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Un nuevo sistema cooperativo

La creación de un nuevo Sistema Cooperativo al servicio de la MYPES, los y las trabajadores de Chile.

Implementar un conjunto de políticas públicas a favor del cooperativismo para que se constituya en un instrumento que integre y aumente la competitividad de las MYPES (micro y pequeñas empresas), permitiendo a la vez el acceso a bienes y servicios de los trabajadores y trabajadoras del país.

Para construir relaciones horizontales entre las MYPES, los y las trabajadores, el Estado y el mercado, haremos un conjunto de políticas públicas para la creación de cooperativas, de producción y servicios, de trabajo, cultura y educación, que sean plataformas de trabajo en equipo, inteligente, con tecnologías, acceso a los mercados, al financiamiento, a los bienes de capital.

La microempresa contiene al 62,6 por ciento de la ocupación privada en Chile, según la Encuesta Casen 2003,%, el 80,8 de las “empresas” son de carácter micro en Chile, y sobre el 50% de sus trabajadores son en verdad Trabajadores por Cuenta Propia con autoempleos precarios y de escaso valor agregado, sin acceso a las tecnologías, con bajo impacto y desarraigados de la emergente sociedad del conocimiento .

Las instituciones de Fomento Productivo, de financiamiento, de asistencia técnica, cooperación e innovación, deberán instalar unidades o departamentos con programas especializados para las cooperativas, de modo que tengan el mismo trato y las mismas condiciones de igualdad que cualquier empresa, garantizando que nunca más las cooperativas sean discriminadas y excluidas de políticas como el estatuto PYMES o de los instrumentos de fomento, innovación, acceso a capitales y capacitación desde el estado, como sí ocurre hoy. En esto actuarán Corfo, Sercotec, Indap, Sernapesca, Fosis, Conaf, Sence, Sernatur, Banestado y las Cooperativas de Ahorro y Crédito, especialmente las Regionales y Locales. Diseñar programas de fomento productivo para el apoyo a Cooperativas de Trabajo, al alero de las estrategias y decisiones de las regiones, dándoles un fuerte impulso a las regiones donde la informalidad, el desempleo y la urgencia de formar trabajadores y trabajadoras del conocimiento, con compromiso e identidad local y regional en el desarrollo de proyectos sostenibles económica, social y ambientalmente, hacen imprescindible la formación de ese espacio. Promover prácticas de la Innovación Social, con una sólida institucionalidad para su desarrollo, elevando el rango del actual Departamento de Cooperativas a División que no sólo fiscalice, sino que especialmente fomente el sistema cooperativo en Chile.

Hoy ya están instaladas las condiciones para que ese salto suceda, pero debemos comprometer la decisión política de hacerlo. Las políticas para el sector de la MYPES, a veinte años de implementaciones, presentan resultados mitigadores de la pobreza pero no de superación de las condiciones de exclusión, zozobra y precariedad permanente en que desarrollan sus actividades.

En la práctica los modelos cooperativos y asociativos contribuyen a generar mayor valor, social, económico, cultural, de conocimiento y ético; son más respetuosos del medio ambiente, más inclusivos, lo que garantiza una participación creativa que enriquece el acceso y desarrollo de tecnologías necesarias de manera democrática.

El cooperativismo surgido como respuesta a las crisis generadas en el proceso histórico de la revolución industrial en Europa, es hoy una herramienta coherente que permite de manera fecunda la integración, la cohesión social, la democracia económica, la participación comunitaria y el resguardo por el entorno y el medio ambiente. Ahí aparece la matriz de los socialistas utópicos, cristianos, laicos y agnósticos, que buscando respuestas a sociedades desiguales, construyeron modelos cooperativos de gran impacto y vigencia en el mundo de hoy.

Pero también las prácticas cooperativas son inherentes a las culturas precolombinas, las que a pesar del avasallamiento social y cultural se han mantenido y hoy están en ascenso en las comunidades latinoamericanas. Esos modelos permiten la reflexión sobre nuevas Modelos de Desarrollo, que cuentan con una gran oportunidad si se fortalecen humanista y ecológicamente en soportes tecnológicos con el cooperativismo y sus instrumentos.

Es finalmente un espacio lleno de sentido para aquellos que quieren otras formas organizativas con sentido y propósitos de alto humanismo para contribuir desde ellos a la autonomía y soberanía de personas y comunidades. Las personas, los y las trabajadores y MYPES del país buscan también dotar de sentido y significado su quehacer laboral y profesional. No es sólo el lucro y el dinero lo que moviliza a los seres humanos; lo son también los sistemas de trabajo en equipo, las relaciones democráticas en empresas de personas, con participación directa en la toma de decisiones.

NUEVO MODELO COOPERATIVO

Entendemos hoy para Chile un modelo cooperativo nuevo, desde las personas y con base tecnológica, entendida como la apropiación, construcción y adaptación de tecnologías limpias, gatillando círculos virtuosos de conocimiento y desarrollo, que permitan a los diferentes grupos humanos desplegar a su creatividad asociativa. En el mundo, las acciones cooperativas y autogestionadas se convierten en sistemas cooperativos y autogestionados, cuando cuentan con comunidades y sociedades con liderazgo social, estimuladas por políticas públicas sólidas, que promuevan y premien prácticas culturales de cooperación.

Para el cooperativismo contamos con un pobre repertorio de instrumentos metodológicos, educativos, técnicos y financieros. En ese nuevo repertorio de políticas públicas e instrumentos debemos agregar una concepción valórico/práctica para que el mundo de los trabajadores por cuenta propia, la Empresa Familiar Campesina, los micro y pequeños empresarios practiquen lo cooperativo, lo asociativo, lo colectivo y lo comunitario.

