Violín Stradivarius. Imagen vía NBC News

Se ha dicho siempre que tienen una calidad acústica incomparable y un sonido que ningún otro luthier ha podido igualar. Pero, a pesar de su precio multimillonario, parece que llegó el momento de desmitificar al famoso y adorado Stradivarius, porque un nuevo estudio reveló que este instrumento no es mejor que los buenos violines modernos y que, de hecho, las audiencias y los intérpretes prefieren las nuevas variedades.

Por siglos la gente ha querido entender las cualidades míticas de los violines creados por la familia Stradivarius. Esta fama es justificada, porque estos instrumentos han sido reconocidos por su calidad y sonido, que son puros y de gran proyección. Pero los expertos han fallado al intentar identificar sus atributos únicos. Se han realizado pruebas con oyentes a ciegas, quienes tampoco han podido distinguirlos, y los análisis acústicos tampoco han dado resultados satisfactorios, informa IFLScience.

El nuevo estudio agrega más razones para pensar que este viejo clásico, junto a otros italianos, realmente no difiere de los violines modernos de buena calidad. El trabajo se publicó en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Con pruebas ‘doble ciego’, los autores demostraron que ni la audiencia ni los intérpretes notaron la diferencia entre los Stradivarius y otros violines.

El actual trabajo se basa en uno anterior, que había probado si los violinistas de élite eran capaces de notar la diferencia entre un buen instrumento moderno y el clásico italiano. Aquel estudio también fue a ojos vendados y doble ciego; es decir, ni siquiera los conductores de la investigación estaban enterados de cuáles eran los violines que se estaban tocando.

Este anterior trabajo fue criticado por realizarse en un ambiente controlado y no en una sala de conciertos con precisión acústica, donde los violines se tocan normalmente y la proyección de su sonido resulta más armoniosa. Para incluir esta variable, los investigadores expandieron el experimento y lo condujeron con los mismos métodos, donde intérpretes profesionales tocaron los violines y fueron escuchados por una audiencia compuesta de público, compositores y críticos musicales; pero esta vez en salas de concierto.

Los resultados volvieron a mostrar que nadie pudo notar la diferencia entre el Stradivarius y un buen violín moderno. De hecho, se descubrió que la mayoría prefirió las versiones más modernas.

Esto no significa que haya algo mal con este clásico, que puede costar hasta 10 millones de dólares. Los investigadores señalan que incluso puede haber una suerte de efecto psicoacústico, que haría que los músicos que saben que están tocando un Stradivarius se esmeren en hacerlo mejor, lo que lógicamente provocaría una mejor recepción en las audiencias.

El punto es que para ser un buen intérprete no es necesario soñar con gastar una millonada imposible, y que para lograr los sonidos de una pieza maestra de la lutería italiana, un buen violín moderno hará los suyo con la misma (o mejor) calidad.

El Ciudadano

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