Desapariciones y anarquismo


6 September 15:09
#Columnas

Santiago Maldonado es un joven anarquista ahora detenido desaparecido. DD.DD, como en las dictaduras de la segunda mitad del siglo XX. Anarquista desaparecido por una de las policías argentinas, su policía militarizada, la gendarmería. No sabemos con certeza si lo han hecho desaparecer esos gendarmes por ser él un anarquista. Sí sabemos que por anarquista estaba allí, en el lugar del que fue desaparecido, haciendo lo que motivó su desaparición: apoyar la justa causa mapuche por la tierra y el territorio.

La categoría de Detenido Desaparecido (DD.DD) es la contribución latinoamericana al diccionario de las violaciones a los derechos humanos. No hay muerte ni hay vida, no hay cuerpo ni hay voz. Se les niega a los posibles deudos la posibilidad del duelo. Frente al dolor cierto de la muerte, la incertidumbre como dolor. Las contribuciones europeas a ese diccionario son muchas, y unas de ellas muy grandes, como la tortura y el genocidio. Como los derechos humanos, las violaciones a ellos adquieren nombre y categoría jurídica tras la segunda guerra mundial, el momento de mayor creatividad para la industria del mal y del terror, impulsada por los Estados y los Estados Mayores.

Tras esa guerra mundial, los genocidas se cuidaron más de causar genocidios. Eso que hacían ya tenía nombre y por tanto mala prensa y quizás juicios por delante. La desaparición forzada de personas tras su detención por agentes del Estado no tenía nombre, aunque sucedía, hasta que en Latinoamérica, y en especial en Sudamérica esta práctica represiva adquiere método y nombre: Se detiene a alguien, se niega que se le detiene, se niega su prisión, se niega su desaparición, se niega su muerte incluso, cuando esta ha sucedido. Por negar se niega todo y es esa negación la matriz de la represión social y sicológica a quienes acompañaban al desaparecido cuando este era un aparecido. ¿Dónde está?, en este caso, es la pregunta del dolor y del martirio, la inscripción en letras de la represión estatal.

¿Dónde está Santiago Maldonado? nos preguntamos hoy, cuando existe un concepto para describir lo que le sucede y lo que nos sucede: es un Detenido Desaparecido. Detenido por gendarmería argentina, policía militarizada. Desaparecido por esa mismo institución. Desaparecido de todos nosotros y de todas nosotras que preguntamos por él. La represión estatal entonces se amplía en tanto ampliamos la pregunta. Porque lo desaparecen de toda aquella persona, grupo o comunidad que pregunta por él. Y hemos de devolver esa pregunta al Estado porque es la pregunta cuya respuesta posibilita cierta justicia, pese a que la desaparición forzada de personas es ya un delito en algunos países, como Argentina.

La desaparición forzada de personas existía antes que existiera el nombre, y antes del momento histórico que posibilitó que se le diera nombre. Por cierto, la más grande desaparición y genocidio al mismo tiempo en Latinoamérica sucedió cuando ninguna de estas violaciones a los derechos humanos tenía nombre: la desaparición de los pueblos indígenas del Caribe.

El anarquismo tiene una larga historia de sufrimiento en el tema desapariciones. Santiago Maldonado no es el primer anarquista DD.DD, pero sí esperemos sea el último. Desde que se instaló el anarquismo con carácter propio en el mundo y en Latinoamérica especialmente, ha venido sufriendo desapariciones. Como esto no tenía nombre, las masacres de personas sin nombre no recibieron la denominación de desaparición. Los anarquistas desaparecidos en el tránsito de orilla a orilla del Río de la Plata no tuvieron ese nombre que sí tendrían quienes sufrieron los vuelos de la muerte en ese mismo iío cuando la Operación Cóndor, o en las costas chilenas, bajo esa misma operación. Auspiciados bajo otro Cóndor, en este caso la legión alemana nazi que combatió a la España revolucionaria, en España las desapariciones tampoco tuvieron ese nombre, pese a que aún hoy se buscan cuerpos de gente desaparecida, anarquistas muchas de ellas, por campos y cementerios españoles, como en las fosas clandestinas del cementerio de Valencia, que anticiparon en tiempo y forma la exclamación ¡Pero qué economía más grande! del dictador y humorista macabro Pinochet.

Para desaparecerlo al anarquismo, los Estados y los estatistas, sin distingo pero sí con distintos énfasis, han hecho desaparecer a las personas que se dicen anarquistas y a la memoria que les recuerda. Durante la revolución española, tanto se esforzaron por desaparecer anarquistas el franquismo fascistoide como las “chekas” estalinistas. Durante la dictadura de Ibáñez del Campo, en Chile, rumbo a la Isla de Pascua en el mar desaparecían los sindicalistas. Las bibliotecas anarquistas y los libros o prensa anarquista en bibliotecas públicas se han hecho desaparecer con entusiasmo bajo distintos y contrarios gobiernos.

Santiago Maldonado debe aparecer con vida. Esa es la exigencia mínima en estos momentos, junto con una rápida investigación judicial que castigue a los culpables del delito de su desaparición. Lo que es una contradicción ciertamente, porque es el Estado quien desaparece y quien investiga la desaparición.  Pero con esas contradicciones viviremos mientras haya Estado, con la idea fija de que no habrá más desapariciones cuando los Estados hayan desaparecido.

Por Pelao Carvallo

4 de septiembre de 2017

Pelao Carvallo
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