Este 27 de marzo se conmemora por primera vez en Chile el «Día del Pago Igualitario» (Equal Pay Day), iniciativa de la ONG Business and Professional Women’s Foundation y que en el país está a cargo de Asociación de Mujeres Profesionales y de Negocios de Santiago. La iniciativa busca dar a conocer la diferencia salarial que existe en los mismos cargos y capacidades, entre hombres y mujeres.

«El 27 de marzo se cumple la brecha salarial que existe en Chile, entre mujeres y hombres, en todo orden de trabajo. Las mujeres tenemos que trabajar 15 meses, prácticamente, para ganar lo que un hombre consigue en 12», apunta Dora Muñoz Contreras, presidenta de la Asociación. Esto significa que recién a fines de este mes, las chilenas conseguirán ganar lo mismo que un hombre al término de diciembre pasado, es decir, 86 días después.

La conmemoración tiene su origen en «El Día Libre de las Mujeres», acontecido el 24 de octubre de 1975, cuando el 90% de las mujeres islandesas estuvo en huelga, por lo que no fueron al trabajo ni realizaron labores domésticas.

Mujeres bajo un techo de cristal

Tanto la Encuesta Casen 2015, como el reporte de Género e Ingresos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), sitúan la brecha salarial entre hombres y mujeres en torno al 33%. «Cuando hablamos de acortar la brecha entre hombres y mujeres, respecto de la igualdad de paga, estamos hablando de que somos las mismas personas. Hay cifras que indican que las mujeres, participando en cargos de alta dirección, aumentan la productividad en las empresas, entonces, ¿por qué seguimos ganando casi el 30% menos que los hombres, con las mismas cualidades, con los mismos estudios y responsabilidades?», se pregunta Dora Muñoz.

Gonzalo Durán, investigador de Fundación Sol, explica que la brecha salarial incrementa conforme aumentan los tramos de ingreso y los niveles de calificación. «Es lo que la literatura especializada conoce como “el efecto techo de cristal”, esto significa que las mujeres, mientras van subiendo en la escala jerárquica, van a llegar a un punto en el que no pueden superar un techo», apunta.

Distribución porcentual y brechas entre dirigentas y dirigentes sindicales en sindicatos vigentes de base, por sexo, según año.

«En Chile se reconoce rápidamente al ver las posiciones de poder al interior de las organizaciones, donde están mayoritariamente ocupadas por hombres que toman las decisiones. Uno ve lo mismo en el sector público y, por supuesto, en los congresistas, entonces eso es muy patente», añade.

En efecto, de acuerdo a datos del INE, la diferencia de salario entre hombres y mujeres en Chile es de 36,2% en el sector laboral perteneciente a miembros del poder ejecutivo, cuerpos legislativos y directivos de la administración pública y de empresas. La cifra desciende un poco, hasta 34,8%, cuando se trata del sector de profesionales científicos e intelectuales.

Con los ojos puestos en Islandia

Desde Fundación Sol expresan que una forma de contrarrestar el desigual registro, tiene que ver con el empoderamiento de sindicatos y de la negociación colectiva. A pesar de que la participación femenina en las dirigencias sindicales se sitúa en 26,6% de acuerdo al INE, el economista Gonzalo Durán pone el acento directamente en las tasas de sindicalización y acude como ejemplo a Islandia, país donde cerca del 80% de los trabajadores está afiliado a una organización de trabajadores. 

«Más allá de la dirigencia, que sin duda es un componente importante, a mi modo de ver el hecho está en que la negociación colectiva puede instalar temas de género, entonces, mientras más trabajadores estén envueltos en la negociación colectiva, los temas de género van a estar mucho mejor representados», sostiene.

«El Día Libre de las Mujeres», acontecido el 24 de octubre de 1975 en Islandia.

Algo podría cambiar la situación luego de la implementación de la Reforma Laboral, puesto que el conjunto de nuevas normativas establecen una cuota de un tercio de mujeres en las directivas de los sindicatos.

Siguiendo con el país del norte de Europa, el pasado 8 de marzo, mientras se conmemoraba el Día Internacional de la Mujer, el gobierno de Islandia anunció el envío de un proyecto de ley que obligará a las empresas a demostrar que ofrecen el mismo salario por trabajo de igual valor, sin importar género, etnia, sexualidad o nacionalidad.

¿Replicable en Chile? Gonzalo Durán manifiesta sus dudas, porque «tenemos las dificultades propias de un modelo económico que todavía tiene legados dictatoriales bastante visibles. En la cultura empresarial se imponen las cosas, más allá del diálogo que debiera existir, por lo tanto, una medida como esa, si bien puede tener mucho asidero en la práctica, sería un poco complicada, sobre todo por el hecho de que la fuerza sindical en Chile tiene una regulación que es muy antisindical. Entonces, todo quedaría al arbitrio del empleador y sería muy difícil obtener la información».

Machismo de larga data

Ambos entrevistados coinciden en que la brecha se mantiene desde antes del origen de la nación. «Chile fue un país creado por hombres, para hombres y con los hombres. Las mujeres quedamos relegadas a un espacio de maternidad y de las labores del sexo. Empezamos a salir al mercado laboral y se nos consideró inferiores», argumenta Dora Muñoz, de la Asociación de Mujeres Profesionales y de Negocios de Santiago.

Sin embargo, el investigador Gonzalo Durán introduce otra arista de análisis: la relación entre la brecha salarial y el modelo económico impuesto en dictadura. Según explica, en dicho período «se generaron una serie de impositivos conducentes a que esta brecha se consolidara todavía más. Podemos observar lo que pasa con instituciones laborales como el Código del Trabajo, que erosionó los estándares laborales y los sindicatos».

«También tenemos otros componentes, como la flexibilización laboral, que se hace con los gobiernos de la Concertación; la reforma laboral de 2001, que legaliza el trabajo de tiempo parcial, principalmente mirando a las mujeres, en esta idea de compatibilizar trabajo y familia, pero una mala idea en el sentido de que eran medidas que también buscaban esta especie de subempleo», agrega.

Dora Muñoz también apunta a la representación institucional del país, dominada por hombres, realidad que, espera, continúe cambiando, así como sucedió durante el siglo XX. «En nuestra Asociación, tenemos socias que pertenecen a la primera generación de mujeres militares en Chile, profesoras normalistas, a las primeras investigadoras, químicas, matronas, juezas, abogadas, notarias… son señoras de sobre 85 años y siguen vigentes. Ellas abrieron estos espacios, para nosotras, que somos mujeres de negocios o profesionales», subraya.

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