La Batalla de Argelia, Cauca: la disputa por el territorio en clave del post-acuerdo

El municipio de Argelia, en el departamento del Cauca, vive una tensa calma. Como una zona que ha sido de fuerte influencia de las Farc-EP, naturalmente, se vive incertidumbre del porvenir y temor ante un eventual copamiento militar del espacio dejado por estos insurgentes; aun cuando no se estén viviendo enfrentamientos como los que se vivieron en otras épocas, la comunidad bien sabe que nuevas violencias pueden estar ahí a la vuelta de la esquina. Mientras la parte baja del municipio es una zona de influencia del Ejército de Liberación Nacional, cuyo Frente José María Becerra hace presencia en varios corregimientos desde El Plateado hasta San Juan de Micay, la parte alta del municipio está a la expectativa de qué ocurrirá con la implementación del proceso de paz, sin hacerse muchas expectativas ante el gobierno, al que bien conocen por su incumplimiento.

Este es quizás uno de los municipios mejor organizados en el país, empero. En esta fortaleza organizativa es donde tienen cifradas todas sus esperanzas en el porvenir. Es, además, un municipio eminentemente campesino: el 85% de la población es rural. La principal organización campesina, la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (Ascamta), adherida a Fensuagro, ha estado a la cabeza de paros, movilizaciones, demandas y ahora de proyectos productivos para apoyar a la comunidad. Es tal la fuerza de la organización de los campesinos, que han sido capaces de enfrentarse de manera exitosa a diversos intentos de erradicación forzada por parte del gobierno central, de imposición de proyectos multinacionales y de los planes de consolidación/militarización del Estado, que este ha sido el único movimiento en todo el país que logró una Mesa de Interlocución y Acuerdos (MIA) con el gobierno central como municipio en el año 2015 –todas las otras MIA eran departamentales o regionales, pero no comprendían solamente a un municipio.

En medio de esta tensa calma, Argelia parece un territorio en disputa. Por una parte, las organizaciones campesinas que buscan, por todos los medios, consolidar su proyecto de vida, su autonomía, su proyecto de una Zona de Reserva Campesina y consolidar la vocación campesina de este territorio; por otra parte, con un ELN que tiene una presencia nada despreciable en la región y que busca también que haya definiciones respecto al proceso de paz que ellos mismos adelantan en Quito; y por otra, la institucionalidad del Estado y del gobierno central, que está pensando el territorio en términos de su militarización o “consolidación territorial” para abrir espacio a proyectos mineros y quebrar la resistencia campesina mediante la erradicación forzada, saltándose los propios acuerdos asumidos por el gobierno en el proceso de paz con las Farc-EP. La batalla por Argelia será determinante para determinar el carácter del período posterior al Acuerdo de La Habana (o mejor dicho, del Teatro Colón), este momento de transición a un futuro que aún está por determinar y que, lo mismo puede inclinarse hacia una consolidación del neoliberalismo armado y extractivista, o hacia la consolidación de alternativas libertarias, populares, y/o progresistas, fundadas en la práctica orgánica de la democracia directa desde los territorios. Cómo se defina esta batalla está por verse, nada está escrito en las estrellas. Esto dependerá de la capacidad de organización y lucha de las organizaciones populares, así como de su capacidad de articular importantes niveles de unidad que traspasen los estrechos límites de las sectarias identificaciones partidarias. Acá se necesitará, en una palabra, mucho pueblo para salir al paso de los designios del bloque en el poder.

