Columna de opinión

De los palos de la dictadura a los palos de SQM: El Estocolmo del Partido Socialista

Foto: eldemocrata.cl

Probablemente uno de los errores que cometemos ante la difusión de las inversiones del Partido Socialista en empresas como SQM o Pampa Calichera, ambas vinculadas estrechamente a Julio Ponce Lerou, sea el hecho de sorprendernos. Es una trampa continuar considerando al PS y a la coalición a la que pertenece como algo distinto a sus supuestos adversarios políticos.

En la práctica, el Partido Socialista se comporta sin mayor pudor como uno de derecha. Junto con administrar con gusto un modelo económico tremendamente perjudicial para una gran mayoría de la sociedad, continuar entendiendo como productos de consumo determinados derechos como la salud y la educación, o sostener una Constitución engendrada por una dictadura, esa colectividad ha asumido que en política los negocios son los negocios.

Y eso ha significado abandonar algo mucho más sensible que los principios: los escrúpulos.

Mientras se arrimaban al sillón de La Moneda evangelizando sobre el drama de los detenidos desaparecidos, invertían en la compañía de Julio Ponce Lerou -el yerno de Augusto Pinochet- los mismos dineros que el dictador les había arrebatado.

Indignante, vergonzoso, la gota que rebasó el vaso, ¿no?…

Sin embargo, más que el colmo, lo del PS es más bien el síndrome de Estocolmo. Es transitar desde los palos de la dictadura a los palos de SQM. Es legitimar al verdugo. Es convencerte -por conveniencia- que violencia es solo poner corriente en los testículos del otro y no el hecho de llevar en tus bolsillos el dinero de los mismos que torturaron y asesinaron a tus “compañeros”.

De ahí el aferrarse al argumento de que lo obrado está “dentro de la legalidad”. Por eso la incapacidad de comprender que lo legal, en este caso, tiene menos peso que lo ético, que lo digno.

Lo que ocurre finalmente es que el PS nunca ha dejado de estar secuestrado. Los capturó el poder, el estatus, el desfile de millones mensuales, los viajes pagados, los viáticos ahorrados, el auto con chofer, la posibilidad de asegurarle el futuro al hermano, al hijo, al esposo de la hija y al sobrino, el trampolín hacia el mundo privado, el cargo en el directorio de la universidad, de la hidroeléctrica, de la isapre, del canal de televisión, de la AFP.

El Partido Socialista -y gran parte de la élite que se autodefine de “centro-izquierda”- simplemente se acomodó en su encierro, hizo las paces con su captor, aprendió de él a matar la memoria y optó por no morder jamás la mano de aquel que le da de comer.

Daniel Labbé Yáñez
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