Donde las mujeres hacen ruido

Ruidosa Fest 2017: Feminismo es verbo no sustantivo

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Este sábado 11 de marzo se desarrolló la segunda edición del Ruidosa Fest 2017, en el patio central de Matucana 100. Fue mi primera vez en el evento y debo reconocer que ser parte de un festival que se declara feminista, me parecía especialmente motivante y sobre todo, una gran oportunidad para poder convivir con mujeres en un espacio en donde la música que nace de ellas, más sus miradas políticas y sus estéticas se celebran sin ningún tipo de miramiento ni culpa. Como siempre debe ser.

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Un despertar.

Cuando uno es hombre y procura sepultar –en serio- sus machistas vicios heredados en pos de un nuevo imaginario, muchas veces puede significar trabajoso. Pero lo que alimenta este afán y lo que me convence es que estas micro ingratitudes jamás serán comparables con el doméstico de cualquier mujer en cualquier parte del mundo. Imaginar un mundo en donde todo, toooooodo lo que pase desde la oficialidad sea pensado por varones, en donde la mujer sea minimizada, debilitada y entendida como una dimensión MENOR, terminó por convertirse en la más honesta de mis causas, en esa que quiere ser capaz de ganarse un combo en el hocico o un hueveo “amistoso”, porque hace ruido en un lugar seguro y habitual en donde hablar de tetas y de minas como cualquier hueá deban desaparecer de cualquier mapa.

Lo que pasó este sábado en Matucana 100 fue un encuentro lúcido, necesario para establecer resistencias y para seguir naturalizando las discursividades y problemáticas que el feminismo combate a diario. Y querer ser parte –torpemente o no- de estos afanes, es un secreto logro que junto a otros y a otros, empiezan a cristalizar y resistir aunque sea un poquito, la adversa realidad que viven día a día las mujeres, todas ellas.

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Hay que meter ruido

Podemos emitir muchos juicios en lo concreto respecto al Festival Ruidosa 2017. Aplaudir las condiciones técnicas en cuanto al sonido de los y las músicas que estuvieron ese día, porque todas se escucharon impecables; apuntar a la falta de puntos de hidratación o de ofertas para el consumo de alimentos; reconocer la importante presencia de stands de organizaciones que están en la defensa de los derechos de las mujeres –ONU Mujer, el Observatorio Contra el Acoso Callejero, la editorial Libros de la Mujer Rota, Humanas, por nombrar a algunos-, sin embargo, urge poner ojo en la ausencia de organismos que trabajen desde la más profunda territorialidad, desde el barrio, desde ese universo más anónimo quizás, pero que es el que está más conectado con el pulso de las mujeres de a pie, de esas que transitan a diario en las adversas ciudades.

La oferta musical de la jornada estuvo surtida por diferentes estilos, lo que hizo el pasar del día un tránsito entretenido y una potente invitación a oír la música que nace de nuestras artistas mujeres. Quizás es injusto nombrar solo a algunas, pero me atrevo a mencionar a las que me resonaron más –o a las que de frentón alcancé a escuchar- en este primer Ruidosa que vivía. Menciono a Yorka –llegué cuando estaban interpretando su última canción- con esa entrañable dimensión vocal y armónica; pienso en la Dania Neko, que en un sencillo formato trío ofreció una presentación talentosa con algunas canciones nuevas y otras del notable, Depura; Carolina Nissen con su natural delicadeza hicieron cantar esas pegadizas frases –creo que su último sencillo, “Bosque”, es una de las canciones más bellas que recorre este 2017; Mamma Soul –con una Michelle Espinoza embarazadísima y energética-, confirmó su solidez y el porqué son unas de las representantes de la música popular chilena hecha por mujeres más querida e instalada en nuestro imaginario; la asombrosa crudeza de Chini & The Technicians, con una femineidad tan pulentamente resuelta en su sonido, fueron un tremendo momento de la jornada; 31 Minutos fue el delirio, con una audiencia llena de cabras y cabros chicos, pero que nos hizo bailar y reir a tod@s las y los que estábamos a esa hora bajo ese sol picador; Dadalú –a la que alcancé a ver en su cierre con “War for territory”-, confirmó su lucidez a la hora de performar su trabajo y de abrir camino con una puesta en escena y una música tan exquisitamente feminista; aplaudo el electro pop de Entrópica que nos prendió con la noche encima y que fue la antesala de una brillante y divertida Natalia Valdebenito (y a la que le debo el título de esta crónica) –no es música, pero igual es ritmo, silencios y discurso- y aún cuando a esa hora ya la gente empezaba a desocupar el patio del Matucana, Playa Gótica –con una grosa Fanny como front woman y maestra de ceremonias-, regalándonos ese sonido tan extrañamente pop, tan lisérgico, tan rockeramente disco.

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Quiero ser feminista

Casi al cierre me permito reconocer la tremenda pega de Francisca Valenzuela como origen de este Festival. Conversando con ella me señala que aun cuando la participación del Estado o de la oficialidad “siempre puede ser más”, el desafío es saber ecualizar con astucia los elementos que configuran este esquivo escenario actual y procurar hacer sustentable este tipo de encuentros en el tiempo a pesar de que muchas veces parezca cuesta arriba.

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Por último, quiero dejar suspendidas un par de reflexiones que nacieron en los paneles y en ese distendido punto de prensa que tuvimos en la tarde. Primero, un crudo y lúcido juicio que virtió el talentoso proyecto de reggaeton tortillero feminista, Torta Golosa. Claras, las chiquillas afirmaban que la verdadera participación de nosotros los hombres en este pedregoso camino por abrazar el feminismo, no estaba en esos espacios amables y seguros como ese Festival, sino en la incomodidad de encarar todos los días cualquier escena en donde la misoginia y la violencia en contra de las mujeres se expresara, con saliva y músculo, con riesgo, tal como todas las infames escenas que muchas mujeres experimentan en sus secretas historias; y segundo, me arrimo a eso que afirmó la periodista, Antonella Estévez, al cierre del segundo panel de ese día, en donde nos aleona y nos conmina a hacernos cargo de los procesos que vivimos como sociedad, entendiendo que las decisiones que nacen desde el poder dejaron de cuidarnos y de representarnos. Entonces, las verdaderas energías, esas que brotan solitas desde nuestro doméstico se deben fraguar por todas nosotras y por todos nosotros, porque esas no tienen irresponsables intermediari@s.

La deuda sigue urgente y el panorama es difícil para que las mujeres logren vivir sin desigualdades ni violencia ni horribles mierdas. En Ruidosa no está la solución, pero desde mi más sincera vergüenza por todos los daños causados y desde mi voluntad más clara por sumarme a la destrucción de cualquier vestigio de violento machismo, creo que este sábado de mujeres, política y arte fueron un momento necesario para confirmarme que ésta es mi verdadera causa: el FEMINISMO verbo no sustantivo.

Imágenes: Rosario Oddó.

Carlos Montes Arévalo @carlos_montes_a El Ciudadano
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