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La huelga de hambre de los presos políticos mapuches y el pueblo de Chile

La huelga de hambre iniciada el 12 de julio por los presos políticos mapuches de las cárceles de Concepción y Temuco, a la que se sumaron en pocos días otros pu weichafe (guerreros) recluidos en los presidios de Angol, Lebu y Valdivia, hasta totalizar más de una treintena de hombres resueltos a los más grandes sacrificios por lograr su libertad y la de su pueblo, ha puesto a prueba a todos los sectores sociales y políticos de Chile.

Aunque no es extraño que para el Gobierno, los principales medios de comunicación, el gran empresariado, los partidos sistémicos y los aparatos de Estado, esta huelga constituya un “no acontecimiento” y por ende sea silenciada (¡el propio Ministro de Justicia declaró al cabo de un mes no saber nada al respecto!), resulta vergonzosa la indiferencia de gran parte de la opinión pública nacional, de muchas organizaciones sociales, de gente de izquierda y de intelectuales que normalmente aparecen asociados a la defensa de los Derechos Humanos. Si bien es cierto que el cerco mediático tendido por los consorcios que controlan los medios de información, especialmente la TV y la prensa escrita de tiraje nacional, ha creado una cortina de silencio y de invisibilidad en torno a la cruel realidad sufrida por el pueblo mapuche y sus más decididos luchadores, esto no excusa el mutismo de quienes por historia, tradiciones, declaraciones de principios y representatividad social, deberían hacer oír sus voces de manera potente. Ello no ha ocurrido. Solo los medios de información “alternativos”, dos o tres radioemisoras de cobertura nacional, un grupo minúsculo de parlamentarios, unas cuantas organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, además de numerosos colectivos políticos y sociopolíticos de la vasta franja (especialmente juvenil) no representada en la institucionalidad política, y un puñado de personas de buena voluntad, han sido las excepciones que han salvado un poco el honor y dignidad del anestesiado pueblo chileno.

Mucha gente en la izquierda, la intelectualidad progresista y en el mundo asociativo popular ha callado o se ha limitado a declaraciones rituales sin desplegar sus fuerzas, capacidades e influencias para detener la acción represora del Estado chileno contra este pueblo originario. Parece que no se entiende que las reivindicaciones levantadas por los presos políticos mapuches –no aplicación de la Ley Antiterrorista en las luchas sociales, desmilitarización de la Araucanía, no al doble juzgamiento (justicia civil y justicia militar) por los mismos hechos constitutivos de presuntos delitos, inhabilitación de los “testigos sin rostro” pagados por las fiscalías para incriminar a los acusados, garantías de justo proceso, término de las abusivas prácticas de “detenciones preventivas” que permiten a los fiscales mantener discrecionalmente encarcelados durante años a un acusado aunque no haya sido pronunciada una condena en su contra, entre otras- conciernen a todos los habitantes de la República de Chile. Numerosas personas no logran advertir que la lucha mapuche trasciende los intereses específicos de ese pueblo-nación ya que la defensa del medioambiente, de los Derechos Humanos y de las libertades democráticas son causas universales que deben ser abrazadas en toda circunstancia y lugar. En realidad, lo que estos sectores no alcanzan a percibir, es que la lucha mapuche por la recuperación de sus tierras ancestrales usurpadas bajo el amparo de la ley y de la fuerza del Estado de Chile, es parte de las causas de la humanidad progresista por salvar al planeta, a la especie humana y a las demás especies de una destrucción segura si no se detienen y revierten las consecuencias de un modelo económico productivista y depredador de los recursos naturales y humanos. Enfrascados en sus particulares problemas sectoriales o gremiales, con sus organizaciones sociales destruidas, atomizadas o debilitadas por la implementación implacable del modelo neoliberal durante varias décadas consecutivas, desinformados sistemáticamente por los medios de comunicación de masas y sufriendo una anomia de representación política sin par desde hace más de un siglo, los sectores populares chilenos -salvo muy contadas y honrosas excepciones- han manifestado una indiferencia atroz ante el drama que desangra a uno de los pueblos matrices de su propia existencia. ¿Por qué razones quienes dicen ser sus portavoces y representantes no impulsan la movilización, por ejemplo, contra la Ley Antiterrorista heredada de la dictadura y aplicada profusamente por los gobiernos de la Concertación y el actual gobierno? ¿Esta apatía y quietismo se explica solo por el clima generalizado de despolitización que afecta a la sociedad chilena o es también el resultado, cuando se trata de la “cuestión mapuche”, de cierta dosis de inconfesado e inconfesable racismo?