ARGELIA, UN TERRITORIO GEOESTRATÉGICO ENTRE EL PACÍFICO Y LA CORDILLERA OCCIDENTAL

El territorio argeliano se encuentra en el sur del Cauca, en la cordillera occidental, desde donde nacen ríos como el Guapi, el Timbiquí, el Plateado, pero el más importante es el río San Juan de Micay, que se convierte en el eje de la región. El cañón bañado por el río San Juan, que va desde la cordillera occidental hasta las costas del Pacífico, se encuentra en una posición geoestratégica, en el cual se conectan múltiples cañones de gran riqueza natural en términos de reservas de agua dulce, de recursos minerales (níquel, cobre y algo de oro aluvional) así como de biodiversidad (cuyo emblema es el Zamarrito del Pinche, colibrí de gran belleza y de apenas 10 cm, el cual vive en las zonas brumosas de la serranía del Pinche, entre los 2.600 y 3.000 metros de altura), con el océano Pacífico. En esta región se dan todos los pisos naturales, desde las tierras frías cuyas cumbres alcanzan los 3.500 metros, hasta las tierras bajas calientes que dan hacia el Pacífico.

No se conoce mucho del poblamiento prehispánico en esta región, aunque se sabe que fue poblada por diversas etnias, como los guapios, barbacoas y telembias. Lo que sí se sabe es que la vertiente Pacífico de esta región se estaba poblando de africanos cimarrones ya en épocas coloniales, y esa población constituye el grueso de San Juan de Micay (antiguamente conocida como San Juan de Mechengue) y de las veredas aledañas de Honduras y Betania, en el camino fluvial hacia López de Micay. También hubo intentos de los españoles de domesticar la selva. Evidencias de estos primeros asentamientos han sido encontradas de manera esporádica por los campesinos argelianos mientras se adentraban en las entrañas de la selva virgen. Estas evidencias se han encontrado en la forma de vasijas de cerámica cristalizada. Como el galeón español de Macondo, estos son mudos testigos, tragados por la selva, de intentos fallidos de colonización temprana.

Desde los albores del siglo XX comienzan a asentarse colonos en busca de la cera de laurel en lo que hoy es la cabecera municipal del municipio, la ciudad de Argelia, que entonces llamaron San Juan. Pero es desde la década de 1940 que los colonos –procedentes de todas partes del país- se asentarán definitivamente en las tierras hacia la parte baja del cañón. Comienzan a llegar desde el Bordo, por Balboa, por la parte alta. Por la parte baja, los afros subían desde San Juan de Micay.  Entre 1943 y 1950, comienzan a asentarse colonos de extracción liberal, mezcla de perseguidos políticos y aventureros. En la época de la ‘Violencia’ hubo algunas incursiones conservadoras en el cañón, y a los pájaros de otras regiones, acá se les conocía como matojeros, porque se escondían detrás de matojos. Esto hizo que los primeros núcleos guerrilleros aparecieran acá en Argelia tempranamente en la década de 1960, algunos autodenominándose liberal-comunistas. En 1967 Argelia, de corregimiento del Tambo y parte del Patía, se convirtió en municipio en derecho propio. Desde la década de 1970 se asentó el Frente 8 de las Farc; también hubo presencia efímera del M-19 y del EPL (quienes secuestraron a Juan José Chaux Mosquera) a finales de los 1980, en épocas de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. Pero los que realmente cogieron fuerza en Argelia fueron los guerrilleros de las Farc-EP. A tal punto, que a fines de la década de 1990 se creó un frente guerrillero específicamente para este municipio, el Frente 60 “Jaime Pardo Leal”. El ELN llegaría mucho más tarde, desde El Tambo y el Pacífico, en la década del 2000, con la implantación en la parte baja del Frente José María Becerra. Prácticamente todo lo que existe en este municipio fue construido con tesón por las comunidades organizadas, que abrieron trochas, construyeron escuelas, centros de salud, todo lo que aquí hay. Ellas también han sido las impulsoras autónomas de las semanas deportivas que se celebran en todos los corregimientos desde 1983 y que son el principal mecanismo de integración social en el municipio. La tradición organizativa en esta tierra ha sido muy fuerte, llegando en el 2009 a la fundación de Ascamta.

