Carta a Gustavo Adolfo González Jure, General Director de Carabineros de Chile

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Sr. Gustavo Adolfo González Jure General Director de Carabineros de Chile Presente.

De mi consideración, sepa usted señor Gustavo, que como ciudadano no me cabe objetar nada de lo que usted señala en la carta dirigida al Instituto Nacional de Derechos Humanos con fecha 2 de abril.

Lo que sería adecuado a mi interés sería sólo compartir con usted algunas de las reflexiones que me detienen poderosamente en su citada misiva. Durante el día he tenido la oportunidad de escuchar la opinión de muchas personas que se han referido a la marcha del día sábado realizada por la Agrupación de Carabineros en Retiro; y la verdad, es que existe una aversión casi natural hacia el actuar de Carabineros. En mi apreciación sería miope entender este encono desde una perspectiva contemporánea, a mi parecer, la historia tiene mucho que decir en torno a estos sentimientos. Si construyéramos un imaginario colectivo sobre el funcionamiento policial notaría que las apreciaciones acusan deficiencias aún más graves.

Lamentablemente para usted, el poder no está en el centro sino que en los intersticios, por lo mismo, aquellas acciones particulares ejecutadas “por algunos de sus miembros” como usted menciona no sólo se alejan del real sentido y mandato al que han sido encomendados, sino que también se prestan para coincidir con el imaginario social que existe sobre vuestra institución.

Es por ello que insisto en mi posición. No me cabe oposición a sus argumentos y al legítimo reclamo sobre vuestros derechos como seres humanos. La institución de Carabineros de Chile, tal como usted señala, no pasa sólo por dar eficacia al derecho sino que también por su proclamación de garante del orden público y la paz social. Es aquí donde me quiero detener.

Sería ingenuo creer que en un país donde predomina una inmensa desigualdad socioeconómica, una abierta llaga de clasismo, una profunda xenofobia y un difundido sentimiento de postergación política sean conducidos por instancias de diálogo y paz social. Lo que requiere el capitalismo agresivo y el Estado en un contexto de crisis representacional es la violencia en la contención de la violencia. Carabineros como institución han sido puestos en el intersticio para evitar que las fuerzas sociales lleguen al centro. Por ello insisto que sería ingenuo creer que sus derechos no sean puestos en peligro por el hecho mismo de conformar vuestra institución, a mi criterio, no es otra que lanzarlos al matadero para frenar la rabia de una masa que acecha la frágil paz social; tan pretendida por nuestras autoridades políticas para esconder los cadáveres que aún guardan en sus roperos.

Por lo anterior, sólo me cabe señalar que admiro la inocencia con la que asume la dirección de una institución que por su naturaleza ha sido dispuesta fundamentalmente para la contención social. No se trata necesariamente de cuestionar sus derechos y los de ninguno de sus subalternos sino que colocarlo en perspectiva y dentro de un contexto, que por lo demás, es bastante complejo para la ejecución de vuestras funciones. A mayor injusticia social y pobreza no espere que se abran los brazos para recibir a quienes llegan a la casa y con prepotencia irrumpen en la puerta y nos arrancan del hogar por morosidad o con la finalidad de darle protección a la propiedad privada se subordinen las vidas de los comuneros mapuches asesinados. El problema del sesgo que usted acusa, me parece abordable desde otra perspectiva.

Sin otro particular, saluda atentamente.

Roberto Pizarro Larrea
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