Entretanto, las comunidades indígenas “en conflicto” han continuado sus movilizaciones y la huelga de hambre de los presos políticos mapuches ha entrado en una fase en que la vida de esos pu weichafe corre serio peligro. Para ello solo han contado con sus propias fuerzas y la ayuda de los pocos chilenos que han apoyado –por solidaridad, conciencia y dignidad- la causa mapuche. Estos chilenos dignos también lo han hecho porque saben que, como certeramente señalaba un gran pensador revolucionario del siglo XIX, “un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre”. El recorte a las libertades individuales y a los derechos sociales; las desmesuradas e indebidas facultades de la Justicia militar; la acción abusiva de fiscales todopoderosos que no trepidan en recurrir a montajes y pagar testigos para “probar” sus acusaciones, que prohíjan torturas y tratos vejatorios, que extienden –a la manera del fiscal Ljubetic- su delirio persecutorio en contra de los familiares y amigos de los acusados, que ponen cortapisas al derecho a una adecuada defensa, y que encabezan campañas mediáticas para crear un ambiente propicio para que la opinión pública acepte condenas de hasta más de un siglo de presidio por supuestos delitos en los que no se produjeron víctimas fatales, son amenazas contra los derechos democráticos, que el pueblo chileno tarde o temprano experimentará en carne propia. Es de esperar que el efecto adormecedor del modelo neoliberal y del “pensamiento único” que impera desde hace varias décadas en la República de Chile se disipe antes de que sea demasiado tarde.

Por Sergio Grez T.

Historiador

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7 comentarios para “La huelga de hambre de los presos políticos mapuches y el pueblo de Chile”

  1. Eugenio comentó el 19 de Agosto, 2010 a las 5:09 am

    EN CHILE NO EXISTEN POLITICOS NI ORGANIZACIONES POLITICAS QUE PROPUGNEN LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS A MENOS QUE ESTEN COMPROMETIDOS SUS PROPIOS INTERESES.
    SOLO SE PUEDE APELAR A LA FUERZA DEL PUEBLO Y SUS ORGANIZACIONES DE BASE.

  2. La huelga de hambre de los presos políticos mapuches y el pueblo de Chile « Guillermo Bastías comentó el 19 de Agosto, 2010 a las 1:06 pm

    [...] la página Web de El Ciudadano, aparece un inserto del historiador Sergio Grez Toso (1), en él, hace un llamado de atención ante [...]

  3. elizabeth neira comentó el 20 de Agosto, 2010 a las 8:12 am

    Todos somos mapuches
    Pinches bueyes (texto escrito el 2007 con motivo de la huelga de hambre de Patricia troncoso)

    No se trata de oportunismo mi querido amigo, como me lo sugirió hace unos días, ebrio y baboso, midiendo el mundo con la miopía de su propia mezquindad, un colega de las letras, copa de champagne en la mano, en un animado vernisage.
    No se trata tampoco de resentimiento ya que procuro actuar de acuerdo a mis ideas y pasiones cuando éstas aparecen, no las caliento en una olla, no hago con ellas un caldo de cultivo. No soy una pregonadota de las bondades de la violencia pero resulta que tampoco soy ilusa y sé que jamás ha habido cambio social que se haya impuesto por la buena voluntad o la evolución espiritual de los empresarios o la clase gobernante.
    No creo en el odio de clases, ni en la superioridad de ninguna raza, menos aun en algún tipo de pureza, así como tampoco en las fronteras dibujadas con sangre.
    Apoyo la resistencia mapuche por la simple y sencilla razón compañero, usted que mira todo con la suspicacia de su miseria, porque me reconozco disidente de este sistema depredador impuesto por ideologías que considero causantes de la máxima infelicidad humana.
    Eso es todo, como Patricia Troncoso, como mucha gente.
    Entonces en tanto disidente me siento reconocida en la lucha de un pueblo que naturalmente es heredero y sostenedor de otro paradigma, uno más cercano a mi corazón.

