Sobre medios de comunicación y modelo neoliberal

Avelino Jiménez · 23 December, 2011 04:12
Columnas

Me interesa socioanalizar en esta oportunidad el Modelo Neoliberal, los medios de comunicación: televisión, radio, prensa escrita, Internet, y su relación con la violencia, exclusión, las dinámicas sociales y la convivencia.

El Modelo Neoliberal, privilegia el productivismo y el consumismo (más que la producción y el consumo), y termina persiguiendo obsesivamente la ilusión de acumular capital, tomado por sinónimo de riqueza, sentido y éxito en la vida. Tiene un poder en los medios de comunicación, con la amplitud y profundidad de influenciar al individuo y a la comunidad, en todos los planos, con capacidad para formar, controlar y manipular las masas al servicio, casi exclusivo y excluyente, del estilo de vida que promueve; como es natural.

Los medios de comunicación se han convertido en instrumentos esenciales para la producción, reproducción, mantención y reforzamiento del modelo, en cerrojos inviolables protectores de cualquier cambio. Las condiciones del hacer actual de los medios de comunicación, impiden transformar al modelo social sin antes hacerlo, en el modo de uso de los mismos medios de comunicación.

MODELO NEOLIBERAL Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

El modelo neoliberal estimula el exitismo económico, el productivismo -no la productividad-, el consumismo -no la capacidad de consumir-, y caer en un torbellino de activismo, -que no es lo mismo que actividad-, llegando a un hacer febril, compulsivo, y sectario, que esta arrasando, incluso saqueando, el entorno ambiental. Típico autoritarismo nihilista humano, sobre la naturaleza: crisis del agua, calentamiento global, escasez energética para ir de golpe a lo grave.

Los medios cautivan a la comunidad, la que sugestionada con su característica psicología de masas aprende el modelo, lo mantiene y asegura. Lo que está ligado a que los medios de comunicación principales, determinantes, son grupos o sectores poderosos minoritarios. Lo diferente sería Internet, que da para creerlo un antídoto; ya que, alguien con acceso a él podría crear acciones sociales independientes antisistémicas; hay ejemplos que los tenemos ante nuestros ojos.

El poder, la capacidad de hacer no es algo malo en sí, también es un hecho que la elite más poderosa de las sociedades tiende a comandar y gobernar la convivencia del resto. En el Modelo Neoliberal, esta acumulación de poder en las elites encuentra en los medios de comunicación, su varita mágica, para configurar a las multitudes, adiestrar a las personas, a esta altura más que la educación formal, en conceptos, valores y creencias de la identidad del sistema.

Los medios de comunicación, tienen capacidad de producir identificación masiva con los valores y creencias del modelo, están al servicio del productivismo, consumismo, y de su sentido último el éxito material, sectario. Cualquier manifestación, contenido, tema diferente o disfuncional es excluido y marginado; en la práctica es como si no existiera.

Los canales de televisión, incluyendo el Canal Nacional de Televisión, autofinanciados, tienen que seguir la regla de oro del modelo que es la competencia económica, el poder del más fuerte. Algunos piensan que en el estado actual no existe competencia genuina, por tanto ni siquiera habría sistema capitalista, sería una perversión del capitalismo. Autofinanciamiento, que los obliga como si ne qua non, a captar la atención de las personas, manipulando los sentimientos más fáciles y más intensos, de su audiencia cautiva. A los que se recurre lo conocemos de sobra: violencia, sexualidad, hedonismo y otros. No como valores en si mismos, que tienen su verdad, sino para amarrar la audiencia a la programación que los esculpe, al adiestramiento que los va a obligar a comprometerse con el productivismo y consumismo propio del modelo, de su estilo de vida.

Los medios de comunicación, en su lado negativo, manipulan las emociones a través de profesionales del conocimiento de la conducta y la psicología utilizando el avisaje, la publicidad. Los cantos de sirena infalible de los medios de comunicación, se apropian y dominan la identificación en las personas, se hacen funcionales a los poderes que han alcanzado la finalidad del modelo, al exitismo y el poder económico, a que puedan multiplicar sus mensajes y hagan rodar la mecánica que lo sostiene.

El corolario de esta reflexión sería: si los medios de comunicación son exclusivamente autofinanciados, llevan a las fauces de los capitales, el producto de las mentes adiestradas de la comunidad, y no podemos crear una vida distinta.

CANAL NACIONAL CULTURAL Y SOCIAL DE TELEVISIÓN

En una dimensión política realista, concreta, sería bueno crear, lo antes posible, un Canal Nacional Cultural y Social de Televisión; por lo demás está por cambiar la señal a digital, con lo que es posible disponer de más señales televisivas. No me refiero al Canal Nacional de televisión, que está en las mismas condiciones, porque tiene que autofinanciarse. Sino a un canal nacional cultural y social financiado por presupuesto estatal, que exprese a la población y sus necesidades. Canal nacional cultural y social cuyos contenidos tengan mérito para un desarrollo integral de la comunidad, sin los condicionamientos forzados característicos del modelo. No estaría tanto en contra de un modelo si no estuviera obligado a el.

Canal nacional, cultural y social en el que sus contenidos y programas no dependan del rating, quien no se interese por un programa vería cualquier otro canal, como ahora. La audiencia baja, hablando de la televisión, no sería objeción, ya que lo esencial es ofrecer contenido distinto, enriquecedor, independiente del productivismo, consumismo y la acumulación de riqueza material como sentido principal de la vida social.

