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“Perfil del cargo”

Me han encomendado contar cosas, porque soy buena para eso, o eso algunos creen, así que en vez de hacer conjeturas y tratar de adentrarme en argumentos de lo que sucede con Somalia, Londres o Chile, como en un stand up comedy, tengo que redactar un parloteo para la diversión de los lectores.

Les puedo contar que me echaron cagando de Metagroup, por medio de una psicóloga laboral. Me llamaron a la oficina el día 29 de julio y yo andaba con una caña de los mil demonios.

El día anterior había ido al Passapoga a disfrutar de un carrete a lo mero macho, con whisky, cocaína, y latinoamericanas, con algo más que las venas abiertas, bien escasas de ropa. Como misteriosamente poseo un sex appeal masculino superior incluso al de un hombre, una paraguaya de un par de metros y con un culete donde se congregaban todas las batallas del Chaco, me bailó con desenfadado ritmo.

Linda experiencia. Pero como no hay bien que por mal no venga, al otro día, el boomerang cósmico se encargó de hacerme saber que la vida no es sueño.

Hacía un mes me había interrogado la psicóloga, una de esas minas “nada” con los ojos saltones: ¿Cómo te sientes? ¿Qué haces? ¿Qué cosas te molestan? Y con mi talón de Aquiles, que es la incontinencia de honestidad, le contesté cada una de las preguntas. Le dije que la cultura organizacional respondía a un modelo feudal, solo que el inquilinaje urbano no existía, pues siempre estaba la nostalgia de que las cosas fueran colaborativas en una lógica grupal, donde el poder puede transitar.

Me molestaba profundamente tener que demorarme no más de cinco minutos en el baño, abrir la puerta y contestar el teléfono como si fuera secretaria, tener que quedarme un día de turno sin poder salir de la oficina en todo el día, que no hubiese toalla para secarse las manos, que hubiera un programa computacional espía en cada computador, pero lo peor, peor, que la única persona autorizada para tener personalidad fuera la patrona.

Le expliqué que me refería a que si alguien se reía u opinaba, ella de inmediato salía de su oficina, único lugar no hacinado, para fisgonear e incluso preguntar el porqué de la algarabía. Las opiniones tampoco eran tomadas en cuenta, por nuestra profunda ignorancia. Ninguno de nosotros estudió en El Nido de Águilas; a lo más, habíamos ido al circo Las Águilas Humanas.

Porque había un nexo entre todos los que ahí arrendábamos nuestro cuerpo e inteligencia. Teníamos un patético perfil: Un marica misógino y arribista que admiraba profundamente el pelo rubio de la patrona y que era capaz de hacerse autobullying con el fin de hacerla reír; un actor fracasado, empalagoso y servil que sueña con llevar a su hija a Disney World; un par de sopaipillas humanas, con una obesidad que podría rayar en lo mórbido; una despedida del 13 por su tendencia fascistoide; hijas de una camada de 10, de familia puentealtina, capaces de echarse toda la pega de la empresa encima, incluso a la manera de verdugos por 600 lucas; enfermos crónicos plan auge, un joven con problemas de crecimiento y autoestima; un hipster-indi-gente; un Metro-línea 4- sexual, y yo, madre soltera con cara de lesbiana, o maraca, depende de si hubo o no alternancia. Por eso nunca he creído en la caridad. Siempre encubre un deseo de abuso de parte del supuesto benefactor. Uno que con dinero obtiene poder, y que el respeto termina, producto de su incapacidad de verdadero liderazgo, en una asquerosa mezcla de miedo y repulsión.

La buena noticia fue que ese fatídico 29 de julio, llamada al cadalso al más puro estilo “Vigilar y Castigar”, patrona y psicóloga laboral me informan de que no cumplo con el “perfil”.

Luego de 10 meses de contrato indefinido se daban cuenta de que yo no servía para mi cargo. Sí, me indigné, y hablé de Nietzsche y de los psicólogos de las libertades individuales, y que no me explicaran nada más, que no era necesario. Me despedí de los que seguían cumpliendo con el perfil, y me fui, por fin, a la original hora de salida.