    Soy mestiza no sé en que grado, como la mayoría de nosotros compañero y si no me cree, pues mírese al espejo y verá las trazas del mestizaje que tanto reniega, porque desde chico le enseñaron que era mejor ser rubio, seguro le dijeron que cuando bebe tenia el pelo clarito y que el agua de la ciudad se lo fue oscureciendo. Y usted se lo creyó, nunca lo puso en duda, hasta el día de hoy se lo cree, por eso no ve los signos de nuestra historia en su fisionomía.
    No adscribo a la mentira tan extendida en este país hipnotizado y sodomizado por el consumo y el crédito fácil (mas dañino que el gatillo fácil), de que seríamos algo así como una pequeña suecia, algo así tan cursi como los ingleses de Latinoamérica.
    Pienso que si para las feministas el género es una construcción social y también una elección, pues yo digo que en nuestro caso, en nuestra sociedad mezclada a fuerza de patada y fusil, también lo debería ser la etnia y yo me siento india, antes que sueca, o newyorkina, yo me siento india mapuche.
    Me basta saberme de este lado de las cosas para hermanarme con quienes luchan en condiciones de dramática asimetría contra un estado armado hasta los dientes y defensor de los apetitos de los poderosos.
    Porque cuando un gigante energúmeno, ebrio de prepotencia pone su bota sucia en la cara de un campesino pobre y desarmardo, todos somos mapuches. ¿No es acaso lo mismo que hacen los bancos, las multitiendas, la compañía de teléfonos, el transantiago, la universidad privada, y toda la perversa maquinaria económica que con impunidad nos asalta, nos castiga, se caga de risa y hace estallar las pequeñas economías de emergencia de la clase trabajadora?
    Hermano a todos nos están metiendo el dedito por el culito, a todos nos están poniendo la bota en el hocico, solo que a algunos con vaselina publicitaria y a otros no. (porque la vaselina es cara y no hay que excederse en el gasto)
    La sola constatación de esta triste realidad que es la realidad de nuestra pujante economía tan abierta como las piernas de la más barata prostituta, (ojo que yo sé de eso) debería bastar para ser solidario con los históricamente abusados de esta tierra.
    ¿Alguien se ha preguntado qué va a pasar con Chile cuando se acabe el cobre?, va a quedar un país con una infraestructura de lujo, con gente endeudada y sin herramientas para enfrentar ni una mierda, por que la educación y el acceso popular a ella, no ha sido precisamente una de las prioridades país estos últimos años. ¿Alguien se acuerda de lo que pasó con el salitre? Hay dios mio!!!, si es que somos tan frágiles de la memoria.
    El asunto es mas complicado de lo que parece queridos compañeros, porque la actual guerra del estado de Chile contra el pueblo mapuche, mas que la consecuencia de un choque de paradigmas, que lo es, lo ha sido siempre, es hoy, una feroz guerra energética, como la de Bush, por el petróleo en el medio oriente, pero ésta es por el agua y la electricidad.
    Y no es mediática como aquella, sino cobarde y silenciosa que quiere parchar con centrales hidroeléctricas la incompetencia de los gobiernos para generar una política energética sustentable y respetuosa de la diversidad de los pueblos.
    Hay que alimentar al monstruo que el neoliberalismo ha creado, y que chupa y que mama, más que todos nosotros juntos.
    Hay que mantener encendidas las lucecitas de los malls, de las fábricas de chatarra planetaria y de las carreteras ultrasónicas que usan los ricos para ir a la playa sin tener que verle la cara a la pobreza.
    Y aunque a algunos les suene terrible, ¡una calumnia!, lamentable es verificar que los métodos del estado en esta guerra energética son los mismos ocupados durante la dictadura contra la disidencia, represión policial, amedrentamiento, violaciones a los derechos civiles y desinformación.
    Y es que en este país el derecho a opinar distinto con respecto a que hacer con las riquezas y pobrezas de todos, lejos de ser un derecho, cuya manifestación pública debería estar garantizada en la constitución, se castiga como el peor de los pecados y se paga con un tec cerrado a manos de un paco en una protesta.
    Yo apoyo la resistencia mapuche porque no quiero centrales hidroeléctricas a costa de muertes y saqueos, no quiero tecnología barata que en dos años se convertirá en montañas de basura irreciclable, no quiero créditos que me dejarán en la calle, yo quiero opciones para crecer, quiero vivir en una sociedad donde se respete la pluralidad de pensamiento, donde educarse sea un derecho no un lujo, donde exista el acceso a información verídica y de calidad, y un acceso no elitista a los bienes culturales. En definitiva un modelo se sociedad que priorice a los seres humanos antes que a las cifras de crecimiento económico.
    Esa idea de desarrollo está mas cerca, infinitamente mas cerca del pueblo mapuche que de la sociedad que el Chile blanco invierno o color pastel, según la temporada, el Chile de catalogo de papel couché de 100 gramos y modelos argentinas que me propone cada domingo junto al diario fascista de toda la vida.
    Por eso digo, aunque a muchos les duela, de este lado de la vereda,
    todos somos mapuches.

