Entrevista a Mercedes Giuffré

Profesión: escritora

Conversamos con la novelista sobre la profesión del escritor, sobre su historia personal, sobre sus maestros, sobre Latinoamérica, entre otras cuestiones. Cuando le pedimos consejos para un principiante, dijo: «El tiempo es más valioso que casi todo, excepto el amor».

Dicen que uno es lo que hace. Incluso se ha dicho que uno es lo que come. Entonces, y en especial tratándose de un escritor, podríamos decir, porqué no, que uno también es lo que lee. Mercedes Giuffré, en este momento, en su mesita de luz, tiene una pila enorme, donde está todo mezclado: lo que lee para su tesis de posgrado y lo que lee por placer. Hay un libro de Didi Huberman (Pueblos expuestos, pueblos figurantes), una biografía del virrey Sobremonte, una novela de Manuel Rivas (Las voces bajas), el nuevo libro de Fabián Casas (Titanes del coco), una novela de Horacio Castellanos Moya (Insensatez), y una de Alejandro Zambra (Formas de volver a casa), por último, un libro de Margo Glantz que estoy releyendo para mis clases (Las genealogías).

Prendan los parlantes y escuchen El invierno en Lisboa, la canción que eligió Mercedes Giuffré para musicalizar esta nota, mientras le damos la palabra y entramos en clima.

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Mercedes Giuffré, por Laura Muñoz Hermida.

Mercedes Giuffré (1972) es licenciada en Letras, docente universitaria, traductora, crítica de arte. Ha colaborado como columnista de Arte y Literatura en varios medios gráficos. Pero es, sobre todo, escritora. En 2003, publicó su primer libro de cuentos, Lo único irremediable, al que le siguieron los ensayos En busca de una identidad: la novela histórica en Argentina y Un pionero escocés (ambos del 2004).

El reconocimiento literario le llegó de la mano de su personaje Samuel Redhead, protagonista de las tres novelas que publicó hasta el momento. El género que maneja, en la saga mencionada, es el de la novela policial histórica. El tercer libro se llama El carro de la muerte y trata el tema de los esclavos con una mirada diferente a la que se nos enseñó en las escuelas.

Hoy en día, la escritora está trabajando en tres proyectos literarios paralelos: por un lado, Los Olvidados, que se ambienta en la Segunda Guerra Mundial, en los campos de concentración de las colonias francesas de Vichy, en África; por otro lado, está escribiendo una nouvelle que se ambienta en los setenta y los ochenta del siglo XX; y, finalmente, está pensando en la cuarta novela de la saga de Samuel Redhead, que la empezará a escribir a fin de año o comienzos del próximo.

No obstante, se hizo un espacio en su agenda y conversó con El Ciudadano. Como podrán imaginar, Giuffré es de esas personas que respira literatura. Aquí va la entrevista:

1. ¿Qué implica, para vos, ser escritor en la vida diaria?

Es mi vocación, lo que elegí desde que era chica. Mi forma de vida. Todo se ordena en torno de eso.

2. ¿Cómo es un día común de tu vida?

Trabajar, trabajar, trabajar.

3. ¿Cómo es tu historia personal con respecto a la creación artística?

Me crié en un atelier. Mi papá es artista plástico y mi mamá, profesora de Estética, egresada de la Facultad de Filosofía. Mi infancia transcurrió entre pinceles, telas, óleos y aguarrás, con todo lo que eso conlleva: la falta de horarios, el sentirse diferente respecto de los otros chicos… Encima crecí en plena dictadura y ser diferente no era aconsejable. Por eso, me refugié en la lectura.

El arte es algo que me acompaña en sus múltiples manifestaciones, desde esos primeros tiempos. En el comedor, teníamos un piano muy valioso que le dejó a mi papá en custodia uno de sus amigos que tuvo que irse al extranjero, y en ese instrumento maravilloso, mi hermana aprendió a tocar a Brahms y a Beethoven. Yo estudié Letras, pero también Crítica en Artes Plásticas y pasé por el Conservatorio, donde intenté tocar, sin éxito, el violín. La música es, para mí, casi tan importante como la literatura. Pero solo podía dedicarme por completo, es decir, en cuerpo y mente, a una de ellas. Así que elegí.

4. ¿A quiénes elegiste como maestros?

A Albert Camus, George Orwell, Charles Dickens, Anton Chejov, Benito Pérez Galdós, Julio Cortázar, Juan Rulfo y Carlos Fuentes. Todos hombres, así que agrego a las queridas Jane Austen y Virginia Woolf y, en la actualidad, a mis admiradas Elena Poniatowska y Margo Glantz.

5. ¿Qué lecturas fueron fundamentales en tu vida, de esas que tienen un impacto indeleble?

La peste y Los Justos, de Albert Camus. Oliver Twist, de Dickens. Misericordia, de Galdós. Y el descubrimiento de Conan Doyle, a los once años.

6. ¿Es necesario que el artista tenga virtudes morales como sujeto?

Es un tema conflictivo. ¿Necesario en cuanto a qué? No en lo estético, desde luego. Un miserable puede ser, formalmente, un artista virtuoso. Ahora, si pensamos en él o ella como ser humano completo, la cosa cambia. Desde luego que prefiero al artista heroico, un Albert Camus que arriesga la vida escribiendo en Combat contra los nazis, antes que a un Céline abiertamente antisemita. Pero no puedo negar que el último escribía bien.

