EDITORIAL

El Cau Cau: El primer puente levadizo del país que nos costó $27 mil millones y que es inservible

Lo más acertado debió ser la decisión de construir un viaducto de un solo brazo con una elevación adecuada, algo así como un arco, para que transiten las naves sin tener que haber incurrido en gastos superfluos para satisfacer las necesidades de conectividad que necesitaba la ciudad. El puente ya estaría listo, nos habríamos ahorrado miles de millones de pesos.

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Corría la primera quincena de noviembre de 2005 y también comenzaba la primera de las dos licitaciones que nuestro país implementó para la construcción del puente levadizo que iba sobre el río Cau Cau, conectando el barrio de Las Ánimas con la Isla Teja en Valdivia. Nada parecía presagiar que esta estructura de 90 metros de largo, 9,4 de ancho y 7 metros de altura iba a representar un derroche de 27 mil millones de pesos.

El alcalde en ese tiempo de la ciudad del río Calle Calle, hoy diputado RN, Bernardo Berger, comunicó la noticia como otro triunfo de su administración. No obstante pocos se dieron cuenta de la novedad, ya que ocurrió el 19 de octubre durante un acto “ciudadano” encabezado por el ex presidente Ricardo Lagos quien anunció el envío del proyecto de Ley que creaba la Región de Los Ríos.

La idea de contar con un puente al más puro estilo de ciudades europeas, como Londres (Inglaterra), Amsterdam (Holanda) o Burdeos (Francia), resultaba atractiva para la comunidad valdiviana. Además también iba a resolver la congestión vehicular (que hasta la fecha sigue); mejoraría la falta de accesos a la zona costera, pues con el Cau Cau ya no sería necesario cruzar la ciudad para ir a la costa; y solucionaría el peligro de poseer un solo viaducto que media entre el litoral y la capital de la Región, entre otros aspectos positivos.

Esta eficacia del puente la tenía clara el edil: estaba chocho, pues desde que fue designado como alcalde (en 1989) tenía el proyecto bajo el brazo y no paraba en enfatizar que la iniciativa tenía carácter levadizo, una cualidad que permitiría el paso de embarcaciones de mayor envergadura río arriba; a la vez que resaltaba que sería otro atractivo turístico para la Perla del Sur.

Berger, en cierto sentido, no se equivocaba en lo del atractivo pero todo sería por un motivo tristemente diferente. Luego de que el ex presidente Sebastián Piñera RN colocara la primera piedra del viaducto en diciembre de 2011, el sueño valdiviano de 25 años se vendría abajo estrepitosamente 5 años después.

Los primeros atisbos problemáticos surgieron en 2013 cuando detienen a un falso topógrafo (sin estudios básicos) que prestaba servicios para la constructora española AZVI, quienes se adjudicaron la licitación en 2011. Luego, en enero de 2014, el Ministerio de Obras Públicas (MOP), hace público que los brazos basculantes fueron instalados al revés por la empresa, ya que una inspección del órgano estatal detectó que las ciclovías estaban cruzadas, es decir una quedó al lado derecho de un brazo y la otra por el lado izquierdo del otro. Esto justamente a un par de semanas de que comenzara la marcha blanca.

Ante este grave error, el MOP instruye declarar el término anticipado del contrato con AZVI y que se harán efectivas las garantías para solventar los trabajos de reparación. Sin embargo, después un informe exhaustivo encargado por el ente público a la consultora Hardesty & Hanover este arrojó que había dos opciones: demoler los brazos y construir otros nuevos o repararlo, no obstante esta última alternativa no prometía que ocurrieran nuevos fallos a futuro.

Finalmente, hace pocos días el ministro del MOP, Alberto Undurraga, anunció que el viaducto debe ser demolido completamente para edificarlo d nuevo, ya que los desaciertos (en su mayoría hidráulicos) se encuentran en los brazos basculantes y los tableros, cuyos componentes principales resultaron ser de acero de barato procedente de China.

Raya para la suma: La inversión inicial representaba $15.700 millones; luego aumentó a $17 mil por la detección de las primeras fallas en 2015 y hoy el proceso de demolición y reparaciones asciende a $10.000 millones, por lo que el costo total arroja un gasto de $27 mil millones para un puente que recién estaría operando a fin de 2018.

Si entramos en el plano de las responsabilidades podríamos argumentar que los gobiernos de turno (Lagos, Bachelet y Piñera) usaron el viaducto para sacar sus propios réditos políticos de la situación, desde distintas posiciones. Sin embargo ahora que se destapó la olla se echan la pelota unos a otros. En fin, les salpicó porque se lo merecen, ya que la situación en el país hace décadas que es injusta para la mayoría de la población y por ello no se puede jugar así con las arcas fiscales. Imagínense cuántos centros de salud familiar estarían construidos con esos recursos, bibliotecas, entre otros establecimientos que son necesarios para mejorar la inequidad generada por el sistema neoliberal que impera en Chile.

No queremos entrar en detalles en lo relativo a las culpas para que rueden cabezas. Pero sí queremos argumentar que el diseño del Cau Cau desde el principio estuvo errado. No era necesario hacer un puente levadizo en esa zona. Las estructuras de este tipo siempre son más onerosas que los de un solo brazo. Es lógico, porque además no necesitan de una torre de control para que opere y por lo tanto también requieren un equipo de ingenieros y técnicos para su mantención, cuyo costo no está contemplado en las cifras que más arriba indicamos. Además, el flujo de embarcaciones de gran altura por ese sector es muy bajo: menos de 10 anualmente.

Lo más acertado debió ser la decisión de construir un viaducto de un solo brazo con una elevación adecuada, algo así como un arco, para que transiten las naves sin tener que haber incurrido en gastos superfluos para satisfacer las necesidades de conectividad que necesitaba la ciudad. El puente ya estaría listo, nos habríamos ahorrado miles de millones de pesos, tendríamos algo más de confianza en la política y habría mejorado la conectividad local, pero no, hoy todo lo relacionado con el Cau Cau es negativo.

Ahhh no, perdón; verdad que el puente ahora se convirtió en símbolo del turismo fluvial en Valdivia. Los turistas solicitan una visita a la estructura a quienes manejan las embarcaciones que ofrecen salidas por el río. El motivo: quieren ver cómo los gobernantes de Chile permitieron que 27 mil millones pesos fueran botados literalmente a la basura.

Por M.S.

El Ciudadano

Imagen: Carlos Obando E.

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