Respuesta a artículo “La pistola al cuello” de Fernando Villegas

En un comentario en el diario La Tercera [1], Fernando Villegas hace uso de su excelente pluma castellana, y también de su arte de sofista, para confirmar, desde su propia interpretación, los miedos y prejuicios de sus admiradores sobre hechos que, en torno al terremoto, nos han conmovido a todos.
A estos hechos se los ha descrito -no sólo bajo la pluma de Villegas- como “saqueo”, “pillaje” y “vandalismo”, y se los ha calificado de “robo” y, consiguientemente, de “delito”.
No descartamos que haya habido delitos y robos propiamente dichos en las acciones ocurridas en varios supermercados de diversas ciudades y pueblos. En efecto, hemos visto en las pantallas de TV a muchachos llevándose lavadoras y otros electrodomésticos. Hemos sabido de la existencia de mercado negro de productos básicos, por lo que no descartamos que también se hubieran cometido delitos en la adquisición de estos bienes que se revendían a precios elevados.
Sin embargo, rechazamos, como método sesgado de análisis, el tomar la “parte por el todo”. Lo que en letras es una figura o tropo llamado metonimia y sirve para enfocar el aspecto más importante de una cosa o hecho, en manos de un analista social, como quiere serlo Villegas, se convierte en un instrumento tan poco fino y tan dañino como lo sería un mazo, en vez de la llave, para abrir una puerta, – en este caso, la puerta que diera acceso a la interpretación de una realidad compleja.
La situación era, para muchas madres y padres de familia – los mismos que podemos encontrar en el bus o en la oficina, como dice Villegas -, no sólo compleja, sino perpleja. ¿Qué hacer para darles pan y leche a los niños, ponerles pañales a las guaguas, en suma, para alimentar a la familia en momentos en que todavía la autoridad estaba evaluando la catástrofe? La Presidenta en ejercicio y el Presidente electo sobrevolaban en helicóptero las zonas siniestradas. Fuera de esos ruidos de motores representando al Estado, no se oían aún los de los aviones o camiones que podrían traer, como lo hicieron hacia Haití, las vituallas indispensables.
En efecto, cuando lo indispensable falta y no se prevé cuándo ni cómo se lo podría adquirir, entonces se está frente a un caso de “necesidad extrema”. Y éste es el que define la perplejidad en que se encontraban muchos padres y madres de familia: ¿qué hacer? ¿pedirle al vecino? ¿o sacar lo indispensable allí donde se encuentra almacenado? Pero, ¿no es esto robo?
Para quienes hemos sido educados bajo el lema de la inviolabilidad de la propiedad privada, la figura del “delito” está clara. Sin embargo, un moralista tan conspicuo y ajeno a cualquier contagio ideológico de “izquierdas” como Tomás de Aquino (un teólogo del siglo XII y “santo” de la Iglesia Católica) escribe repetidas veces, invocando la autoridad de San Ambrosio de Milán, un “Padre de la Iglesia” católica, que “en caso de extrema necesidad, todas las cosas son comunes”[2]. Claro, Tomás de Aquino tenía una pluma y una mente sin prejuicios, ni los de izquierdas, como decíamos, pero tampoco los de impío individualismo que se nos ha venido inculcando desde la época del primer mercantilismo mundial, pero sobre todo en nuestros días de implacable y globalizado neoliberalismo.
En la misma sección de la anterior cita, Tomás de Aquino escribe una frase que hoy le sería devuelta con el apelativo de “comunista” a quien quisiera repetirla. La repito, pues, aun exponiéndome a ese “peligro” (si lo fuera…): “Se puede hablar de riquezas injustas, es decir, de desigualdad a causa de la repartición desigual que hace que, estando uno en la indigencia, viva otro en la abundancia”[3].
Esa es la razón por la cual se produce de pronto una “necesidad extrema” que no podemos entender cabalmente, en toda su angustia visceral y epidérmica, quienes vivimos “en la abundancia”. Y en esa “necesidad extrema” se fundamenta no sólo el impulso, sino también el derecho a hacerse de aquellos bienes indispensables que han sido devueltos, por la naturaleza misma de las cosas, desde la propiedad privada a la propiedad común o comunitaria.
Villegas le da también con el mazo cuando busca las causas de que ésta, la chilena, sea una “sociedad enferma”, como él la diagnostica. Pues, según él, el “comburente” que le da persistencia a la “mezcla explosiva” de desigualdad, por un lado, y de “aspiraciones adquisitivas”, por otro, es nada menos que “la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos”.
Interpretando la frase según su tenor gramatical estricto, parece que Villegas no pone en tela de juicio las doctrinas acerca de los derechos humanos, sino sólo la “hegemonía ideológica” con la que se las habría puesto en práctica, con supuestas consecuencias desastrosas para el cuidado del orden público. Hay, pues, aquí un juicio político sobre la aplicación judicial de las mismas. Según él, habría operado una “hegemonía ideológica”, es decir, algo así como una dictadura, que habría impuesto “lenidad y obsecuencia” en su aplicación práctica judicial y legal. Es una crítica grave que toca a la Judicatura chilena. Pero, más allá de ello, es un desconocimiento, a estas alturas mañoso, insultante y, esta vez sí que ideológico, de las muertes, desaparecimientos y de todo lo que sufrieron cientos y miles de ciudadanos durante la dictadura militar.
Villegas le da no sólo con el mazo, sino con la pistola, cuando llega a felicitar con el epíteto de “valiente” al carabinero que amenazó con su arma a un delincuente. Admitamos que éste sea un verdadero “delincuente”. Pero por algo en Chile se suprimió la pena de muerte… ¿Cuál habría sido el juicio si la pistola hubiera sido gatillada? ¿Se justificaría la muerte de un muchacho como castigo de un robo que se realiza en circunstancias en que otras personas están legítimamente haciendo uso de su derecho a la vida mediante la recuperación de bienes indispensables que, como lo hemos argumentado, por la situación misma de “necesidad extrema”, han sido devueltos como comunes?
Por Manuel Ossa
Investigador Plataforma Nexos y del Centro Ecuménico Diego de Medellín.
NOTAS:
(1) 2 de marzo de 2010. Ver más abajo para la reproducción del citado artículo.
(2) Suma Teológica, II – IIae, cuestión 32, artículo 7º, respuesta a la 3ª objeción; II – IIae, cuestión 187, artículo 4º, en el cuerpo del artículo.
(3) Suma Teológica, II – IIae, cuestión 32, artículo 7º, respuesta a la 1ª objeción.