Con organización y decisión de lucha el pueblo argeliano en la década del 2000 supo resistir tanto a la militarización del territorio como a la presencia de los paramilitares: en el gobierno de Uribe Vélez se profundizó la penetración militar en la región, y el 2007 se instalaron dos puestos de policía, uno en El Mango y otro en El Plateado. Estos puestos de policía coincidieron con la llegada de los paramilitares a la región, bajo la denominación de Los Rastrojos. El 2009 en El Plateado y en el 2015 en El Mango, la población sacó a la estación de policía respectivamente. De la misma manera, se han opuesto y movilizado contra la presencia del ejército en su territorio: en noviembre de 2015 y en marzo de 2016, miles de campesinos bloquearon acciones del ejército tendientes a erradicar forzadamente cultivos y a requisar materiales de productores (incluso, en la segunda instancia se les acusó de buscar robar dinero de los campesinos)[1]. Los paramilitares, por su parte, fueron exterminados por las Farc-EP hacia 2011. En febrero de ese año, en un único combate, mataron a más de 30 paramilitares. Así se acabó la noche del paramilitarismo. Pero hoy, con la excusa de la erradicación forzada de los cultivos de coca, se cierne nuevamente sobre tierras argelianas la amenaza de la militarización y de la paramilitarización.

LA COCA: CULTIVO DE LA RESISTENCIA Y REGALO ENVENENADO

Este fue un municipio eminentemente cafetero hasta los años de 1990. Posterior a la caída del pacto cafetero en 1989, la coca que ya existía en la región desde la década de 1970 (y que era usada por los campesinos para mambear y comercializar con los indígenas caucanos), se expandió como una respuesta a la profunda crisis económica que azotaba a los campesinos de la región. La cuestión de la coca, en Argelia así como en cualquier otra parte de Colombia, debe ser entendida en el marco de la crisis permanente de la economía campesina.

El campesinado colombiano, desde hace más de un siglo, está encerrado en un círculo vicioso en el cual tumba monte para luego ser desplazado de sus mejoras por fuerzas legales (endeudamiento, problemas de titulación, presión económica) o por fuerzas ilegales (el despojo paramilitar la más conocida), con lo cual debe comenzar nuevamente en el punto 0, selva adentro o monte arriba. En este proceso, se incrementan las propiedades de los latifundistas y esto ha llevado al país a unos niveles obscenos de concentración de tierras: el 1% de las explotaciones agrícolas concentra el 81% de la tierra, mientras que el 99% de las fincas tienen que conformarse apenas con el 19% de la tierra. Pero si se mira más en detalle, las cifras son aún más aterradoras: un 0,1% de las unidades de explotación agrícola, es decir, 2.362 unidades, ocupan el 60% de la tierra cultivable, es decir, unas 41.000.000 de hectáreas[2]. Y como cada terrateniente posee más de una finquita, estamos hablando de menos de 2.000 personas que son, literalmente, dueñas de más de la mitad del país, y frenan con su influencia parlamentaria y con la violencia practicada por los “ejércitos anti-restitución de tierras” paramilitares, las políticas tendientes a redistribuir la tierra en beneficio de millones de pobres del campo.

En este contexto es que debe entenderse el rol de la coca para el campesinado. Según Molano, “[h]ay que decir, una vez más, que el cultivo de coca ha retardado este ciclo y permite a muchos colonos conservar su mejora y librarse de las ventas forzadas de sus predios. La fumigación de cultivos ilícitos lo que hizo fue quebrarle esta defensa al colono y facilitar que las chagras fumigadas terminen, por otro método, en manos de los ganaderos”[3]. Pero no sólo de ganaderos, sino también en manos de la agroindustria o ahora también, de las concesiones mineras. Si bien es cierto que la coca ha permitido que los colonos y los pequeños campesinos, en muchas regiones de Colombia, puedan resistir al ciclo de colonización/despojo, lo cierto es que la coca es un regalo envenenado. El paquete cocalero llega con todos los vicios del paquete de la “revolución verde” pregonado por las instituciones internacionales desde la década de 1960: particularmente con el binomio mortal de monocultivo y venenos para fumigar. Bayer gana más que todos los campesinos juntos gracias a la economía cocalera. Por otra parte, la cultura campesina en cuanto tal se debilita –pero no desaparece- con la economía cocalera más que con otros cultivos orientados al mercado (los llamados cash crops, como el café), que se compenetra de algunos de los valores “empresariales” propios de un tipo de actividad racionalizada exclusivamente en términos del retorno económico.