Pasó nada más que el fin de semana de humillante cesantía, o dignificante libertad, porque el mismo lunes encontré chamba. Claro, me tomé esa semana en la cual me plegué a las protestas, desde las sutiles en la fila de los bancos y supermercados, hasta las apoteósicas, que estoy convencida le cambiarán el rostro a este país de mierda, plagado de metagrupos que calzan medio a medio con su servil y espantoso “perfil de cargo”, ese que a Hinzpeter le cae como anillo al dedo en un sistema mediocre, represivo y egoísta, pero que va a caer -los mayas fueron un pueblo muy caperuso- va a caer, como la educación de Pinochet.

Por Karen Hermosilla Tobar

El Ciudadano Nº108, segunda quincena agosto 2011

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7 comentarios para ““Perfil del cargo””

  1. gabriel comentó el 16 de Noviembre, 2011 a las 3:58 pm

    espero que haya sido real.. y no un cuento de fantasías post-modernas.

  2. roberto comentó el 16 de Noviembre, 2011 a las 7:17 pm

    el docto lo redacto Karen Hermosilla Tobar una mina y escribe “había ido al Passapoga a disfrutar de un carrete a lo mero macho,”, osea o es lesbiana y se viste de macho, o es macho y escribe con el seudonimo de mina, en ambos casos , dudoso el escritorsillo, el tema puff un asco, solo la foto que colocaste capta la atención, el escrito lo mismo da que te lo guardes para ti.
    cero aporte.
    A mejorar y a practicar o a volver a la U, asi no se puede, insufrible,

  3. Cristián comentó el 17 de Noviembre, 2011 a las 6:39 am

    Me encantó el análisis sobre la pega, es una perfecta radiografía de muchas oficinas de Chile… pero lo que mas me gustó fue el carrete.

  4. Villeneuve comentó el 17 de Noviembre, 2011 a las 11:31 am

    …para distraerse nada mejor que comerse una paraguaya pero no a la paraguaya porque es incómodo

  5. Alejandro Diaz comentó el 17 de Noviembre, 2011 a las 11:39 am

    Karen

    NOTABLE.

    Saludos

  6. Javier comentó el 17 de Noviembre, 2011 a las 12:10 pm

    Roberto: algo me dice que te molesta la ambigüedad, cosa más frecuente en a quien le sobran las certezas pero le sigue pesando la falta de fundamentos, y, por qué no, el sentimiento también ambiguo de darse cuenta de ello. Me encantaría leer algo de tu propia pluma; tu crítica deja mucho que desear, todavía no entiendo cual es el problema que tienes con la columna. Pareciera que la molestia fundamental viene del desconcierto acerca del género e identidad sexual de el (o la, como quieras) columnista. Me llama la atención, y por eso respondo a tu clamor por atención, que te hayas dado el tiempo de escribir sobre algo que fue “cero aporte”. Claro que fuiste rápido en dejar claro que la foto te trajo a la columna, y de nuevo se me viene a la mente eso de la ambigüedad, que tan bien le queda el disfraz de misógino mujeriego (no digo que sea el caso, pero es frecuente)

    Sobre la columna, a mi también me llama la foto porque me parece haberla visto antes en otra que, también, me gustó mucho y que por el estilo estoy seguro que es de la misma autoría. Envidio la capacidad que tienes de resumir personas y personalidades en 3 palabras llenas de pop y nausea. También espero que sea real, me hacen falta historias de protagonistas postpostmodernos que sueñan con el apocalipsis de esta surealidad.

  7. Suicyco comentó el 17 de Noviembre, 2011 a las 2:06 pm

    Cuando la ficción alecciona, cuando es abosluta forma de conocimiento. El análisis y descripción de las realidades de nuestros tiempos u otros tiempos en el afán literario… qué mejor.

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