Abramos el período en que se fomente, estimulen y premien los sistemas de trabajo en equipo, en que se incentive la creación de redes asociativas, se despliegan las prácticas de la confianza, y se conciban esas empresas como comunidades humanas de trabajo, inspiradas por los más altos valores de nuestra civilización, que mira más allá de la sobrevivencia, porque se trata del derecho a desarrollar todas las capacidades materiales y espirituales aquí y ahora.

Existen en el mundo crecientes ejemplos prácticos de Economía Cooperativa, de Democracia Económica. El rasgo cultural y estructural más destacado de las cooperativas es su carácter democrático. Los trabajadores o los socios, según el tipo de cooperativa, se reúnen al menos una vez al año en Asamblea General para elegir por voto universal a un Consejo de Administración que nombra a los directivos de la empresa. Este es el rasgo clave de la «Democracia Económica», piedra angular de una sociedad económicamente democrática.

La empresa cooperativa no es considerada como una cosa que puede ser poseída y, por tanto, comprada o vendida, sino como una «Comunidad Humana de Trabajo» en la que todos los socios/trabajadores tienen igual derecho a hacer oír su voz en relación con la gestión en sus distintos niveles. Pero también lo tiene la comunidad en la que se emplaza la empresa, que es su inmediato primer contexto o entorno, cuyos representantes participan de las decisiones de la cooperativa que afecten a la comunidad. Es decir tiene un componente comunitario/público, de No Mercado. Creemos fondos de capital cooperativo, que se generen mediante los Fondos Irrepartibles Futuros (FIF), para las cooperativas en proceso de incubación/puesta en marcha. Y los del último ejercicio contable, para las que están en operaciones, que cuenten con balances positivos, con Fondos Irrepartibles Presentes (FIP).

Estos fondos agregados constituirían el Fondo de Inversión Cooperativo Anual. La administración de estos recursos será realizado por el sector cooperativo de Ahorro y Crédito respaldado con Fondos de Garantías Cooperativas Corfo, y operacionalizado a través de las Cooperativas de Ahorro y Crédito. Si no existen cooperativas al servicio de las de trabajo, estas podrán crearlas.

Los proyectos, una vez financiados pueden seguir siendo parte del que hacer de la cooperativa… o pueden dar origen a una nueva cooperativa, lo que implica que cada cooperativa es siempre una potencial o real incubadora de cooperativas.

Un movimiento cooperativo que se instale desde las cooperativas de trabajo, pues al ir desplegándose irá requiriendo de nuevos instrumentos propios que le permitan hacer su migración fuera del “sistema estable”, donde todo es inercia, hacia uno de caos creativo. Por eso construir cooperativas de ahorro y crédito, de transporte, de logísticas, centros de distribución y venta, de energías verdes, centros de investigación y desarrollo, educación, vivienda, de estudio, etc., con lo cual en el tiempo se irán “diluyendo a primera vista en el paisaje” la vista de las cooperativas de trabajo, porque se estará desplegando y densificando un verdadero y nuevo Sistema Cooperativo en Chile, capaz de hacernos migrar hacia el País que queremos.

Por Antonio Fernández

Fuente: www.cooperativaschilenas.org

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4 comentarios para “Un nuevo sistema cooperativo”

  1. Esteban Godoy comentó el 17 de Diciembre, 2010 a las 8:23 pm

    pero si ese desarrollo participativo no les interesa a los q sostienen el poder?…como cresta lo desarrollamos?
    si el Estado esta en manos de los oligarcas, de seres humanos que no tienen escrupulos en acumular dinero…como cresta se hace?
    como xuxa se construye una sociedad, sin ella?

  2. Antonio Fernandez comentó el 23 de Diciembre, 2010 a las 11:36 am

    Esteban: Ese texto el ciudadano lo linkeó desed un espacio llamado http://www.cooperativaschilenas.cl , donde lo publiqué el año 2009, en el contexto de la campaña presidencial. Arrate y Frei no lo consideraron, Enríquez Ominami lo publicó en un libro virtual de aportes. Es desde nosotros sin estado, o más bien lejos de el y con autogestión, como se hace, como lo hizo el pueblo vasdco en el Mondragón Después d ela derrota de los republicanos y la enronización del fascismo franquista. Lo hacemos nosotros con creatividad, con y en comunidades, con open source, con articulaciones y vinculaciones estratégicas especialmente aquellas de carácter territorial.
    Atte.

  3. Esteban Rivas comentó el 29 de Diciembre, 2010 a las 10:10 am

    Hasta 1925 en Chile se desarrollaron las Mancomunales sin apoyo del Estado, en base a la autogestión, la solidaridad y la cooperación, cuando se desarrollaban procesos oligarquicos. Hay instrumentos del Estado que permiten el desarrollo de las Cooperativas y similares, y hay ejemplos de autogestión en Chile que se estan desarrollando, claro esta, en muchos casos con dependencia del Estado y otras fuentes de financiamiento. Hay que intentarlo, la producción se puede socializar y el apoyo mutuo desarrollar.

  4. Antonio Fernandez comentó el 4 de Enero, 2011 a las 9:19 am

    Esteban habla con propiedad, pues el dirige un proceso que está apoyando a los pequeños campesinos del sur de Chile, que son dueños de superficies pequeñas de bosque nativo, fortaleciendo cooperativas y asociaciones gremiales, para manejar adecuadamente el bosque y producir leña certificada. Si pudiéramos hacer hoy un censo de lo que está pasando nos sorprenderíamos. Atención, del 1,5 millones de “empresas chilenas” más del 90% son trabajadores por cuenta propia, sin ninguna posibilidad de efectivamente participar en condiciones justas en el mercado.

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