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La Concertación debe explicaciones (XXXII)

El liderazgo de la Concertación debiera explicarle también a sus bases y al país el por qué -además de desarrollar políticas destinadas a destruir o impedir la existencia de medios de comunicación de centro-izquierda (Ver La Concertación debe explicaciones (XXI-XXXI))- efectuó sistemáticas políticas de autocensura respecto de los medios de comunicación gubernamentales.

Así, particularmente durante el gobierno de Ricardo Lagos, ellas llegaron a tal grado que se tradujeron en renuncias o exoneraciones de directores y periodistas en La Nación y en el diario electrónico conexo, Primera Línea. En efecto, las presiones gubernativas condujeron en 2003 a la renuncia colectiva del equipo periodístico que editaba La Nación Domingo, que incluía a Alejandra Matus, Julio César Rodríguez y Víctor Gutiérrez, entre otros. El detonante fue la censura del presidente del directorio al reportaje La caja negra de Indap. En dicho artículo se “informaba sobre cómo durante la década de los 90 unos 600 millones de dólares destinados al fomento de la pequeña y mediana agricultura se quedaron entrampados en asesorías, consultoras, proveedores y centros de estudios contratados por el Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap)”. (Claudia Lagos y Rafael Otano.- Los medios en los años de la videopolítica; en Hugo Fazio y otros.- Gobierno de Lagos: balance crítico; Edit. Lom, Santiago, 2005; p. 166)

Posteriormente, en agosto de 2004, el propio director de La Nación, Alberto Luengo, fue despedido de su cargo, a raíz de la cobertura dada por el matutino respecto del caso Spiniak. En la carta de despido suscrita por el presidente del directorio del diario, Francisco Aleuy, se fundamentaba aquello por “el hecho de tratar, editorialmente, temas que actualmente se encuentran en conocimiento de investigación por parte de tribunales de justicia”; y que el público tendería a confundir la opinión del diario con la del Ejecutivo, cuando éste había señalado públicamente que no opinaría sobre procesos judiciales en marcha y que dejaría que “las instituciones funcionaran”. (Lagos y Otano; pp. 164-5)

El despido anterior suscitó una declaración del sindicato de periodistas del matutino gubernamental que señalaba que se habían sentido “casi tan censurados como en los peores tiempos. Jamás lo habríamos esperado de un gobierno de la Concertación y menos de aquel encabezado por el Presidente Ricardo Lagos, quien luchó por la libertad contra la dictadura de Pinochet, que censuró, encarceló y asesinó a periodistas”. (Lagos y Otano; p. 165) Y dicho despido generó una carta pública de 32 diputados de la Concertación que expresaba: “En un sistema de medios de comunicación escritos bastante uniforme y carente del pluralismo más elemental, La Nación ha cumplido un papel fundamental en el último tiempo, sirviendo como contrapeso a la mirada que reflejan los demás diarios de circulación nacional. Muchas veces, el punto de vista de La Nación no coincide con el gubernamental, enhorabuena, porque eso demuestra que es posible tener un diario de propiedad estatal que no sea un simple vocero del gobierno, sino que funcione con criterios periodísticos. Por eso, el argumento para este despido es inaceptable. A los directivos de La Nación no se les puede pedir que sigan los lineamientos del gobierno en temas tan delicados como el caso Spiniak, porque si así fuera, debieran limitarse a callar y esperar los fallos judiciales”. (Lagos y Otano; p. 166)

Luego, en diciembre de 2004, el gobierno despidió de sus funciones de director de La Nación a Juan Walker, sucesor de Luengo. El motivo fue el enojo que le suscitó un reportaje efectuado con ocasión de la publicación del Informe Valech, en que se acusaba acremente a varias personalidades de la dictadura de haber cohonestado de alguna forma las políticas de tortura de dicho régimen. (Ver Lagos y Otano; pp. 167-8)

Por otro lado, el mismo gobierno de Lagos despidió en 2000, sin expresión de causa, al director del diario electrónico Primera Línea (propiedad de La Nación), Juan Pablo Cárdenas. De acuerdo a su testimonio, “desde el primer día en que se supo que los miembros del directorio del diario me designaron, empezó sobre ellos una presión enorme para que me echaran del cargo”; y que “a los dos meses, cuando el diario estaba desarrollado con una gran cantidad de visitantes y absolutamente consolidado, se me insistió en que renunciara, a lo que me negué. Entonces fui expulsado por el directorio, producto exclusivamente de instrucciones superiores, ya que tanto el directorio como la gerencia quisieron mantenerme en el cargo, dilatando lo más posible mi permanencia porque veían mi expulsión como un acto de gran injusticia y hasta de torpeza, dada la inversión que habían hecho. Antes de concretarse la expulsión, el directorio incluso me instó a que yo mismo hiciera gestiones para lograr revertir la situación. Hablé para esto con el ministro secretario general de gobierno, Claudio Huepe, quien me señaló que actuaba bajo instrucciones superiores. Le envié, entonces, una carta al presidente Lagos, señalándole que estaba en sus manos evitar que se produjera esta expulsión injusta que, independientemente que fuera yo el afectado, significaba un grave atentado a la libertad de expresión. El Presidente no hizo absolutamente nada”. (Boletín Libertad de Expresión; N° 9, marzo de 2008; Instituto de la Comunicación e Imagen, Universidad de Chile)

