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La camote

La simpatía es muy frecuentemente un prejuicio sentimental basado en la idea de que la cara es el espejo del alma. Por desgracia, la cara es casi siempre una careta.

Santiago Ramón y Cajal

El otro día, leyendo diario Estrategia -algún día pienso ser millonaria, y obviamente invitar a los que me soportan a un manso asao a lo Che Copete- vi en su sección “Reflexiones” la siguiente frase: “El carácter del hombre es su destino”. Mi mamita Ana me decía que era camote, que me esforzaba por hacerme odiar, en vez de hacerme querer. Y así no más ha sido.

Quizás por esa naturaleza camote, siempre me ha llamado la atención el poder de la simpatía. La sobrevaloración que se le da al “buen carácter”. Ese carisma que elevó a figuras como Michelle Bachelet, continuadora de la gran farsa demócrata (cristiana), por medio de la sonrisa fácil, una mascarada que esconde cosillas que no siempre resultan ser tan simpáticas.

Cuando pienso en Su Santidad, el Papa Juan Pablo Segundo, me sucede lo mismo. La gente valoraba su simpatía, su ternura, mal que mal era “el mensajero de la vida, peregrino de la paz”. Sin embargo, mientras ponía esa cara compasiva, llena de amor para el mundo, prohibía la teoría de la liberación, destituyendo a cuanto seguidor de Pedro la abrazara, mientras hacía vista gorda de la sodomía y pederastia de otros tantos de sus discípulos.

El gordo Melnick, la Tonka, la Claudia Conserva, Winnie de Pooh, incluso Fujimori y Pinochet, han sido considerados simpáticos por la gente. Por eso mismo, la “buena onda” siempre me ha resultado deshonesta.

“Pero es tan simpático, tan amorosito”, apreciación tan común entre padres y apoderados, profesores, tío y tías, etcétera. Termina siendo más importante que otras cualidades como la probidad, la perseverancia, la creatividad.

Ser “simpático” asegura la barra, el aplauso, la permanencia en un puesto, incluso te otorga inmunidad. Sin embargo no es garantía de nada. Incluso es una manipulación mediocre que echa mano a las emociones para influenciar y tener libertad para hacer lo que les da en gana.

Harto injusto resulta confundir a tontos con pesados. No tiene nada que ver, aunque a veces se den juntos. Aunque la mayoría de los tontos se vean imposibilitados de tener algún peso, producto de su cabecita hueca. Así es que la canción de Los Tres, por muy pegajosa que resulte, simplemente no aplica.

He tenido varios pololitos simpáticos, pero he optado por quedarme con el más pesado. Porque puede uno ser simpático pero ladrón, simpático pero mentiroso, simpático pero flojo, simpático pero machista, o todas las anteriores juntas, agregándole otros tantos detallitos, y perdonárselos todos cuando lanza una sonrisa, habla despacito, tira una buena talla, se saca un pito o una chela. No me vengan con inteligencia emocional, porque eso se llama pillería.

Toda la vida he tenido problemas por ser pesada, por decir lo que me parece, y pensar sin escatimar en costos tales como la antipatía de los demás… Y ahí resulta que los pesados son los otros. Es cosa de mirar los posteos que me llegan a la página de El Ciudadano.

Pero lectores, un peo puede ser simpático, una caída por las escaleras, un perro persiguiéndose la cola, una guagua con una burbuja de moco en la nariz… O sea, no es algo muy difícil de lograr.

Como decía el Conde de Lautreamont: “He visto, durante toda mi vida, sin una sola excepción, a los hombres de hombros estrechos realizar numerosos actos estúpidos, embrutecer a sus semejantes, y pervertir a las almas por todos los medios. A los motivos de su acción le llaman: La gloria. Viendo esos espectáculos, he querido reír como los demás; pero eso, extraña imitación, era imposible. Tomé un cuchillo cuya hoja tenía un filo acerado y me sajé la carne en los sitios donde se unen los labios…”. Quizás solo así algunos podemos parecer simpáticos.

Por Karen Hermosilla Tobar

El Ciudadano Nº96, febrero 2011

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10 comentarios para “La camote”

  1. flaite-intelectual comentó el 20 de Marzo, 2011 a las 7:28 pm

    el clásico maricon sonriente

  2. Carlos Acevedo comentó el 20 de Marzo, 2011 a las 7:28 pm

    En lo que a mi concierne, los simpáticos y los pesados son algo más que eso. Todos son algo integral. Alguna mezcla… buena o mala, pero mezcla al fin y al cabo. Con esto, cómo poder dar con el pesado honesto, o el simpático retorcido o toda la enorme combinación de estilos y formas de ser.
    Por lo pronto, hay que alejarse mucho de los “mala leche” y cuanto perico hecho a la semejanza de Caín o Abel y toda esa parentela tocada de la cabeza.