    Elizabeth Neira Calderón

  4. Declaración pública « Lapolillacubana’s Weblog comentó el 20 de Agosto, 2010 a las 4:39 pm

    [...] La huelga de hambre de los presos políticos mapuches y el pueblo de Chile http://www.elciudadano.cl/2010/08/18/la-huelga-de-hambre-de-los-presos-politicos-mapuches-y-el-puebl... [...]

  5. Cristina Hurtado comentó el 5 de Septiembre, 2010 a las 6:18 am

    Propongo que en protesta por la situación de represión hacia el pueblo mapuche, pongamos ma bandera de los mapuches en vez de la chilena. Se compra en ferias artesanales. Cristi

  6. elizabeth comentó el 7 de Diciembre, 2010 a las 8:04 am

    TU COMENTARIO ELIZABETH, ME DEJA IMPOTENTE, EN ESTE PARRAFO Y ME HACE SENTIR PEQUEÑA RESPECTO A LO QUE YO PUEDA HACER, PERO SE TAMBIEN QUE HAY MUCHAS PERSONAS COMO YO QUE OPINAMOS QUE NUESTRA RAZA DE LA QUE ME SIENTO ORGULLOZA AUNQUE LLEVE EL MINIMO DE GENES EN MI SANGRE, DEBVE RECUPERAR LO QUE CORRESPONDE, Y SOLO ME ANIMO A PENSAR QUE ESPERO SEA PRONTO.

  7. Angélica comentó el 12 de Diciembre, 2010 a las 12:33 pm

    Qué gran carta Elizabeth!!.Me devuelve la esperanza saber que intelectuales como tú siguen,contra viento y marea,defendiendo a los que sufren todos los abusos de los que hablas.Sabemos que la tarea es ardua,que estas pequeñas y grandes guerras serán aternas.Que es triste constatar que una gran cantidad de artistas considera que es más cómodo sentarse en los laureles y aceptar las migagas de un sistema podrido que profita de la ignorancia.
    Somos todas mapuches.Somos todas presas.Somos todas perras rabiosas.Porque sabemos que frente tenemos a verdaderas hienas sedientas de sangre y poder.Sólo que nosotras nos defendemos apuro amor y dignidad.

    Un abrazo.

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