La represión gubernativa de los medios oficiales puede haberse visto agravada bajo el gobierno de Lagos debido a que sus periodistas y directores se mostraron más audaces, dado las mayores expectativas generadas por un gobierno supuestamente más progresista que los anteriores y a la ostensible disminución del “poder militar” producto de la detención de Pinochet en Europa. El caso es que dicha represión agudizó la falta concreta de libertad de expresión en Chile luego que las políticas “autodestructivas” habían logrado eliminar todos los medios escritos afines a la Concertación durante la década de los 90. Además que la continuación de la discriminación del avisaje estatal condujo en esa época a la desaparición de otros medios escritos de carácter progresista como Rocinante y Plan B

6 de septiembre de 2011

Por Felipe Portales

Publicado en www.elclarin.cl

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6 comentarios para “La Concertación debe explicaciones (XXXII)”

  1. Patricio comentó el 11 de Septiembre, 2011 a las 5:57 pm

    Esto deja claro la consolidación del duopolio mediático y la Concertación debe muchas explicaciones ¿acaso le hicieron el trabajo sucio a Edwards y a Copesa? ¿Era una de las tantas concesiones a la derecga? Ya lo sabremos.

  2. Erik comentó el 11 de Septiembre, 2011 a las 8:42 pm

    Ricardo Lagos tiene que ser investigado a fondo. Como puede ser correcto que el gobierno de Allende nacionalizo el cobre chileno y Lagos lo entrego a las multinacionales? No se juzga al hombre por lo que se dice ser pero por lo que hace. Lagos nunca fue socialista.

  3. Andres Wiche comentó el 12 de Septiembre, 2011 a las 9:08 am

    Ya se le pasó la hora de dar explicaciones. Las encuestas muestran que la gente ya se ha formado una clara opinión acerca del desempeño de la clase política en general, y de la Concertación en particular. Pienso que para salvar la memoria histórica, sus líderes deben dar un paso al costado y retirarse (tal vez ese gesto generoso les depare un lugar más o menos honroso – y la reinstalación del recuerdo de las cosas buenas que hicieron durante su período – en la memoria colectiva. Y es hora también para que la civilidad progresista se organice de un modo más espontáneo y abierto, sin dejarse dominar esta vez por cúpulas que terminan, como hemos visto, sirviéndose a sí mismas.

  4. daniel toro comentó el 12 de Septiembre, 2011 a las 11:20 am

    Todos los administradores de la conertaciòn actuaron en contra de los intereses del paìs, todos “renovados” como super capitalistas, terminaron con todas las publicaciones que pudieran criticar sus actuaciones, Apsi, Fortin Mapocho, etc…Ademàs contaban con la docilidad de sus militantes que defendìan inconcientemente el modelo, lo que debieran hacer ahora es hacer un mea culpa y ayudar a empujar el carro de este gran movimiento popular estudintil para lograr los cambios que el paìs necesita con urgencia, aunque es una dificil tarea debido a la ideologia de los actuales administradores, pero no imposible si el empuje del pueblo es mayor.

  5. David comentó el 13 de Septiembre, 2011 a las 8:48 am

    Concuerdo con casi todas las “explicaciones” que el señor Portales ha denunciado y que la concerta debe dar, pero tanto pegarle a un conglomerado que está en la uti y que su muerte es inevitable, me pregunto, qué pasa con el sector que armó todo este entuerto, la derecha, en todas sus manifestaciones.

    A veces siento que de tanto pegarle a la concerta, merecidos palos, se me puede escapar el real enemigo de Chile, LA DERECHA, tanto política como económica. Ese mundo no sólo debe explicaciones, debe vidas, miserias, sangre, sueños, el querer tener un país digno, entre muchas otras situaciones que hablan de justicia social, y que la derecha jamás tendrá en sus preceptos.

    La concerta equivocó el camino, vendió el cobre, armó a grupos económicos creando concentraciones económicas impresentables, profundizó el ultraliberalismo que pinochet y jaime guzmán habían delineado, pero en ese sector hay gente que debe y puede enrolarse con esa civilidad olvidada y que hoy se levanta en contra del sistema.

    Es tiempo de dejar a la derecha bailando sola, con aquellos malos concertas que le siguieron el paso, pero no todo es turbiedad en ese mundo concertacionista que hoy vemos morir.

    Saludos.

  6. Hugo fuentes comentó el 13 de Septiembre, 2011 a las 2:18 pm

    las columnas de opinión no sirven para nada.
    http://persuacionmistica.blogspot.com/2011/09/las-columnas-de-opinion-no-sirven-para.html

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