  3. Felipe Torres comentó el 20 de Marzo, 2011 a las 9:33 pm

    Entiendo TAN bien lo que comentas. Mi viejo es así. Siempre he escuchado a mi mamá decir cosas como: “tu papá es un hombre brillante, pero por ser tan antipático, pesado y por siempre hacer sentir idiotas a los demás es que no tiene un cargo (laboral) alto. Él mismo echó a perder su carrera por ser así.”.
    Y creo que de alguna manera es verdad.

    Yo soy de esa gente que dice lo que piensa. Lo aprendí desde chico de mi viejo. Mi mamá por otro lado siempre se encargó de enseñarme a ser gentil, a no pasar a llevar los sentimientos de las personas y el ‘buen trato’ en general. Con el tiempo siento que he aprendido a combinar ambas. No soy el tipo más delicado para decir las cosas, y como tú, muchas veces me he metido en problemas y he ganado la antipatía de mucha gente. No soporto a la gente ‘patúa’ o a los que se creen mejor que los demás, y procuro no esconderme detrás de una sonrisa; lo que sí hago (o más bien trato de hacer… no siempre exitosamente), es hacer lo posible por decir lo que tengo que decir de una manera tal que no toque susceptibilidades.

    Según mi experiencia, cuando uno simplemente dice las cosas sin mucha delicadeza, es más probable una reacción defensiva del que recibe el mensaje, enojándose o algo así y rara vez registra la información que querías compartir. En cambio, al configurar el mensaje de forma tal que no parezca un ataque (porque en general realmente no lo es), la persona que recibe el mensaje es capaz de entender el fondo de lo que se le está diciendo, y no puede distraerse con “la manera en la que dije las cosas”.

    No me considero un tipo pesado… de hecho, muchos padres y apoderados de mi antiguo colegio, profesores, tíos y tías, etcétera, han dicho “Pero es tan simpático” sobre mi alguna vez, a pesar de siempre ser el que peleaba con los profesores, y el primero en alegar y decir un par de verdades.

    Mi viejo ahora, a punto de jubilar, ha tenido un cambio de actitud después de algunas duras experiencias ocurridas en los últimos 4 años, y ha virado de ser el yunque que alguna vez fue, a hilar más fino al conversar. He aprendido de él una fineza al emitir alguna crítica o al reclamar muy distinta al cinismo al que aludes en tu artículo, sin necesidad de sonrisas, ni tampoco de caras fruncidas. Simplemente un tono de voz que invita a ser escuchado.

    Y aunque en general me he rodeado de amigos considerados Camotes por la libertad de expresión que existe con ellos, sin prejuicios sobre tu tono de voz o tu cara, tiendo a recordar a mi viejo. Me parece que empezó a entender qué es realmente la inteligencia emocional.

  4. josé moloc comentó el 21 de Marzo, 2011 a las 6:35 am

    Es agradable leer a Karen, me agrada la gente pesada, pero nunca había leído una apología de los pesados, basada en el desmembramiento de los simpáticos y haciendo de los pedazos de estos un pedestal para los collares de melones. He visto siniestras actitudes y perversos pareceres detrás de mascaras bellas y atractivas, como feas y hoscas. La gente que no es simpática, es liviana, o es atractiva, o es locuaz (karen), o tiene alguna forma de no pasar por mueble o el envoltorio de un chocolito en el paseo ahumada. Hasta ser pesado es atractivo para algunos (que no son pocos) y que pueden con ese brillo, encandilar a un neófito.
    Es tan liviano el artículo, que pasaría sin opinar, pero como se trata de Karen, no me lo puedo permitir.

  5. Christian comentó el 21 de Marzo, 2011 a las 7:49 am

    …somos tontos, no pesados…

  6. Gonzalo Pluscuamperfecto comentó el 21 de Marzo, 2011 a las 7:52 am

    Saludos etimados , la verdad da lata ah, a mi mis amigos siempre
    me han acusado de quedar bien con todos y con tofo el mundo , tal
    parece ser medallita de oro es involuntario , y no una forma de
    ser o premeditado comportamiento , considero que llevarse bien
    con las personas que no te simpatizan es una forma de llevar la
    Fiesta en Paz , pues qué sacaríamos con andar todo el tiempo
    dieciendo ah me apestas, eso no me gusta , bah me caes mal, etc
    para qué si al final manteniendo uno sus principios y preceptos
    basta, los demás que sigan cayendonos mal , atento.

