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La auto-organización de los proletarios frente a la catástrofe, los lumpen-capitalistas y la incapacidad estatal

Sería muy bueno que, teniendo usted este medio de difusión, pudiese dar cuenta de lo que está pasando en Concepción y sus alrededores, así como en otras zonas afectadas por el terremoto. Ya se sabe que desde el primer momento mucha gente aplicó el mayor sentido común y acudió a los centros donde se almacenan las provisiones, apropiándose sin más de lo que necesitaban. Aquello es lógico, racional, necesario e inevitable, tanto que hasta parece algo absurdo ponerlo siquiera en discusión.

No sólo hubo una organización espontánea (especialmente en Concepción) de la gente, que repartió leche, pañales y agua de acuerdo a las necesidades de cada cual, atendiendo al número de hijos de cada familia especialmente. La necesidad de tomar los productos disponibles era tan obvia, tan poderosa la determinación del pueblo a ejercer su derecho a sobrevivir, que hasta los policías terminaron ayudando a la gente a sacar los víveres del supermercado Líder de Concepción, por ejemplo. Y cuando se intentó impedir que la gente hiciera lo único que podía hacer, las instalaciones en cuestión simplemente fueron incendiadas, pues es igualmente lógico que si toneladas de alimentos han de pudrirse en lugar de ser debidamente consumidos, es mejor que esos alimentos se quemen, evitando así peligrosos focos de infección.

Estos “saqueos” le han permitido a miles de personas subsistir durante algunas horas, a oscuras, sin agua potable y sin la más mínima esperanza de que alguien más venga en su ayuda. Ahora bien, en el transcurso de unas horas la situación ha cambiado drásticamente. Por toda la conurbación penquista han empezado a actuar bandas bien armadas y movilizadas en buenos vehículos, que se dedican a saquear no sólo pequeños establecimientos, sino viviendas particulares y grupos de casas. Su objetivo es acaparar los escasos bienes que la gente hubiera podido recuperar de los supermercados, así como sus enseres domésticos, dinero o lo que haya. En algunas áreas de Concepción estas bandas han saqueado las casas, luego las han incendiado y han huído. Los vecinos, que al principio se encuentran en la más completa indefensión, han empezado a organizarse para la auto-defensa, haciendo rondas de vigilancia, levantando barricadas para proteger sus pasajes, y en algunos barrios colectivizando los víveres para asegurar la alimentación de todos los vecinos.

Con este breve recuento de los hechos ocurridos en horas recientes no pretendo “completar” el cuadro informativo proporcionado por otros medios. Quiero llamar la atención sobre el contenido que encierra esta crítica situación, y el sentido que tiene desde un punto de vista anticapitalista. El impulso espontáneo de la gente a apropiarse de lo necesario para su subsistencia, su tendencia a dialogar, compartir, ponerse de acuerdo y actuar juntos, ha estado presente desde el primer momento de esta catástrofe. Todos hemos visto esta natural tendencia comunitaria actuando de una forma o de otra en nuestro entorno. En medio del horror experimentado por millones de trabajadores y sus familias, este impulso a vivir en comunidad ha emergido como una luz en medio de las tinieblas, recordándonos que nunca es tarde para recomenzar, para volver a nosotros mismos.

Frente a esta tendencia orgánica, natural, comunista, que ha animado al pueblo durante estas horas de espanto, el Estado ha palidecido revelándose como lo que es: un monstruo frío e impotente. Asimismo, la brusca interrupción del demencial ciclo de producción y consumo, dejó al empresariado a merced de los acontecimientos, obligado a esperar agazapado el restablecimiento del orden. En definitiva, una verdadera brecha abierta en la sociedad, por la que podían emerger los destellos del mundo nuevo que habita en los corazones de la gente común.

Era necesario entonces, urgente, restablecer a toda costa el viejo orden de la rapiña, del abuso y el acaparamiento. Pero no desde las más altas esferas, sino desde el mismo suelo de la sociedad de clases: los encargados de volver las cosas a su sitio, es decir, de imponer por la fuerza las relaciones de terror que permiten la apropiación privada capitalista, han sido las mafias del narcotráfico enquistadas en las poblaciones, los más arribistas de entre los arribistas, hijos de la clase trabajadora aliados con elementos burgueses para ascender a costa del envenamiento de sus hermanos, del comercio sexual de sus hermanas, de la avidez consumista de sus propios hijos. Mafiosos: es decir, capitalistas en estado puro, depredadores de su pueblo apoltronados en camionetas 4×4 y armados de pistolas automáticas, dispuestos a intimidar y despojar a sus propios vecinos o a los habitantes de otros barrios, a fin de monopolizar el mercado negro y hacer dinero fácil, es decir, poder.

Que estos elementos mafiosos son aliados naturales del Estado y de la clase empresarial, lo demuestra el hecho de que sus indignas fechorías están siendo usadas por los mass-media para hacer entrar en pánico a la ya desmoralizada población, justificando así la militarización del país. ¿Qué otro escenario podía ser más propicio para nuestros amos políticos y empresariales, que ven en esta crisis catastrófica nada más que otra buena oportunidad para hacer buenos negocios estrujando con ganancias redobladas a una fuerza de trabajo doblegada por el miedo y la desesperación?