Un canal nacional y social sin noticieros –por obligación al menos-, periodistas alineados por necesidad, programas que duran un día, el machacar con avisos económicos entre las películas, rating, ritmos acelerados, boyerismo sentimental, ni con la carga patógena conocida. Pero con las manifestaciones autenticas de la comunidad, amplias, profundas, reales, de aquellos que están a cargo o se desempeñan en las instituciones, los ministerios, universidades, deportes, teatro, baile, con debates políticos no excluyentes, postulación tipo similar fondart, diversión, educación, historia, sensualidad, política, ciencias.

Un canal nacional cultural y social donde cada partido político y movimiento social podría expresarse libremente, y con el paso del tiempo lo que hoy es confusión, conflicto, descalificación, sería entendible, ordenador. Un medio de comunicación donde las autoridades no fueran invitadas para humillarlas, cuestionarlas, fragmentarles el discurso, disociarlas, en el que no se ofrenda sangre de cualquiera “en vivo” a una audiencia eufórica, mientras el aviso, anfitrión en las sombras, da las ordenes post hipnóticas que distinguen al modelo. ¿Por qué este ataque a la autoridad? Quizás porque así en cierta anomia, sin tener qué respetar, se elimina la competencia del valor o creencia real y principal, que domina el trasfondo: el mercado. Parece extraño, pero da la impresión que para los medios, es bueno destruir a aquellas personas que representan valores de la sociedad, sus símbolos o la autoridad.

Entendamos, estamos caracterizando aspectos parciales viciosos de los medios, que los ligan a su compromiso con lo más típico y cuestionable de lo que se ha llamado Modelo Neoliberal, en los que está por demás la población también. Sistema, que permite a grandes masas darse lujos con préstamos bancarios, estudiar en universidades privadas de todos los pelajes, y hasta acceder a la pasta base de cocaína, democratización del clorhidrato de cocaína, ejemplo telúrico de lo que se ha llamado también el “chorreo” del sistema.

Con un poco de memoria, la furia a las autoridades políticas empezó en la dictadura militar, que tenía en aquellas autoridades políticas enemigos reales a su propósito; la dictadura se presentaba como una necesidad ante el desastre de”los señores políticos”. Estrategia y sensibilidad que se practica con entusiasmo y convicción, como una nueva moral, a causa del “desprestigio de la clase política”, que trabajan activamente los medios de comunicación, a punta de codazos. La descalificación de sus autoridades es síntoma de mal estado de la convivencia, y sus consecuencias pueden ir hacia la cima como al precipicio individual y social. El conflicto con la autoridad es un núcleo clásico de la psicología humana. ¿Acaso no es un arquetipo de integración y sabiduría una comunidad que respeta y aprecia a sus autoridades? Es el caso en las comunidades tradicionales que sienten devoción auténtica por los ancianos, en cuanto son tesoros del saber de sus órdenes sociales; al contrario de lo que ocurre en el modelo en cuestión, en el que aquellos obstruyen la chimenea, y luego son “gastos”.

Otra forma de cultivar violencia, además de lo anterior, en los medios de comunicación, a través de las pantallas, son programas en vivo de operativos de carabineros, policías, cárceles, carteles de drogas. Programas de investigación y denuncia periodística, que contribuyen directamente a la atemorización social y al aumento de la percepción de riesgo que tiene la población. Primero, es evidente que estos programas estimulan cuadros clínicos psiquiátricos angustiosos. Segundo, si las fuerzas policiales de cualquier tipo actúan en derecho cuando ingresan en casas de particulares imputados, dudo mucho que los periodistas y los medios que entran con ellos tengan un respaldo judicial para filmar la intimidad de alguien y me temo que actúan en delito al hacerlo. El hecho, de que últimamente se este velando la cara de las personas en los operativos, parece dar la razón a lo dicho ¿Cómo podría denunciar un medio de comunicación si el mismo no respeta la legalidad vigente, ni los derechos de las personas?

Algo similar podría cuestionarse de las investigaciones periodísticas que colocan cámaras en espacios privados, que exponen a personas indemnes a juicios de opinión pública, sin debida claridad, que según mi experiencia, podrían asociarse incluso el suicidio en algunos casos. Una dictadura social, atroz e hipócrita de los medios de comunicación, (en sus aspectos típicamente perversos por su puesto, no estamos tocando su buena práctica o su misión).Los más terribles temores, ahora pueden hacerse pavorosamente ciertos, al ser víctima de una cámara secreta, o un programa de investigación, en los que a veces actúan falsos personajes, de la producción del mismo, que inducen el delito que quieren demostrar.

Estamos diciendo basta, cambiemos el funcionamiento de los medios de comunicación, no puedo tirar la primera piedra, no me creo libre de culpa, pero opino con esta ilusión de un Canal Nacional Cultural y Social de Televisión, que no quiere el funcionamiento comercial exclusivo de los medios de comunicación, ni entregar la responsabilidad de los contenidos al mero mercado, porque la comunicación alimentan día a día a las personas en sociedad. Una especie de canal nacional cultural y social, con un marco normativo que lo encauce en una actividad transparente, que muestre la naturaleza del alma social en su esplendor. No creo que podría imaginar la cascada capaz de originarse en las vertientes de una comunidad, pero entre los silencios que a veces se producen en medio de todo esto, la intuición trata de decir algo, a muchos.

Avelino Jiménez Domínguez

Psiquiatra

Avelino Jiménez
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