y los “transversalistas”, ambas opciones ni sustituyen ni representan a la izquierda actual ni a aquella más amplia que pudiéramos configurar. El progresismo es una opción ciertamente legítima, si bien distinta a la nuestra. Será, en todo caso, una corriente con la cual podríamos eventualmente pactar o coaligarnos, según determinen las circunstancias, pero desde una posición definida y clara.
¿Qué hacer para construir esta izquierda actualizada? Para dar un primer paso es deseable generar acuerdos sobre ideas básicas y modos de impulsarlas y desechar toda pretensión a concordancias totales. Una gran asamblea nacional convocada con amplitud podría debatir esta materia. Habrá entre nosotros, pienso, componentes orgullosos de su larga historia, indispensables por su convicción y su demostrada capacidad de sobrevivir a ataques mortales y continuar proyectándose, y también sectores emergentes, con identidades en recuperación o en desarrollo.
Pero, si nos trabamos en una disputa entre quienes postulan ignorar la fuerza de la izquierda clásica donde se ubican socialistas, comunistas y cristianos de avanzada, y quienes no se identifican con esas vertientes históricas, no llegaremos lejos. El pasado, sin duda, no es un modelo de futuro, el futuro es un proceso siempre en construcción. No se puede construir futuro ignorando la propia historia, pero el campo de batalla no es el pasado sino el porvenir. No es esta una banal cuestión de generaciones, es un asunto sobre el modo de construcción de fuerza, que requiere de un curso constante de acumulaciones.
Las opciones organizativas deberán ser múltiples. Es deseable que convivan fructíferamente, desde el partido formal, pasando por el instrumental, las entidades de naturaleza social o cultural, los organismos existentes de hecho, los medios de comunicación de raigambre popular, hasta los individuos que quieran participar como tales. Sin duda la izquierda requiere ser política y social, reforzar las organizaciones existentes e impulsar el surgimiento de otras y respetar sus grados de autonomía derivados de su quehacer específico. Para convivir en la diversidad, la izquierda deberá ser una fuerza, un vector, una liga, un encuentro, un frente, un movimiento, como quiera llamársele, que agrupe a los organizados, ofrezca un cauce a los dispersos y despierte a los dormidos.
En los tiempos que vienen las cuestiones que juntos levantamos el 2009 no perderán vigencia. Que el pueblo soberano se exprese en una Constituyente y elabore una Constitución democrática seguirá siendo un imperativo. Lo será también no sólo evitar la privatización de CODELCO sino desarrollar una ofensiva para crear un movimiento nacional por la recuperación del cobre para los chilenos. La anulación de la ley de amnistía de 1978 deberá ahora contar con nuevos adeptos si los partidos de la Concertación cumplen con los 12 compromisos que asumieron para la segunda vuelta. La idea del salario mínimo ético y nuestra propuesta para establecerlo gradualmente continuará siendo un desafío.
En fin, será preciso, en torno a nuestros grandes anhelos, llevar a la práctica el programa, que también recoge los graves problemas que la mayoría de los ciudadanos padece en su vida diaria. Hace falta organizar luchas sectoriales, precisas y focalizadas, que signifiquen nuevos espacios eficaces de participación y movilización social.
Pienso que la izquierda debe concebirse como una nunca terminada síntesis entre lo clásico y lo nuevo, proponerse cultivar las esferas de lo político, lo social y lo cultural con igual energía, agitar sus grandes banderas transformadoras y, al mismo tiempo, ocupar los microespacios de la vida cotidiana. Es decir, ser movimiento, o frente, ser partido y sindicato, ser junta de vecinos y centro cultural, ser militante y ser adherente, ser afiliado a un partido y ser independiente, ser asociación de consumidores, ONG ecológica, centro de estudios o escuela de formación ciudadana.
Amigas, amigos, compañeras, compañeros:
Sinceramente no puedo afirmar con certeza que podamos realizar un proyecto unitario y superador de esa amplitud y pretensión en tiempos relativamente breves. Entiendo que con motivo de la reciente campaña he acumulado temporalmente un patrimonio político que no me pertenece en exclusiva y que corresponde al esfuerzo de todos aquellos que me apoyaron. Por eso siento el deber y, al mismo tiempo, tengo la aspiración de contribuir a que ese proyecto común se desarrolle. Deseo hacerlo desde una condición que, al menos por el tiempo previsible, será la de un ciudadano sin afiliación partidaria. No aspiro a cargos de dirección política ni a candidaturas. Estaré disponible para la tarea indicada, en la medida de mis propias posibilidades y definiciones personales.
Algunos me han dicho en las últimas semanas que debemos prepararnos para derrotar a la derecha dentro de cuatro años. Siempre estaré listo para participar en una tarea con esa convocatoria. Sin embargo, creo que será imposible lograrlo si ese es el objetivo único que nos proponemos porque, si bien atractivo, es insuficiente. Desplazar a la derecha requiere nuevos actores y otro proyecto, no uno parecido al que sustenta la propia derecha. Derrotar a la derecha dentro de cuatro años no puede ser un juego de “alternancia” y de nueva consagración del sistema político imperante. Una Concertación erosionada que se acomode ahora a ser la oposición, más “constructiva” o menos “constructiva”, dentro del viscoso escenario de la cohabitación binominal, carece, como lo señalé hace mucho tiempo, de capacidad política y creadora para construir nuevos tiempos.
Ni la cosmética ni el rejuvenecimiento de rostros podrán sustituir la renovación de padrones partidarios explotados hasta la saciedad por las respectivas cúpulas, la autocrítica a fondo, fundada y verdadera, y una visión de futuro que no siga pagando un costoso diezmo a la autocomplacencia, a los militantes lobistas, a los operadores que negocian todo con todos, a las múltiples redes transversales que tejen un poder que pareciera impermeable a los resultados electorales. Los indispensables cambios que auguro que ocurran, serán un proceso. Llevarán más o menos tiempo según nuestro empeño y vocación unitaria.
Sí, habrá que unir fuerzas para derrotar a la derecha. Pero sólo una izquierda recargada en sus perspectivas e integrantes podrá garantizar que vivamos efectivamente nuevos tiempos y no la repetición de un ciclo con los mismos actores y el mismo paisaje.
No habrá victoria sobre la derecha sin una izquierda orgullosa de sí misma, diversa, imaginativa y creadora, que proponga un futuro más libre e igualitario y ennoblezca la política.
Fraternalmente,
Jorge Arrate Mac Niven






