Imagen vía Revista Science en You Tube

Un equipo científico ha desarrollado un nuevo tipo de impresión 3D que utiliza bacterias, para crear objetos. Este avance podría permitir la creación de injertos de piel o la degradación de contaminantes.

El producto se llama tinta funcional viviente o Flink (por Functional living ink) y fue descrito en un artículo publicado en Science Advances. La investigación fue dirigida por científicos de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EHT Zurich) en Suiza.

Flink está hecha de un hidrogel que se mezcla con bacterias y con nutrientes que alimentan a las bacterias, a diferencia de las tintas normales para impresoras 3D, que están hechas de materia inerte como plásticos y metales.

Uno de los beneficios de esta tinta viviente es que las bacterias se pueden usar para otorgar ciertas propiedades a la tinta. Por ejemplo, en esta investigación el equipo utilizó Pseudomonas putida y Acetobacter xylinum, que respectivamente pueden descomponer el fenol químico tóxico y secretar nanocelulosa de alta pureza.

La impresora funciona básicamente de la misma manera que una impresora 3D normal: la tinta se usa para construir capas y con el tiempo se puede crear un objeto completo. La única diferencia de este artefacto es que la tinta que usa, contiene materia viva en su composición.

Flink también se puede usar para hacer objetos 3D que contengan diferentes bacterias en diferentes secciones. Una estructura puede tener diferentes propiedades, dependiendo de los organismos utilizados.

En esta investigación los científicos describieron cómo encontraron la consistencia adecuada para la tinta, la que debe poder fluir a través de una boquilla de presión y al mismo tiempo ser lo suficientemente resistente como para formar objetos.

“La tinta debe ser tan viscosa como la pasta de dientes y tener la consistencia de la crema de manos Nivea”, dijo en un comunicado Manuel Schaffner, uno de los principales autores.

Los objetos impresos pueden tener una amplia variedad de usos, por ejemplo para detectar toxinas en el agua potable o para crear filtros llenos de bacterias que se puedan usar en derrames de petróleo.

“La impresión con hidrogeles que contienen bacterias tiene un enorme potencial, ya que existe una gran variedad de bacterias útiles”, dijo Patrick Rühs, otro de los principales autores, quien agregó que todas las bacterias utilizadas eran inofensivas y beneficiosas.

En este momento, un desafío importante es que la impresión toma bastante tiempo y es difícil escalar el proceso a objetos más grandes, pero los científicos esperan superar este obstáculo y dar vida a su tecnología en el futuro.

El Ciudadano, vía IFLScience

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