Francois Houtart ha dejado este mundo tras una vida de 84 años.  Gran parte de su existencia la dedicó a buscar formas de vida más humanas, esto es, a recuperar el Bien Común de la humanidad.

Houtart nació en Bruselas en 1925.  Fue ordenado sacerdote católico en 1949.  Además de los estudios eclesiásticos, era Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales, Diplomado del Instituto Superior Internacional de Urbanismo, Doctor en Sociología.  Fue Profesor de la Universidad Católica de Lovaina desde 1958 hasta 1990, donde fundó el Centro Tricontinental (Cetri) y la Revista “Alternativa Sud”. En dicha Universidad gestionó el Doctorado Honoris Causa para Monseñor Oscar Romero, entonces Arzobispo de San Salvador y actual beato de la Iglesia Católica, el que fue concedido en febrero de 1980, un mes antes de su asesinato. Luego, junto a Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca (México) y de Leonidas Proaño, obispo de Riobamba (Ecuador), acompañó la fundación del Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los Pueblos de América Latina-“Oscar Romero” (SICSAL).

En la creación del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), los obispos Manuel Larraín y Helder Camara pidieron la asesoría de Houtart.  Además, fue asesor del Concilio Ecuménico Vaticano II en materias de catolicismo latinoamericano.

Sus últimos años estuvo radicado en Ecuador, en la Fundación Pueblo Indio creada por Leonidas Proaño, donde falleció.  Desde allí ejerció la docencia en el Instituto de Altos Estudios (IAEN) y en la Maestría de Sociología Política de la Universidad Central de Ecuador.  En el año 2009 fue asesor de Miguel D”Escoto (fallecido simultáneamente a Houtart), cuando era Presidente de la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas, donde inició el trabajo sobre un nuevo paradigma : el Bien Común de la Humanidad.

Adhirió a la teología de la liberación.  Ayudó al desarrollo de la Revolución Sandinista.  Fue uno de los principales impulsores del Foro Social Mundial.  Escribió más de 70 libros y centenares de artículos especializados y de prensa.  Uno de sus últimos actos fue su participación en el Taller de Pukahuaiko, sede de la tumba de Proaño, para acordar el nuevo Mandamiento de la Vida, junto a pueblos y comunidades indígenas, Comunidades Eclesiales de Base  y organizaciones sociales.

Francois Houtart no fue ajeno a Chile, país que visitó en más de una oportunidad y donde ha dejado discípulos de gran relevancia, como el sociólogo Cristián Parker para citar sólo a uno de los más destacados.   Hace dos años dio una serie de conferencias invitado por la comunidad de Urracas de Emaús y que recientemente han sido reunidas en un libro editado por Editorial Tierra Mía bajo el título “Rescate y defensa de nuestros bienes comunes”, bajo la edición de Gustavo Ruz y que fuera hecho público el día 5 de mayo pasado en el Archivo Nacional, ocasión en que tuve el privilegio de ser uno de los expositores.  Ya el título del libro refleja el concepto de Nuevo Paradigma como fundamental para oponerse al paradigma de muerte que es el capitalismo, muerte de la Madre Tierra y muerte de millones de personas. Allí Houtart plantea la necesaria construcción de un paradigma de vida, desde la realidad social de toda comunidad humana que debe relacionarse con la Madre Tierra, con la naturaleza y que debe también producir la base material de su existencia, que debe organizarse colectivamente y que también debe leer la realidad desde la cultura.  Se trata de construir un Nuevo Paradigma y no sólo de adaptar el sistema capitalista a nuevas demandas ecológicas y sociales.  Houtart ya había llegado a conclusiones empíricas, coincidentes con la FAO, en el sentido de que la agricultura campesina es más productiva que la agricultura de monocultivos porque es menos destructiva del ambiente y es respetuosa de la naturaleza por la no utilización de productos químicos y transgénicos.  Esto, a diferencia del capitalismo neoliberal cuya única ley de funcionamiento es la lógica del mercado, sin considerar los “efectos secundarios”, puesto que concibe al capital como el motor y el fin de la economía, por lo que no tiene inconvenientes de hacer desaparecer a gran parte de la humanidad.   Houtart lo ratifica en sus escritos: el 1% de la población más rica de USA, anualmente emite 100 toneladas de CO2.  Entre 2007 y 2012, el hielo del Polo Norte ha perdido  18% de consistencia.  En los últimos 20 años, el nivel de los mares ha aumentado 60% más rápido de los previsto.  El 60% de la producción mundial pasa por los océanos, por lo que cada día los cruzan 22.000 barcos de más de 400 toneladas.  A esto se suman tres y medio millones de barriles de petróleo que se derraman al mar.  En 45 años, más de 1.200 millones de hectáreas arables han sido contaminadas por productos químicos.  Desde 1980, el calor se ha multiplicado por 13 veces.  En USA, el fracking exige entre 8 y 30 millones de litros de agua por pozo.  En Pensilvania, un solo yacimiento tiene 200.000 pozos.  (Cfr: HOUTART, F., tercera Conferencia para el Equilibrio  del Mundo, La Habana, enero de 2013).

La dedicación de por vida de Francois Houtart a rescatar a los Hijos de Dios de las fauces de los falsos dioses de los bancos y de la usura, que conducen a acumular más de lo necesario, a despojar a otros de lo necesario y a destruir para tener más de lo necesario.  En otros términos, se trata de privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio.

El sacerdote Hernán Leemrijse, delegado de SICSAL en Chile,  dice de su amigo Houtart  que, no obstante haber ocupado cargos importantes en su país, dejó su situación de estabilidad para comprometerse y compartir su riqueza intelectual con los pueblos oprimidos, manteniendo sus ojos siempre abiertos para ver nuestras realidades. Como todos los grandes, expresó su pensamiento en un leguaje claro y preciso, accesible a todos, sin arrogancias, lo que es propio de un profeta y de un verdadero sabio.  Ninguna lucha le fue extraña.  Fue un incansable buscador de las semillas de los de abajo, portador de la palabra de la esperanza desde la ciencia, la reflexión, la teología.  Encarnó la coherencia y los ideales de justicia social, de libertad, de independencia y de soberanía de los pueblos, demostrando valentía al promover el bienestar de la humanidad.

Se fue como vivió: cumpliendo la misión y el compromiso verdaderos con Dios.  La noche anterior a su Pascua denunció el genocidio tamil en Sri Lanka, pidiendo solidaridad de todos.  Houtart realizó aquello que Jesús dijo a sus discípulos: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”.  (Mc. 16, 15).

Por Hervi Lara B.

Comité Oscar Romero – SICSAL –Chile.

Santiago de Chile, 12 de junio de 2017.

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