OPINION

17/12: La macroeconomía como fetiche, la microeconomía y el sujeto

El énfasis y atención a la macro o microeconomía, representa un interés particular sobre lo real. Es así como el foco obsesivo en indicadores macroeconómicos, resulta consecuente con el capitalismo, en su expresión más extrema. Para los neoliberales, la microeconomía sería poco más que el simple juego de engranajes con que opera el funcionamiento de un proceso, cuyo objetivo fundamental es la concentración social de la riqueza, con el consecuente uso de recursos en desarrollo de conocimientos, estrategias, técnicas y tecnologías, orientadas -en exclusivo- a la mantención de dichas condiciones sociales, mediante mecanismos de violencia  y control coercitivo.

 

La estrategia de dominio ideológico del capital, se basa en generar, por una parte, la convicción de que toda distribución de la riqueza, tiende a generar inestabilidad, desempleo, violencia social y política y, por otra, la certeza de que el éxito personal deviene de la alta competitividad y de la   disminución sistemática de los costos de producción, principalmente los asociados a la fuerza de trabajo. Así, los mayores sectores sociales, se vinculan a condiciones de subsistencia básicas, de derechos restringidos, en cuanto cada derecho implica costos que sólo se pueden financiar con mayor productividad y no con menor concentración, porque si se vulnera la acumulación creciente,  “nos oponemos a las fuerzas de la naturaleza humana”.

 

¿Dónde focalizamos entonces la atención para el análisis de la sanidad de una economía? En los índices macroeconómicos: si la balanza indica crecimiento y empleo, está todo muy bien, por tanto, todo lo demás, es sólo un demás; la economía crece. Pero crece sobre ciertos fundamentos angulares que sostienen su marcha: bajos costos de producción y alta rentabilidad, que se entiende como baja capacidad de consumo de los trabajadores, pues ella sólo crece en cuanto disminuye la acumulación de capital.

 

La macroeconomía como fetiche, no es sólo referencia analítica a las variables económicas de gran magnitud, sino que se instala ideológicamente, como una sentencia sobre la vida del sujeto. Frente a la acumulación, el proyecto histórico humano contiene en sí, el criterio de que la única posibilidad de superar las condiciones materiales de subsistencia de los excluidos, es el incremento de la productividad, no obstante ella sigue invariablemente ligada  a los mismos y más extremos criterios de concentración, proyectando de modo insoluble la persistencia del mal que resulta necesario mejorar.

 

 

La “amenaza” de la microeconomía:

 

La sustancia microeconómica es más que el conjunto de las relaciones que operan en dicho campo. La microeconomía representa en concreto, relaciones delicadas y peligrosas para el patrón dominante de acumulación. En el campo microeconómico está el ser humano particular;  el de verdad, resolviendo sus necesidades en el acto productivo, “que debe ser” funcional a esos indicadores macroeconómicos, que señalarán que la economía neoliberal está pujante, rebosante y sana; que va en crecimiento de sus índices fundamentales.

 

La microeconomía, entonces, acerca la conciencia al dominio del sujeto real. Es el campo del ser humano y su educación; el trabajador, su familia y su previsión. Es la casa, el alimento, la salud, su autonomía sistemáticamente subsumida, aspirada por los canales de concentración que le aniquila. Es su marginalidad económica, el endeudamiento, la cesantía, la lucha por la expresión política, que promueve su reivindicación y no la subyugación. Es la soberanía de la creación intelectual donde anida la articulación del cambio. Es en el ámbito microeconómico donde se fundamenta el sentido social, de algo que es estrictamente social, en sentido absoluto: la economía.

 

EN CONSECUENCIA:

Frente a la actual coyuntura país, este próximo 17 de diciembre, Chile debe reflexionar sobre esta cuestión fundamental:

 

¿Para quiénes la macroeconomía ha representado históricamente un indicador fundamental; un fetiche que sacrifica interminablemente al pueblo?: Esta es la opción representada por Sebastián Piñera.

 

¿Quiénes han  focalizado en esa realidad microeconómica, tratando históricamente de conquistar mejores condiciones de vida, libertad, educación, salud, arte, cultura, en suma, dignidad para todos?: Esta es la línea política representada por Alejandro Guillier.

 

Partidismos al margen, esto es lo que los indesmentibles hechos demuestran  en la historia legislativa de la República y la ciudadanía debe elegir, alejada de los cantos de sirena.

 

Sin purismos idealistas, Chile necesita avanzar en equidad y derechos sociales, en inclusión y recuperación de dignidad y sanidad vital. Chile necesita profundizar las reformas, con un gobierno que dé continuidad a un trayecto histórico, que a paso seguido, se va definiendo desde la base ciudadana.

 

Chiloé, diciembre de 2017.

No more articles