  7. curita comentó el 21 de Marzo, 2011 a las 7:52 am

    justo cuando me creo simpático, a los demás les parezco pesado, odioso o desubicado… ya me despidieron de un trabajo por imprudente… en fin, no hago alegoría de los pesados, me caen mal, pero concuerdo con que la simpatía está sobrevalorada porque es barata, falseable y rentable

  8. Jorge comentó el 21 de Marzo, 2011 a las 5:51 pm

    Estimada Karen:

    Apoyo lo que dice, me he encontrado con tanto rostro sonriente. Pero cuando los he mirado bien en algunos es una mueca, en otros u otras la fachada de un profundo dolor. Pero lo más peligrosos son han sido los que siempre sonrrien, y sonrrien bien para el público … pero a la primera que te pillán te cagan.

    Claro no seamos pesimistas, no confundamos. En cuanto a mi me inscribo en el grupo de los pesados, sonrio si pero poco lo justo y necesario. No soporto a los sonrientes, por ejemplo. Que aceoptan todo lo baladí o para que uno admita las embarradas que se mandan así como si nada.
    He visto a muchos sonreir, pero que tienen sufucuente odio y despecio en la cabeza para cortarte con el filo de sus relucientes dientes. A uno de esos llevale la contraria y ahí van y te dan de baja.
    Me acuerdo mucho del director del Pedro de valdivia de Temuco, que le sonreia a todo el mundo igual que Piñera. Pero que cada vez que salían la secretarias de su oficina las pobres minas salian llorando.
    … Y mi ex … bueno aunque esa es otra Historia, andaba con la sonrrisa a Flor de Labio y pucha que me cagó.

    Bueno al escribir esta notita no estaba sonrriendo, si eschuchando a Sonny Terry y sus hermosas melodias del alma.

    Un abrazo y sigue así punzante y atrevida.
    chico Jorge

  9. sir belfort de chipre comentó el 24 de Marzo, 2011 a las 4:02 pm

    sabes que la gente aduladora es sospechosa, la lucides de la sin razón tiene diferentes caminos, uno de ellos e sla vehemencia. No busques tanta indulgencia.

    Agonia

    Mi hombre interno reclama su expulsión,
    se siente oprimido y quiere explotar,
    rompo mis entrañas de subjetividad pasiva y
    redescubro al animal sangrante que tiene furia en los ojos,
    y saliva composiciones teóricas de vidas alocádas,
    mi corazón sangra odio, nostalgia y se siente impotente ante tanto devenir,
    él que transcurre lo sofoca él mismo le da oportunidades y se las quita,
    la sarna carcome mi garganta y siento ganas de llorar,
    quisiera tener una pistola en mano
    asi volarme la tapa de los sesos
    pero sería indecoroso muy repetido poco original.
    siento un malestar en mi alma que solo una copa puede quitar,
    la nostalgia al tiempo pasado,
    las cosas que nunca pude hacer porque solamente no se pudo
    me destruye el intelecto,
    esta maldita simetría me mantiene absorto me despotensia,
    solo hay un par de cosas que me consuela,
    el escrivir y la lectura poco metódica,
    ser un hombre en estos tiempos
    es una tragedia , una odisea, una locura, y con solo tres palabres recorro cientos de años de literatura y agonía.

  10. pelao comentó el 4 de Octubre, 2011 a las 8:26 pm

    Es para reflexionar tu comentario; yo en lo personal siempre he tenido problemas para relacionarme con los demas, me considero una persona muy introvertida y antisocial, mas que nada porque siempre me ha molestado mucho el doble standar que reina en nuestra sociedad; tu dices que caes mal por ser pesada, pero no croe que esa sea la palabra clave, yo creo la palabra correcta seria SINCERIDAD, O SEA DEMOSTRAR LO QUE UNO VERDADERAMENTE SIENTE;uno puede ser adulador, simpatico, idiota, desagradable, etc, lo importante no es esconder lo que uno siente por temor al rechazo de los demas; por otro lado, volviendo al tema del doble standar, muchas veces el weon que se muestra como un chuchesumadre, suele ser el wn mas legal y leal, como asi tambien en wn mas simpatico, agradable y carismatico, suele ser el wn que te clava el puñal por detras y no te apoya en los momentos claves; conclusion; esta la gente que es sincera ( o sea, la legal, la que no te esconde lo que siente, indepedientemente de los defectos) y la que no lo es, lo lamentable e injusto, tal como lo dices en un parrafo, eso se valora mas, ya que nos crian con el doble discurso, eso de esconder todo bajo la alfombrita y gritar a los 4 vientos lo que los demas quieren escuchar en vez de decir lo que uno siente

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