charles chalvera comentó el 19 de Febrero, 2010 a las 4:02 pmseñor arrate, lamentablemente a ud, no le creo nada de lo que dice, sus actos hablan por usted, como no olvidar su rostro firmando en el gobierno de frei, y en algo tan sensible como lo es la educacíon, lamentablemente el partido comunista (ese que vota), se murio con la gran Gladys Marin, ejemplo de coraje y una sola linea, puede ser el sistema binominal, pero eso no es excusa, en la juventud hay mas comunistas que en sus votos de personas tontas, en fin, asco me da escucharlo y leerlo, que siga comodo en su living y dediquese a su empresa mejor, los jovenes seguiremos luchando por hacer conciencia en la población, ya que la educación de libre mercado no lo permite, y miraremos más alla de este retroceso parcial con la elección del patrón, adios…

Marce comentó el 20 de Febrero, 2010 a las 7:37 amasí y todo, lo que expresa en su carta son puras verdades
no puedes decir que el partido comunista murió con Gladys Marín, qué falta de respeto para los que aún siguen trabajando

Eugenio Farias comentó el 20 de Febrero, 2010 a las 10:18 amConcuerdo plenamente con Charles,pero quiero agregar que este señor arrate es el mismo que fue ministro de educacion y nunca hizo nada para pagar la deuda historica a los profesores y jamas se le paso por la cabeza corregir el sistema educativo.
Pero debo decirle señor arrate,que me dio mucha rabia y cansancio tratar de leer su añejo articulo,no fui capaz de leer tanta perorata dialectica y semantica,que son las armas que utilizaran estos politicastros para envolver nuevamente a las masas y tratar de volver nuevamente al gobierno en 4 años mas,espero que de aqui a esa fecha desaparezcan estos dinosaurios corruptos y den paso a gente honesta y capaz para sacudirnos de verdad el yugo imperialista que estos dinosaurios nos dejaron caer con su “alegria que nunca llego”.
Señor arrate,vayase a estados unidos con su esposa,a disfrutar de sus millones ganados con tanto esfuerzo durante la dictadura democratica impuesta por ustedes mismos.

Antonio comentó el 20 de Febrero, 2010 a las 6:25 pmClarito Jorge Arrate como en toda la campaña, es una lástima que no haya obtenido mayor votación, pero como bien dice el voto de izquierda no es un voto fácil, es un voto consciente e informado y esto no es muy común hoy en día donde la mayoría de las personas votan por una sonrisita o un bonito de 40 lucas o por regalitos. Siguen algunos con la costumbre de atacar al PC, bueno si los perros ladran… Oye Eugenio estai clarito los gobiernos de la concertación fueron una mierda a mi parecer, pero una dictadura democrática, por favor el futuro gobierno de piñera será algo parecido a lo que dices.