Daniel comentó el 16 de Marzo, 2010 a las 7:34 amVillegas hablade desde el escritorio, como todos los de ese panel de egocéntricos. Ande perdido buscando su vestido de novia.

César Vallejos comentó el 16 de Marzo, 2010 a las 9:02 amAcá se puede bajar la columna de este chascón radical….
http://papeldigital.info/lt/2010/03/02/01/paginas/016.pdf

Alejandro Valenzuela comentó el 16 de Marzo, 2010 a las 9:09 amEstos supuestos escritores, no son sino , los defensores del Capital , del empresariado , de aquellos que quieren mantener el sistema , dado que sin el no pueden tener las granjerias que hasta hoy sustentan ,…. y los esclavos ( trabajadores … y otros) , obligan a seguir este modelo de sociedad…… No es raro , que todos estos valientes de la pluma o del microfono (tv,radio y otros medios de comunicacion) , sean sustentados por el empresariado o el capital ….basta mirar las imagenes , en donde periodistas increpaban a las personas que estabn sacando insumos para suscistir…. Pero que callan de la forma mas atroz , cuando se trata de los asesinos de cuello y corbata ( llamese : Cosntructuras , Inmobiliarias..etc)-…..

mauricio riffo comentó el 16 de Marzo, 2010 a las 9:51 amno soy devoto de Tomás de Aquino, sin embargo en los días posteriores al terremoto, recordé aquella cita de la summa theologica, en la que sin ser influenciado por ideologías, ni poderes dominantes, es capaz de consagrar la excepción de “en caso de necesidad extrema”, y así dar una salida a aquellos que se encuentran en esta situación.

