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Crónica de un voluntario en Concepción

Finalmente al avión despega. Atrás queda Santiago y su tensa calma. Las pequeñas instalaciones del grupo 10 de la FACH, lugar desde donde despegó el Hércules que me transporta aún quedan fuerzas de rescate sin embarcar: bomberos, militares, policías y médicos. Se mezclan con un amplio contingente de civiles, en su mayoría peruanos, que intenta salir del país para retornar con sus más cercanos.

El vuelo es corto, no alcanzo a pestañar cuando mi compañero de butaca, un comisario de investigaciones asignado a una misión cuyos detalles  “no pueden ser revelados por motivos de seguridad”, salta de su asiento para mirar por la pequeñisima ventanilla del avión de carga. La recepción no puede ser más ad-hoc, grandes extensiones de tierra claramente utilizadas para el agro, se encuentran completamente anegadas y la única vivienda que alcanzo a divisar, no es vivienda tal, sino un techo tirado por ahí. Sin paredes, sin habitantes.

Concepción esta vacío, son las 10 am y el toque de queda continúa. Los militares apostados cada dos esquinas, no se cansan de pedir a cada vehículo el salvo conducto que nos autoriza recorrer la semi destruida urbe. Las pocas personas que se aventuran en la calle no despegan sus ojos de nuestro vehículo, claramente esperan algún tipo de distribución de alimentos o combustible. Esta misma carencia los ha llevado ha abrir directamente los pozos de las bencineras introduciendo mangueras para abastecerse. El riesgo es alto, pero el frío y el hambre también.

Mi destino es la llamada “zona cero”, lugar donde se han concentrado (una vez más) los medios de comunicación para despachar en directo los avances de rescate en el edificio Alto Río. Bomberos y miltares trabajan incesantemente, siempre atentos a cualquier señal de vida, pero solo hayan muerte. Un bombero recién llegado de Haití explica que en el caribe su misión era recuperar cuerpos de personas desconocidas, pero aquí las emociones juegan un mal rato, lo dan todo por rescatar sobrevivientes chilenos, como ellos, pero no lo consiguen y eso los frustra aún más.

Todo se mantiene en calma. Un supermercado abre sus puertas, otro par de bombas de bencinas hacen lo mismo, los periodistas “rostros” lanzan pequeñas bromas que relajan a sus colegas, pero la tierra nuevamente alza la voz y un remezón obliga a los rescatistas a salir rápidamente del edificio destruido para correr fuera de la “zona cero”, el riesgo de un colapso mayor es real. La réplica de 5,9 en la escala de Richter provoca sicosis, bomberos nos pide que nos retiremos del lugar porque se ha dado una alarma de maremoto, advertencia que nos confirman los militares apostados a un costado “esta confirmado, vayan a un lugar seguro ahora ya”. Caos, todos corren, las cosas se caen de las manos, seguimos corriendo hasta llegar al auto que nos espera un poco más allá. Los teléfonos comienzan a sonar, la información es cruzada, la radio desmiente la información, pero en la esquina siguiente un piquete militar continúa dando la alarma a través de altavoces, la gente no para de correr. Finalmente los llamados desde Santiago nos tranquilizan, todo es una falsa alarma.

Las labores de rescate continúan y comienza el uso de maquinaria pesada, las paredes del edificio son destruidas y poco a poco comienzan a llegar los habitantes del Alto Río para ver si pueden recuperar alguna de sus pertenencias, pero por seguridad no se les permite acercarse, solo se les pueden observar lo que alguna vez fue su hogar. Entre los escombros en altura una guitarra eléctrica, el bombero duda un segundo, parece en buen estado, quizás aun sirva, pero el tiempo apremia y el instrumento cae hecho añicos en el suelo. Ya no hay mucho que hacer.

La espera angustia, en esta zona de la catástrofe las cosas están dichas, la mezquindad de una constructora arrasó no solo con la vida de chilenos y chilenas, sino que también con los sueños de sus sobrevivientes. El panorama no es muy alentador aquí, la prensa con sus tiendas de campaña, antenas satelitales y contactos en directo lo hacen parecer más un show en vivo que una ciudad que necesita ponerse en pie lo más pronto posible. Creo que el verdadero dolor y la esperanza por resurgir a la adversidad no la encontrare aquí, no sé lo que me espera los próximos días pero espero encontrarme con aquellos que a falta de gobierno responsable han decidido tomar las riendas de su destino sin esperar la autorización para ello.

