Foto: La Cuarta

Este jueves se dio a conocer que Max Vivar, el vocalista de la banda de cumbia chilena Villa Cariño, tiene una relación con Sofía Henríquez, la hija menor de la presidenta Michelle Bachelet. Difundir este hecho fue como hacer girar en círculos por diez minutos a alguien después de obligarlo a empinarse cinco terremotos al hilo.

El vómito nuevamente se abrió paso a través de las redes sociales. Como solo él sabe hacerlo: impulsivo, hediondo y ácido.

“Gusto como el pico de esta mina, primero con el comunista ql hediondo a raja de la Udp y ahora con este wn (sic)”, leí en uno de los comentarios sobre la noticia.

Pasó lo mismo cuando a esta agrupación le robaron los instrumentos en marzo de este año. A través de los espacios destinados a opiniones en los medios de comunicación, así como en Facebook y Twitter, se volcó toda esa virulencia. Como si estuviera saliendo expulsada desde un grifo.

El paso del tiempo no necesariamente es garantía de evolución. ¿Qué tan alejados están los que festinan con la pérdida de las herramientas de trabajo de otros, los que añoran el fin de una banda musical, de aquellos termocéfalos que inventaron aquel cántico futbolero de Tupper, Tupper, Tupper / te creíste Superman / te tiraste del noveno / y te hiciste recagar…?

¿No es, además, este el mismo país donde en masa se golpea, desnuda y amarra a un poste de la luz del centro de Santiago a un adolescente acusado de -justamente- robar?

La odiosidad vomitada frente a personas que han alcanzado más notoriedad que el resto de la sociedad -como ocurre también con otras bandas, como Moral Distraída, por ejemplo- asociados, con fundamentos o sin ellos, a la clase alta, tiene probablemente que ver con otra de esas pesadas mochilas con las que aún carga la sociedad chilena: la rabia ante la desigualdad, la ojeriza frente a la confirmación de que la torta está groseramente mal repartida.

Comentario en nota de La Tercera a propósito del robo de los instrumentos de Villa Cariño

El problema es que la mira de la hechiza está mal enfocada. Este cuadro más se parece a un montón de cabros chicos envidiosos, con la vista vendada, intentando pegarle a una piñata con la cara del superhéroe que nunca podrán llegar a ser. Lejos de abrir un debate interesante, la pataleta está más cerca de esa icónica y recurrente escena de Los Simpson en donde Springfield completo avanza en medio de la noche -todos con antorchas en la mano- a quemar la casa del funado de turno.

Uno de los que salió a darle a los Villa Cariño fue el rapero Portavoz. “Uno hace el intento profundo de ser diplomático, dialogante, tolerante, buena onda… y aparecen estas weas. Zorrones kls, posan de rebeldes y son las bandas de la juventud de gobierno. Puaj! (sic)”, escribió el cantautor de Conchalí. ¿Qué tan distante está ese comentario de aquellos que él mismo recibió cuando aceptó tocar en Lollapalooza?…

¿Cuántos de los que festinan con la desgracia ajena e insultan a los Villa Cariño ante un hecho que los afecta, han despegado el culo del asiento hundido desde donde teclean, para movilizarse, para organizarse, para salir a la calle a exigir que el estado de las cosas cambie de una vez por todas?

A esta banda la he visto poner su música en masivas manifestaciones en favor de la educación pública, en contra de proyectos que atentan contra los ciudadanos y el medio ambiente, en contra de las AFP, tocando gratis para apoyar a un medio de comunicación independiente…

Y ahí han estado estos “cuicos”, reivindicando a todas esas viejas y viejos abandonados por el Estado con pensiones miserables en la canción Antes que tú te mueras. Ahí han estado estos “zorrones”, homenajeando a Reinalda Pereira en De política, de amor y de la revolución.

Ahora: todos y todas googleando el nombre de Reinalda Pereira en tres, dos, uno…

Observar Chile a partir de estas escenas cargadas de odio y violencia verbal innecesaria, es similar a constatar lo ridículo que se ven los perros chicos detrás de una reja ladrándole y mostrándole los dientes a otros con los que saben que jamás se encontrarán.

¡Si en este país hasta se intentó organizar a través de redes sociales un movimiento para impedir que Ricardo Arjona realizara un concierto en el Teatro Municipal de Santiago! ¿Qué tan lejos estuvo esa idea de la tontera de aquellos que en México planearon una marcha para que Mon Laferte dejara ese país?

Pienso que uno de los errores que cometemos cuando creemos que caminamos por la vereda del progresismo es asumir que el fascismo es exclusividad de los que lo hacen por la opuesta.

Mucha envidia, mucho chaqueteo, frustraciones, prejuicios, ignorancia, mucho desafecto en esta villa. Mucho termocéfalo consumiendo vidas ajenas ante la pobreza de la propia, como si se estuvieran pegando en la pera con cada línea que leen sobre los otros. Poco argumento con peso, poca dignidad discursiva, poca fraternidad, poco cariño.

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