7. ¿Qué lugar tiene, para vos, el talento innato en la profesión del artista?

Uno pequeño. Hay que desarrollar y potenciar ese talento con disciplina y formación. De otro modo, no se llega a nada que valga la pena.

8. ¿Qué te brindó la formación académica para el oficio creativo?

Amplitud de miras y disciplina.

9. ¿Al momento de encarar la escritura, cómo te orientas? ¿Cuáles son tus puntos de partida?

Anoto ideas que me surgen en los momentos más inusitados. Dejo que crezcan y, cuando lo han hecho, pienso en los personajes y en el o los narradores, imagino la forma del relato, hago un plan de trabajo que luego voy retocando sobre la marcha. Y me pongo a escribir y a pulir. Sobre todo esto último, que lleva mucho más tiempo que lo demás. Trabajo con la música de las palabras, las oraciones y los párrafos.

10. ¿Qué lugar le dejás al azar?

Poco.

11. Y como tallerista, ¿qué le aconsejarías a un principiante?

Le recordaría que la obra demanda mucho esfuerzo. Que no se construye sola, así que es preciso dedicarle las mejores horas. Le aconsejo que no transija en lo que atañe a la calidad y honestidad de su arte. Que diga y haga lo que vino a hacer y a decir al mundo. Y que no pierda el tiempo. Especialmente esto último, porque el tiempo es más valioso que casi todo, excepto el amor. Que no lo invierta en tonteras. Que sienta amor por su obra. Y que lea el testamento artístico de Rodin (click aqui).

12. ¿Por qué elegís, hoy en día, el género novela y policial?

Tengo siete libros escritos y solo tres de ellos encajarían, con buena voluntad, en lo que se entiende por policial. Cuatro son novelas. Una de ellas, la última, todavía busca editor y es algo así como una ficción testimonial.

El policial enseña a escribir. Yo creo que el hecho de violar las reglas que el mismo género se empeña en establecer hace que uno crezca como narrador. Es un espacio para la experimentación formal, aunque mantiene un hilo conductor con la literatura clásica, que funciona como un escalpelo para analizar a la sociedad y sus males.

13. ¿Cuáles son las virtudes de la narrativa histórica que la singularizan?

La literatura de ambientación histórica obliga al escritor a una disciplina de trabajo que se asemeja a la del historiador, aunque persigue otro fin. Porque mientras el historiador trata de construir una versión del pasado para entenderlo, el escritor piensa el presente desde una perspectiva pretérita. En este sentido, la escritura de este tipo de obras implica una operación similar a lo que Giorgio Agamben describe como la actitud contemporánea del artista, que toma distancia de su propio tiempo para analizarlo. Toda una paradoja.

14. ¿Para quién escribís?

Para mí, para los lectores, para todo el que se acerque a mis libros.

15. ¿Cómo te llevás con la poesía?

Empecé escribiendo poesía, como muchos. Soy lectora de poesía. Y cuando trabajo en prosa intento recuperar la musicalidad de las palabras. Pero no me siento poeta.

16. Entre los escritores contemporáneos, quiénes creés que van a perdurar dentro de muchos años?

De Argentina, Sergio Chejfec, Selva Almada, Samanta Schweblin, Andrés Neuman, Pedro Mairal y Gaby Cabezón Cámara [a quien entrevistamos hace poco], seguro, porque hacen algo que habla de nuestra época de un modo original y con calidad.

17. ¿En qué aspectos podría mejorar la novelística actual, de acuerdo con tus gustos y tus deseos?

No tengo deseos al respecto. Que cada quien haga lo que tenga que hacer.

18. ¿Qué escritores chilenos te gustan?

Diamela Eltit, Alejandro Zambra, Luis Sepúlveda, Hernán Rivera Letelier, Gabriela Mistral, el último Huidobro, algo de Donoso, algo de Bolaño. No he leído todavía la obra de un par de autoras que me recomendaron, así que quedan pendientes sus nombres.

19. Como docente y especialista en literatura latinoamericana, ¿qué distingue a esta literatura de otras?

Su histórica y obsesiva búsqueda de identidad. Su libertad formal, su musicalidad, su versatilidad y variedad.

20. ¿Cómo ves el panorama político latinoamericano actual?

Creo que hay fuerzas económicas por encima de países y gobiernos que ponen en cuestión la existencia de lo que entendemos por Democracia. No puedo pensar una América Latina aislada de lo que pasa en el mundo. Y a este nivel, soy escéptica con lo que viene. El planeta está virando a un nuevo tipo de autoritarismo y la gente se distrae con lo banal, alentado por los medios y las redes, mientras le roban su futuro, la salud, la comida, el agua, la libertad de pensar y de desarrollar un pensamiento crítico. ¿Puede Latinoamérica oponerse? ¿Es ajena a lo que pasa, o ha tranzado en algún grado, con dichos poderes supranacionales? Habría que ver la cuestión país por país.

21. ¿A qué aspirás con tu obra?

A dejar lo mejor de mí.

22. ¿Pararías de escribir alguna vez?

Solo si siento que ya no tengo nada que decir. Aunque es difícil que eso pase.

23. ¿Cómo te gustaría ser recordada, si te dieran a elegir?

Como alguien que no se rindió (a pesar de todo).

Blog personal de Mercedes Giuffré: 

http://mercedesgiuffre.blogspot.com.ar/

Lucio V. Pinedo/ @luciovpinedo
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