Con todo, la coca ha sido definida como un “cultivo de resistencia” por parte de los cocaleros argelianos porque permite la reproducción del campesinado como entidad viable –algo que no puede hacer el pan coger en zonas donde el colono tiene media o una hectárea para cultivar. En estos espacios, si no es por la coca, la unidad familiar campesina sencillamente no puede reproducirse: ni el café ni la caña pueden hacer este milagro. Todos los proyectos productivos del mundo no garantizarán la permanencia en el territorio de estos campesinos que son ya ni siquiera minifundistas, sino que surco-fundistas; por ello, se vuelva imperativo seguir luchando por una reforma agraria integral que acabe con los niveles de concentración de tierra actualmente imperantes. Conscientes de la complejidad de esta situación, es que Argelia, después de la realización del 1er Encuentro Organizativo Cocalero en El Plateado (9 de julio 2016), fue uno de los municipios impulsores de la Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Marihuana y Amapola (COCCAM), que reúne a campesinos de 17 departamentos del país. En este complejo panorama, los campesinos organizados como ASCAMTA han decidido dar pasos firmes hacia la diversificación de la producción, aun cuando no esperen nada del gobierno en cuanto al cumplimiento de lo acordado en el tema de la sustitución voluntaria y concertada en el marco del proceso de paz de La Habana, y mientras siguen luchando por solucionar un problema que es de carácter estructural: el acceso a la tierra.

RECUPERANDO LA CULTURA CAMPESINA: DOS EXPERIENCIAS ARGELIANAS–LA FINCA DE ASCAMTA Y LA GRANJA DE LA PAZ

Aun ante los incumplimientos del gobierno a los cocaleros –incumplimientos que no son exclusivos a la población argeliana o caucana, sino que todos los cocaleros a nivel nacional-, los campesinos de ASCAMTA han asumido el compromiso de comenzar a diversificar la producción, volviendo a sembrar pan coger, recuperando así la cultura campesina. La asociación ha conseguido una finca de 11 hectáreas en las afueras de la cabecera municipal, que fue comprada por la Agencia Nacional de Tierras como parte de las negociaciones que la Cumbre Agraria hizo para conseguir proyectos productivos después del paro agrario de 2013. En julio, más de 100 campesinos se reunieron en una minga para rozar y desmalezar la finca y ponerla en forma. El entusiasmo de estos campesinos socios de ASCAMTA que se apropiaron del proyecto era evidente. En esta finca ya tienen 1.500 gallinas, de un total de cerca de 5.000 que esperan tener: los huevos ya están todos vendidos de antemano. También quieren sembrar café, banano, plátano, invernaderos con tomates, desarrollar la porcicultura y la ganadería. En estos momentos, un grupo de compañeras están acondicionando cinco lagos que tiene la finca para criar tilapia.

