Terremotos y desastres culturales

· 20 March, 2011 09:03
Artes, Letras, Mundo, Terremoto

“La civilización existe por consenso geológico, sujeto a cambio sin notificación”, escribió Will Durant. Sin duda alguna, la historia parece comprobar esta afirmación pesimista y el planeta entero se ha convertido en un cementerio de culturas y civilizaciones concebidas para ser eternas, pero reducidas a ruinas por los desastres naturales. Hablamos de 650 culturas desaparecidas en 5 continentes, 30 civilizaciones colapsadas y 100 imperios extintos en un período de apenas 8.000 años.

Pienso ahora, por ejemplo, en los estudios arqueológicos de Amos Nur, de la Universidad de Princeton, quien ha dejado claro que la edad del bronce no concluyó tras la decisión voluntaria de un grupo de pueblos sino que colapsó ante la presión provocada por una “tormenta de terremotos” (término suyo) de 6,5 grados de magnitud que asoló Creta, Micenas, Tyrinto, Pylos, Tebas, Luxor y Anatolia entre los años 1225 a.C. y 1175 a.C. Ni siquiera el famoso Laberinto de Creta permaneció en pie.

Al menos 23 seísmos asolaron Alejandría en diez siglos. Baste comentar que en el verano del año 365, un devastador terremoto acabó con numerosas edificaciones de la antigua ciudad y hoy ha surgido la hipótesis de que la biblioteca famosa que distinguió el lugar fue aniquilada por un evento similar. De hecho, el equipo de Franck Goddio del Institut Européen d´ Archéologie Sous-Marine, ha encontrado en el fondo de las aguas del puerto cientos de objetos y pedazos de columnas que demuestran el fatal hundimiento en las aguas que nos recuerda la tragedia de la mítica Atlántida.

Un episodio que describen con horror todas las crónicas es el del terremoto del primero de noviembre de 1755, en Lisboa. En esa ocasión, además de la pérdida de miles de vidas humanas y de edificios antiguos, desapareció la Real Biblioteca de Portugal, y los libros salvados, milagrosamente, fueron transportados a Brasil no sin dificultades, donde sirvieron para crear la Biblioteca Nacional de este país.

El 18 de abril de 1906, a las 5:12 de la mañana, un terremoto que duró 60 segundos acabó con 28.000 edificios de la ciudad de San Francisco y dejó 700 muertos. Uno de los edificios era la biblioteca de la ciudad, famosa por contener manuscritos y piezas únicas. La llamada San Francisco Law Library, fundada en 1865, se desvaneció junto con 46.000 libros.

En el terremoto de 1923, desaparecieron 700.000 libros de la biblioteca de la Universidad Imperial de Tokio: esta importante cantidad incluía registros de ciudades y villas japonesas del siglo XIX, registros gubernamentales, la Sala Max Muller sobre idiomas y religiones, las Salas Nishimura y Hoshino con textos de historia y filosofía china antigua.

El movimiento telúrico de diciembre de 2003 en Bam, Irán, acabó con toda la ciudad medieval, y destruyó la colección de libros árabes que se encontraba en la biblioteca municipal. Murieron más de 40.000 personas en ese desastre. En 2004, la infraestructura cultural de Sri Lanka fue borrada por el tsunami que provocó un terremoto.

En 2010, un terremoto de 7,5 grados acabó con 175.000 personas en Haití y dejó en ruinas el poblado histórico de Jacmel. También en 2010 ocurrió el terremoto de Chile que causó daños increíbles en iglesias, museos, bibliotecas y centros culturales. Hace poco, en marzo de 2011, un megaterremoto de 8,9 acabó con el noroeste de Japón: ni librerías ni bibliotecas ni las instituciones culturales se salvaron del impacto de ese desastre que multiplicó un tsunami y la explosión de una Central Nuclear en Fukushima.

El mundo es una antología de tragedias, donde memoria y olvido se mezclan en partes desiguales.

TIEMPO HISTÓRICO Y APOCALIPSIS

En la mitología antigua, eran habituales las advertencias sobre catástrofes por un gran diluvio (desde Sumeria hasta el mundo hebreo hay 211 mitos recurrentes), un fuego universal (la purificación de la humanidad) y sobre todo por un gran terremoto (anunciado por el Apocalipsis según San Juan 18;16 y en las extrañas profecías mayas).

Ese genio que fue Mircea Eliade, en El mito del eterno retorno, insistió, quizá con razón, que la cosmovisión primitiva intentaba abolir el tiempo histórico y proyectar una vuelta al origen, un franco esfuerzo por menguar la memoria circunstancial en beneficio de la memoria primigenia. La estructura de estos mitos universales, cíclicos, restaurados no obstante, ratifican su presencia en los constantes fenómenos de destrucción que han arrasado culturas enteras, algunas todavía a la espera de ser descubiertas bajo las aguas o las arenas.

Hoy el pensamiento catastrófico vuelve a dominar ante la sensación global de inseguridad por cambios climáticos, volcanes, terremotos e inundaciones. Una pérdida como la de Japón en 2011, inesperada, cruel, puede repetirse en cualquier parte del mundo: la lotería cruel de los siniestros amenaza metrópolis como Los Ángeles, Nueva York, Sydney, Atenas, Roma, México D.F., Madrid, Pekín, y esta lista no hace otra cosa que aumentar en el siglo XXI. Lo peor, al parecer, está por llegar.

Por Fernando Báez

Autor de Historia Universal de la destrucción de Libros y El Saqueo Cultural de América Latina

(*) twitter @baezfer

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