Mujer coloreando bosquejos decorativos. Imagen vía ‘Glossy Boutique’

Investigadores de la Universidad de Drexel y el Colegio de Nueva Jersey (EEUU) se preguntaron si había una base neurológica para explicar el potencial relajante y placentero de colorear y dibujar. Por eso decidieron iniciar un experimento observando los cerebros de la gente mientras trabajaban en el papel.

26 personas fueron voluntarias, de las cuales ocho se definieron como “artistas”. Equipadas con un dispositivo especial para obtener imágenes cerebrales, los participantes recibieron lápices y papeles y se pusieron a dibujar y colorear, en tres sesiones breves de tres minutos de duración: una para dibujar, otra para garabatear y otra para dibujar lo que quisieran. Posteriormente, los investigadores preguntaron a los participantes cómo se sentían sobre cada actividad y sobre sí mismos, informa mental_floss.

La experiencia había sido placentera para los participantes, muchos de los cuales dijeron que el experimento les había hecho sentir que tenían más y mejores ideas, además de una capacidad de resolver problemas más eficientemente. Algunos dijeron que tres minutos no era suficiente y querían más tiempo para dibujar y pintar.

En los escáners, los cerebros de los participantes mostraron similares actividades. Las tres actividades artísticas indujeron un aumento en el flujo de sangre a la corteza prefrontal, una región que desempeña un papel crucial en el sistema de recompensa del cerebro. Durante los períodos de descanso, el flujo sanguíneo disminuyó hasta alcanzar niveles normales de reposo.

Algunas personas disfrutaron del proceso más que otras y, sorprendentemente, quienes se habían descrito como artistas reportaron que la parte de colorear había sido algo estresante.

“Creo que los artistas pueden haberse sentido limitados por las formas predefinidas y las pocas opciones de medios. También pudo haber cierta frustración por no poder completar un trabajo en tan poco tiempo”, dijo el autor principal del estudio, Girija Kaimal.

Pero en general, Kaimal y sus colegas encontraron que la gente disfrutaba de estas tareas creativas básicas (descritas como de baja presión).

“A veces tendemos a ser muy críticos de lo que hacemos porque hemos interiorizado los juicios de la sociedad de lo que es buen o mal arte o quien es experto y quien no lo es”, explica Kaimal. “Podemos estar reduciendo o descuidando una simple fuente potencial de recompensas percibidas por el cerebro, y esta prueba biológica podría cuestionar algunas suposiciones sobre nosotros mismos “, concluye.

El Ciudadano

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