Jorge Mariscal comentó el 21 de Febrero, 2010 a las 7:01 amMmmmm…a ver, un comunista como ministro de educación en el gobierno de Frei quien hacía estrecho lobby con Pinochet…mmm…ministro de un área clave para la formación íntegra de una República….y no hizo nada….mmmmh…!!
Comunistas empresarios, en otrora intelectuales??…mmmm….siempre me los imaginaba en escritorios escribiendo ideas por un nuevo mundo viable.
los políticos son todos empresarios? de dónde sacan plata? uno que es asalariado…mmm…sólo los políticos empresarios pueden ser candidatos presidenciales y son elegidos por “asignador de candidatos” un Gepetto hacedor de títeres?
Estos tipos duermen tranquilos y beben su café revolviendo su taza y no piensan para sí mismos “Soy un maldito fraude”, ellos se dicen : “Soy líder y soy la solución al dolor de la sociedad”???
Suponiendo que haya querido hacer algo, debemos entender que toda iniciativa política llega al final del embudo constitucional redactado por oligarquías egoístas.
Y le seguimos dando vueltas a este asunto donde “los fatuos logros de la concertación en estos años de bonanza “coimeativa” y de lamer orificios son puras especulaciones estúpidas para partirnos las ideologías en dos bandos que no existen, que son uno solo y se colorean, por que los peces grandes seguirán comiendo pequeños…mientras que en el mundo suceden cosas infinitamente más importantes como lo son las vacunaciones genocidas, la impresión de nuestra moneda a manos de banqueros internacionales, del robo de nuestro oro por que países ricos exigen oro sólido en sus bancas, como resguardo de la hipócrita moneda digital…
nooo, dejémonos de payaseos….!!

Juana La Loca comentó el 21 de Febrero, 2010 a las 7:23 pmJorge Mariscal, te recomiendo dejar de ver tantos videos de conspiraciones y “hombres tras la cortina” en tu pc de asalariado. En tu trabajo sindicalízate, en tu barrio organízate y en tu cabecita floja trata de generar alguna idea propia.
Zángano, clásico lloroncito mamón que prefiere comentar tonteras en vez de leer un poco y enterarse de cómo viene la mano. Y ponerse a trabajar!

lory lem comentó el 22 de Febrero, 2010 a las 9:28 pmQue loca esta tipa!!

jorge mariscal comentó el 22 de Febrero, 2010 a las 9:54 pmLos video de youtube, son los pocos canales creíbles de información anti mediáticas, no así mentiras difundidas por los medios de comunicación tradicionales.
Cuando cito el color de los abanderados, siempre digo que es monotono, no hay colores, hay tipos detrás de la cortina. Para algunos esto ciertamente parece una cómica teoría conspirativa, y para otros se asustan insultando con cuanto improperio imaginativo se le halle al paso,otros como yo, la analizan y difunden. Por eso recurro a periódicos como “El Ciudadano” para clarificar dudas y ciertamente aprender para opinar de puntos tan claves como que da lo mismo lo que diga Arrate, pues no hizo nada por el pueblo y nada va a hacer tampoco, jamás, nunca.
Un vago ejemplo que vi hace poquito, es meritorio dejarlo expuesto, aún el párrafo del artículo del cáncer y biomagnetismo, dice textual:
“CURAR Y CALLAR”
En la actualidad existen 3 libros publicados sobre biomagnetismo: El Par Biomagnético El fenómeno Tumoral, El Sida es curable; 172 tesinas publicadas por la Universidad Autónoma Chapingo de Ecuador, y cerca de 6 volúmenes con estudios de casos que avalan esta técnica.
No obstante, grandes instituciones no se han pronunciado sobre los beneficios de esta terapia.“Tienen toda la información la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud, la Rockefeller Fundation y El ministerio de Salud de México”, aseguró Goiz.
“Más aún, el Subsecretario de Salud mexicano al recibir información sobre el tema señaló “no tengo tiempo de leer eso”, dando cuenta del nulo interés en analizar el tratamiento.
De acuerdo al testimonio entregado por Francisco Mena, quien está cargo del Centro del médico en Santiago, cuando el doctor dio cuenta del descubrimiento del par biomagnético a las autoridades, “fue amenazado de muerte”.
El Dr. Goiz, afirma que su terapia está “en contra de un Sistema que nos puede apabullar”. Asegura haber recibido una represión brutal: “me dijeron, si usted continúa, su familia no amanece”.
En el caso de Chile, Goiz también entregó antecedentes a nuestras autoridades para dar cuenta de los beneficios del biomagnetismo. Según lo que comenta Mena “el Dr. Goiz mandó una carta al presidente Ricardo Lagos, pero no tuvo ninguna respuesta”.
Durante el gobierno de Michelle Bachelet, también habría insistido, sobre todo cuestionando el Plan Auge, en orden a que el biomagnetismo era una alternativa de sanación, pero “tampoco hubo ninguna respuesta”, criticó Mena.
Después de 20 años de aplicar el biomagnetismo a la salud, y pese a las amenazas y falta de reconocimiento de algunos gobiernos e instituciones, el Dr. Goiz ha impartido una filosofía entre sus terapeutas y a favor del paciente: “Curar y Callar”…
Ciertamente,las teorías conspirativas apuntan a desenmascarar absolutamente todos las solapadas aristas de un sistema anguloso y enmarañado, que apunta eficientemente al deterioro de la Dignidad Humana.

Elvira comentó el 2 de Noviembre, 2011 a las 11:34 amEsto se puede considerar como un discurso politico?