Nostalgia del siervo en la vieja diplomacia brasilera
El filósofo F. Hegel en su FenomenologÃa del EspÃritu analizó detalladamente la dialéctica del señor y del siervo. El señor se vuelve tanto más señor cuanto más internaliza el siervo en sà al señor, lo que profundiza aún más su estado de siervo. Paulo Freire identificó la misma dialéctica en la relación oprimido-opresor en su clásica obra PedagogÃa del oprimido. Con humor comentó Frei Betto: «en cada cabeza de oprimido hay una placa virtual que dice: hospederÃa del opresor». Es decir, el oprimido hospeda en sà al opresor y es exactamente eso lo que lo hace oprimido. La liberación se realiza cuando el oprimido se desprende del opresor y comienza entonces una nueva historia en la cual no habrá ya oprimido ni opresor sino ciudadanos libres.
Escribo esto a propósito de nuestra prensa comercial, los periódicos de RÃo, São Paulo y Porto Alegre, con referencia a la polÃtica externa del gobierno Lula en su afán de mediar junto con el gobierno turco para alcanzar un acuerdo pacÃfico con Irán respecto al enriquecimiento de uranio para fines no militares. Leer las opiniones emitidas por estos periódicos, sea en editoriales sea por sus articulistas, algunos de ellos embajadores de la vieja guardia, rehenes del tiempo de la guerra frÃa, en la lógica del amigo-enemigo es simplemente estremecedor. O Globo habla de «suicidio diplomático» (24/05) para mencionar solamente un tÃtulo hasta suave. Bien podrÃan colocar debajo de la cabecera de sus periódicos: «Sucursal del Imperio», pues su voz es más un eco de la voz del señor imperial que la voz de un periodismo que informa con objetividad y opina honestamente. Otros, como el Jornal do Brasil, han seguido una lÃnea de objetividad, proporcionando los datos principales para que los lectores hagan su valoración.
Las opiniones revelan a personas que tienen añoranza de este señor imperial internalizado, de quien se comportan como súcubos. No admiten que el Brasil de Lula gane relevancia mundial y se transforme en un actor polÃtico importante como lo repitió hace poco en Brasil, el Secretario General de la ONU, Ban-Ki-moon. Quieren verlo en el lugar que le cabe: en la periferia colonial, alineado con el patrón imperial, como perro callejero amaestrado. Puedo imaginar cuánto sufren los dueños de esos periódicos al tener que aceptar que Brasil nunca podrá ser lo que les gustarÃa que fuese: un Estado-agregado como Hawai o Puerto Rico. Como no va a ser posible, la manera de atender la voz del señor internalizado es difamar, ridiculizar y descalificar de forma hasta antipatriótica la iniciativa y la persona del Presidente. Éste es notoriamente reconocido en todo el mundo, como un interlocutor excepcional, con gran habilidad en las negociaciones y dotado de una singular fuerza de convencimiento.
El pueblo brasilero abomina el servilismo a los poderosos y aprecia, a veces ingenuamente, a los extranjeros y a los otros pueblos. Se siente orgulloso de su presidente. Es uno de ellos, un superviviente de la gran tribulación, que las élites, consideradas por Darcy Ribeiro como de las más reaccionarias del mundo, nunca aceptarán porque piensan que su sitio no está en la presidencia, sino en la fábrica, produciendo para ellas. Pero la historia quiso que fuese presidente y que compareciese como un personaje de gran carisma, uniendo en su persona ternura para con los humildes y vigor con el cual sustenta sus posiciones.
Estamos asistiendo a la contraposición de dos paradigmas de hacer diplomacia: una vieja, imperial, intimidatoria, con uso de la truculencia ideológica, económica y eventualmente militar, diplomacia enemiga de la paz y de la vida, que nunca trajo resultados duraderos. Y otra, del siglo XXI, que se da cuenta de que vivimos en una fase nueva de la historia, la historia colectiva de los pueblos que se obligan a convivir armoniosamente en un pequeño planeta, escaso de recursos y semidevastado. Para esta nueva situación se impone la diplomacia del diálogo incansable, de la negociación del gana-gana, de los aciertos más allá de las diferencias. Lula ha entendido esta fase planetaria. Se ha hecho protagonista de lo nuevo, de aquella estrategia que puede efectivamente evitar la mayor plaga que jamás ha existido: la guerra que sólo destruye y mata. Ahora, o seguimos esta nueva diplomacia, o nos devoraremos unos a otros. O Hillary o Lula.
Nuestra prensa comercial es obtusa frente a esta novedad. Por eso abomina la diplomacia de Lula.
Por Leonardo Boff
Teólogo de la Liberación brasileño







marta comentó el 5 de Junio, 2010 a las 12:39 pmQué clara y precisa relacion entre opresor y oprimido, igual se podrÃa decir de la relación entre masoquista y sádico, se es libre en la medida que no se acepta lo uno ni lo otro,ambas son formas de opresión.El servilismo en todas su formas, entrañan sÃntomas de desear ser oprimido o ser un masoquista.Solo la verdad nos hara libres, como dice un texto del evangelio.Buscar esa verdad que está en uno mismo, es un camino de ir dejando servidumbres y, de servidumbres está lleno nuestro diario vivir.

Pablo comentó el 8 de Junio, 2010 a las 12:35 pmmuy buena la informacion, creo que aunque suene lamentable es la triste realidad no tan solo de brasil, sino que de muchos otros pueblos que estan bajo podees facticos tan impresionantes que uno nisiquiera se atreve a mencionar, creo que la desigualdad social es algo que esta marcando esta epoca y muy poca gente se da cuenta de la triste realidad, donde los gordos siguen engordando y los flacos sigen muriendose de hambre, espero todo esto cambie algun dia, no para el bien de los mas necesitados sino que para todos pues, somos una sociedad que merecemos estar bien y en armonia…