En palabras del dirigente de la asociación, Carlos Buitrón, “se trata de comenzar a diversificar la producción campesina, de concientizar… esta finca es una demostración de la soberanía alimentaria para el municipio. Queremos rescatar el valor de la producción del campesino. Argelia era un municipio rico en guineo, plátano, naranjas, queremos recuperar esto y que no sea todo coca… poder irla reemplazando con pan coger.” Entre los proyectos que hay para que esta finca pueda ayudar en esta tarea, se encuentra también la creación de una Escuela de Saberes Campesinos. El SENA también se ha ofrecido para dar cursos teórico-prácticos en avicultura a los campesinos, ayudándolos a cualificarse en esta tarea. Cuando le preguntamos a Buitrón si él cree que esta finca pueda beneficiarse de los planes y proyectos que el gobierno ha ofrecido como parte de la sustitución concertada con las comunidades, él expresa sus dudas: “porque la gente no cree ya en las promesas del gobierno. Estamos ya sembrando otras cosas, pero no podemos esperar a que el gobierno cumpla, porque eso se ve difícil. A ellos solamente se les ve voluntad para imponer cosas sin traer proyectos y sin cumplir con lo acordado.” Esto es particularmente sensible, porque el gobierno quiere imponer la firma del acuerdo a la comunidad, sin los pre-acuerdos acordados y sin aun avanzar en los proyectos de desarrollo con enfoque territorial, que serían parte integral del espíritu de lo acordado en La Habana, según personas de la comunidad. Los campesinos enviaron cartas con su voluntad de sustituir voluntariamente, a la espera de que el gobierno cumpla de manera sustantiva con la creación de alternativas viables, cosa que sería posible si el gobierno se comprometiera tan sólo a poner la mitad de los recursos que ha puesto para la erradicación forzada y la respuesta militar al problema cocalero en la creación de alternativas para la sustitución. Pero no se ve esta voluntad de su parte. Según Buitrón, “sólo se ve su voluntad para imponer cosas sin hacer propuestas y sin cumplir lo acordado. Se han hecho estas cartas de voluntad, pero el gobierno nos quiere dar sólo represión sin inversión”.

Otra experiencia para recuperar esta cultura campesina y luchar por la soberanía alimentaria, se dirige hacia las futuras generaciones. En el colegio del Sinaí,  se ha creado la Granja de la Paz, una experiencia para educar a los menores de edad de esta institución en preservación de la identidad campesina a través del trabajo agropecuario. También esta iniciativa busca contribuir a la construcción de paz local, generando alternativas a la economía cocalera y fortaleciendo la soberanía alimentaria de la población. También busca combatir ese modelo de “educación para el desarraigo”, según el cual el éxito para los estudiantes campesinos consiste en ir a la ciudad y abandonar los territorios. A través de la promoción del trabajo campesino se busca que el estudiante adquiera las experiencias básicas para permanecer en el campo y valorar al campesinado como un proyecto de vida válido, con proyecciones para el futuro de los jóvenes, y luchar contra la estigmatización del campesino como si fuera la encarnación del fracaso.

Esta experiencia, fundada en 2014, ha familiarizado a más de 300 estudiantes con la producción campesina como algo más que la producción cocalera. En la granja hay porcicultura, gallinas criollas, pollos de engorde, conejos, lombricultura y desarrollo de abonos orgánicos, huertas orgánicas de pan coger, como cebolla, cilantro, plátano, yuca, maíz, pepino. Los estudiantes han salido de esta granja a replicar lo que aprenden aquí en sus fincas, muchas de las cuales ya han comenzado a ver otros cultivos aparte de la coca.

A estos dos esfuerzos, se suma el hecho de que antiguos guerrilleros farianos de esta región están avanzando proyectos productivos con la cooperativa que ha salido del marco de los acuerdos de La Habana, Ecomún. Sus esfuerzo también apuntan a diversificar la producción, sembrar pan coger y construir la soberanía alimentaria que se merece el pueblo argeliano. Todos estos esfuerzos merecen todo el respaldo y apoyo de la sociedad; desafortunadamente, más que apoyo, por parte de las autoridades, lo que se oyen son amenazas de represión y erradicación forzada, que paradójicamente, amenazan más a estos esfuerzos por construir una economía campesina sin coca, que a la coca misma.

LA AMENAZA DE LA MEGA-MINERÍA A LOS SUEÑOS DE SOBERANÍA ALIMENTARIA

La mayor amenaza a la cultura y la identidad campesina, viene en la forma de la locomotora extractivista impulsada por el gobierno de Santos. En la disputa por el territorio de Argelia, está comenzando a jugar un rol cada vez mayor el espectro de las multinacionales mineras que están pidiendo y obteniendo concesiones mineras en este territorio, poblado por miles de pequeños campesinos que subsisten en sus pequeñas fincas gracias a la economía cocalera, y que hoy buscan diversificar esta producción y ampliar la producción de pan coger.  Por ejemplo, Cerro Matoso S.A., perteneciente a la multinacional BHP Billiton, tiene una concesión de título minero de casi 15.000 hectáreas para la explotación de níquel y asociados en la región entre Timbiquí, Argelia y el Tambo. Muy probablemente el espectro de la militarización del territorio tiene mucho que ver con la implementación de estos megaproyectos que enfrentan su más grande barrera, en la oposición organizada de estas aguerridas comunidades.