Sebastian comentó el 16 de Marzo, 2010 a las 10:07 amExcelente artículo. Valioso dato el de Tomás de aquino para ocupar a futuro.
gracias.

Luis comentó el 17 de Marzo, 2010 a las 6:12 amEstoy absolutamente de acuerdo con los postulados que plantean que en caso de necesidad extrema todo es de bien comun. Suena bonito y bastante ideal, pero lo sucedio el 27 de febrero y los hechos humanos de los dias posteriores, incluso por bastante tiempo mas, deben ser mirados con mucho cuidado. El poder identificar que objeto satisface la necesidad extrema va a depender de la subjetividad de cada individuo y eso si que es un terreno dificil de explorar, pero a mi parecer un televisor, una lavadora, microondas o cualquier cosa que se tome por ser un “bien comun”, que no beneficia una necesidad básica como agua, alimento, abrigo, higiene personal, etc. debe ser atajada oportunamente. La decadencia moral de las personas en Chile tienen que ver con el individualismo fomentado por decadas de modelo economico neoliberal, libre mercado descontrolado y fabricacion artificial de necesidades(los publicistas y el marketing lo saben bien).
Ahora, no está solamente el saqueador de oportunidad que obtiene algun artículo como este, está también el saqueador de imagen, que se blanquea, haciendo campañas que finalmente terminan beneficiando a su circulo cercano, está el saqueador que se escuda en el hecho fortuito para despedir sin reparación económica a sus trabajadores, existiendo otras alternativas.Digamos que en este caso fue una oportunidad caida del cielo o surgida de lo más profundo de la tierra. También hay que tener en la mira a la clase política que buscará sacar los mejores dividendos posibles ya sean económicos, políticos o de imagen. Otros son los descarados dueños de constructoras que frente a la desgracia de los que fueron sus clientes no responden por perdidas materiales, si no que tampoco por perdidas morales, afectivas, familiares y de proyección de vida. Los resquicios legales, el acomodo de la trampa sustentada en la carta fundamental, la falta de moral, la ambición, la avaricia y la perdida definitiva de nuestra identidad.
Ya viví dos terremotos, 1985 y 2010. Sinceramente quiero estar muerto o morir para el próximo. No quiero ver lo que sucederá con mi amado, extraño y perdido país.

JavierVillalobos comentó el 17 de Marzo, 2010 a las 8:48 amTal parece que el “bien” y el “mal” surge en todo aspecto. Y cada uno lo ve con su propia perspectiva educada y autoeducada a través del tiempo. Si quitamos las calificaciones de lo sucedido socialmente después del 27 de Febrero de 2010, es decir, cuestionar quienes hicieron “bien” y quienes hicieron “mal”, creo que el factor común fue la organización. Las personas se organizaron, ¿para qué?, para lo que estimaron conveniente: Sobrevivir, saquear, dañar, defenderse, apoyarse, consolarse, etc. Tal como la energía nuclear sirve para matar o sustentar vida. Si tomamos el camino de primero “calificar” las consecuencias de las diversas acciones, para después entender y justificar lo que pasó, se pierde la perspectiva constructiva que dio base a las acciones. En este caso, la organización social. Las personas se pueden organizar en eventos adversos, por instinto, algunos tardarán más que otros, el para qué lo hagan sin duda es el riesgo que todos corren. Sobrevivencia del más fuerte. Las empresas se organizan en Holdings, los trabajadores se organizan en sindicatos, los niños con sus “clubes de tobby o lulú”. Luego, la organización es inevitable. Por lo tanto, ¿fortaleceremos organizarnos para crecer o para matarnos entre nosotros?. Creo que algunos prefieren que de partida, no haya organización alguna, porque saben que perjudicará a los intereses de poder. Por ello, es más rescatable mediaticamente mostrar caos y desesperación, para generar dependencia, que mostrar la capacidad innata del ser humano a asociarse por un bien común.