Por parte de los adversarios de este orden social, no tiene ningún sentido cantar loas al saqueo sin precisar el contenido social de tales acciones. No es lo mismo una masa de gente más o menos organizada, o al menos con un propósito común, tomando y repartiéndose los productos que requieren para subsistir… que unas bandas armadas saqueando a la población con tal de lucrar en beneficio propio. Lo cierto es que el terremoto del sábado 27 no sólo ha golpeado terriblemente a la clase trabajadora y destruido las infraestructuras existentes. También ha trastornado seriamente las relaciones sociales en este país. En cuestión de horas, la lucha de clases ha emergido en toda su crudeza ante nuestros ojos, quizás demasiado acostumbrados a las imágenes televisadas para poder captar la esencia de los hechos en curso.

La lucha de clases está aquí, en los barrios reducidos a escombros y penumbras, chisporroteando y crujiendo en el suelo mismo de la sociedad, enfrentando en un choque mortal a dos clases de seres humanos que al fin se encuentran cara a cara: por un lado los hombres y mujeres sociales que se buscan entre sí para ayudarse y compartir; y por otro los antisociales que les saquean y les disparan para iniciar su propia acumulación primitiva de capital. Acá estamos nosotros, los seres opacos y anónimos de siempre atrapados en nuestras grises vidas de explotados, de vecinos y parientes, pero dispuestos a estrechar lazos con quienes compartimos la misma desposesión. Allá están ellos, pocos pero dispuestos a despojarnos por la fuerza de lo poco y nada que podemos compartir. De un lado el proletariado, del otro el capital. Así de simple. En muchos barrios de esta tierra devastada, a estas horas de la madrugada la gente empieza a organizar su auto-defensa frente a las bandas armadas. A esta hora empieza a tomar una forma material la conciencia de clase de quienes se han visto obligados, brutalmente y en un abrir y cerrar de ojos, a comprender que sus vidas les pertenecen ellos mismos, y que nadie vendrá en su ayuda.

Por Anónimo

Fuente: Punk Free Jazz Dub

Texto subido por:

Leonel Retamal

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4 comentarios para “La auto-organización de los proletarios frente a la catástrofe, los lumpen-capitalistas y la incapacidad estatal”

  1. José comentó el 4 de Marzo, 2010 a las 6:56 pm

    Subjetividad en su maxima expresion. Simplemente eso

  2. Pablo comentó el 5 de Marzo, 2010 a las 6:58 pm

    Me parecen bien algunas ideas del texto, en especial la legitmiación de cualquier forma de recuperación de los alimentos de los grandes supermercados. Sin embargo, tendría más cuidado con afirmar como “positivo” cualquier acto espontáneo de las masas. En especial, pienso que si hubieran existido organizaciones políticas y sociales fuertes, tales actos de recuperacíon y repartición de los alimentos serían mucho más exitosa. Lo mismo ocurriría con los actos de autodefensa que la clase obrera debe tomar contra esa basura social llamada lumpen, basura que no duda en dañar a la misma clase a la que pertenecen, saqueando sus hogares y sus pertenencias tal como lo hacen los empresarios con sus trabajos.
    Tal recuperación y autodefensa serían, con organización de los explotados, mucho más eficaces. En efecto, ¿quien más que los trabajadores sabe de sus propias necesidades?
    Por ello, creo que una gran lección que nos deja esta “catástrofe social” es que la solución para las miserias de los explotados es una sola: organización, organización y más organización (tanto social como política).

    Saludos

  3. anonimo comentó el 5 de Marzo, 2010 a las 8:32 pm

    comentario de los años ’70

  4. Panchito comentó el 6 de Marzo, 2010 a las 1:41 pm

    Coincido con quien dice que se requeria organizacion ante estas acciones, que de ser tan espontaneas eran precarias. Un compañero comunista (no del partido dice, sino comunista como parte de un movimiento que nace de las entrañas de la sociedad capitalista) me decia algo que encontre interesante: No es el proletariado el que debe organizarse ahora ni dejarse organizar, sino contar con un grado de conciencia de clase que llegado el momento en que se expresan la voluntad del capital o este se vuelve un problema directo, ser capaz de autoorganizarse acorde a el escenario mismo.
    Es un poco utopico pero me daba el ejemplo de las organizaciones de corte leninista…fue una necesidad provocada por las circunstancias de la revolucion rusa la que llevo a conformar ese tipo de organizacion, por lo que hoy debemos saber adaptarnos a las formas de la lucha de clases. Me daba el ejemplo de los anarkos, que no comparte nada de ellos salvo la capacidad de adoptar formas amorfas para el poder, donde este busca un “numero uno” que desbarate todo, pero es imposible. Me hacia la analogia entre el descentramiento de los capitales en nodos interconectados con la forma de lucha tambien grupuscular, golpeando en lugares dispersos.

    Si bien esta ultima no ha dado ningun resultado mas que mala fama para los anarkos, es nuestro deber preguntarnos que resultado ha dado mantener el mismo tipo de organizacion de corte leninista en la mayoria de nuestras organizaciones al dia de hoy. La respuesta es triste: la UDI tiene mas insercion que nosotros.
    Para pensar supongo.

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