Por Nicolás Tapia

Desde Concepción

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3 comentarios para “Crónica de un voluntario en Concepción”

  1. esteban comentó el 4 de Marzo, 2010 a las 1:24 pm

    Hola

    Ese edificio cayo de forma horizontal. Entonces el terreno no era apto para construir. Quien entonces otorga el permiso de edificacion? Tiene el Alcalde responsabilidad en esto?

  2. karen orrego comentó el 4 de Marzo, 2010 a las 3:44 pm

    En concepcion, la carrera inmobiliaria ha sido tan avara que a estos señores no les interesa donde construir, les interesa VENDER, el suelo de esta ciudad es complicado no es apto para la construccion, esto se debe al caracter arenoso que posee debido a que antiguamente por esta ciudad pasaba el rio Bio Bio y Andalien, y, que con el transcurso de los años ha ido retrocediendo y acumulando arena en los sectores que hoy se conocen como el gran concepcion, por lo cual, los sitios donde se construyen estos edificios presentan cerca de 50 metros de arena de profundidad, esto explica la inestabilidad del suelo y las inundaciones. En general las zonas planas donde esta establecido concepcion y el sector interurbano entre concepcion, Talcahuano y Hualpen no tiene sitios aptos para la construccion ( menos de grandes torres de departamentos) puesto que representan antiguos rellenos del rio Bio Bio, es decir, solo hay arena debajo, no un terreno solido. claro, para las constructoras les es mas facil edificar sobre zonas planas porque asi es mas facil urbanizar, pero el tipo de suelo debe ser considerado. La municipalidad de concepcion tiene un mapa historico de riesgo creado en base a estudios hechos por la facultad de Geologia de la universidad de conce, mapa que , por lo visto, esta muy olvidado.

  3. José Gómez comentó el 5 de Marzo, 2010 a las 5:40 am

    En mi opinion, la actual Ordenanza General de Urbanismo y COnstrucciones, desliga de toda responsabilidad a los organismos publicos, de la evaluacion y supervision del cumplimiento de las exigencias constructivas, y estructurales, recayendo estas exclusivamente en privados. Esta pesima decision que hace el organismo publico, por logica, se traduce en un libertinaje constructivo, dejando sin supervision a un ente privado que en busca del lucro como fin ultimo, que tratará de avaratar costos presionando en cada una de las etapas, contratando a los profesionales de menos experiencia y por tanto mas economicos y mas manipulables posibles, trataran de disminuir estandares de calidad al minimo legal posible, para posteriormente contratar a los contratistas o constructoras que les ofrescan el menor costo posible por las obras que quieren implementar, las que a su vez, compraran los materiales al menor costo posible, y los implementaran con la mano de obra mas barata posible. Como guinda de la torta, con la rapidez que se quieren demoler los restos de las estruturas colapzadas, no habra evidencia para acusar a las inmobiliarias, quienes en el manto de duda que reinará, tratarán de desligar la responsabilidad final en sus profesionales y trabajadores mal pagados, argumentando errores de diseño que desconocian y que son exclusiva responsabilidad del arquitecto o ingeniero correspondiente, o si no el contructor, o si no los contratistas, o si no el maestro que aperno el ultimo anclaje de la estructura, aun cuando probablemente el error, la falta, o incluso el delito que cada uno pudo cometer, y que deberan asumir, tengan su generatriz en la falta de coraje, experiencia y/o etica, para haber abandonado la empresa correspondiente en vez de hacerse parte de la maquina negligente o criminal que llevó a la desgracia, aunque en el libertinaje reinante, sin la debida supervision estructural y constructiva por entes publicos, esta logica no es propia de unas pocas empresas si no de la mayoria, y es gracias a la etica y enteresa de los profesionales y trabajadores que han resistido las presiones del mercado y de sus propias empresas, que la tragedia no ha sido mayor a la que se conoce.

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