Otra multinacional que ha hecho solicitudes mineras en el municipio de Argelia por un total de 20.000 hectáreas, entre los corregimientos del Plateado, el Diviso y la Belleza, es la Anglo American Colombia Exploration S.A., empresa con vínculos con la Anglo Gold Ashanti (que alguna vez controló el 50% de la AGA hasta que en el 2009, formalmente, vendió su parte)[4]. Ahí, en la quebrada de la Naranja y su desembocadura en el río San Juan de Micay, precisamente en el corregimiento de la Belleza, se ha encontrado cobre. Muy probablemente el método que se utilizaría para explotar el recurso cuprífero es la lixiviación, un método que contiene un alto riesgo de contaminación por ácidos. El mineral molido es remojado en una solución ácido mediante la cual se obtiene el metal buscado, en este caso, el cobre. En abril de 2016 llegó una carta de la Agencia Nacional de Minas, informando a la alcaldía de Argelia de la solicitud de concesión minera de 2.000 hectáreas para explotación de cobre en la Belleza. La reacción de la comunidad, al enterarse de esta solicitud, fue de organizar una reunión abierta a la que asistieron unos 200 pobladores de este corregimiento, ante la cual el propio alcalde se comprometió a oponerse a este proyecto.

De implementarse estos megaproyectos mineros, estos pequeños campesinos pasarían a la historia, y todos los esfuerzos de la asociación para lograr la soberanía alimentaria se convertirían en un aborto muerto antes de ser concebido. Esta amenaza preocupa enormemente a las comunidades argelianas, y como ha ocurrido en otras zonas del país, se está fraguando una alianza amplia para defender el territorio, el agua y la vida. Utilizando la figura de la consulta popular, hoy en día ASCAMTA está liderando un llamado a realizar una consulta en todo el municipio relativa al tema de la mega-minería. Esperan utilizar este recurso para evitar llegar a la protesta popular en contra de la destrucción del territorio. Mientras el gobierno santista está afanado en acabar con la figura de la consulta popular (o al menos, de arrancarle sus colmillos, volviéndola una herramienta inane), y mientras desconocen olímpicamente los resultados aplastantes en contra de la megaminería logrados en comunidades como Pijao, Cumaral, Cajamarca, o Piedras, los campesinos y los habitantes urbanos argelianos se aferran a esta herramienta como una manera de evitar una confrontación en la cual ellos saben que llevarán la mejor parte, según lo ha demostrado la experiencia de represión en este territorio.

LA BATALLA DE ARGELIA EN CLAVE DEL POST-ACUERDO

Si bien es preocupante que ha habido algunos descalabros sociales después de la salida de las Farc-EP de la región, con incidentes de variable naturaleza dependiendo del corregimiento –las situaciones más graves se han vivido en esa interface entre farianos y elenos que es El Plateado, donde en un fin de semana en junio fueron asesinadas seis personas-, las comunidades organizadas han mostrado una gran conciencia cívica y capacidad política para mantener un cierto orden y control social ante esta situación. En todas partes se están discutiendo y creando manuales de convivencia –muchos de los cuales existían, pero con la llegada de la policía en el 2007 fueron abandonados, quedando después los insurgentes como fuerza de control de facto. Este trabajo ha sido particularmente intenso en El Plateado y Sinaí. También se están construyendo y conformando guardias campesinas que ayuden a conservar el orden en el territorio, como organizaciones bajo la supervisión directa de las Juntas de Acción Comunal. Esto es parte de un trabajo más amplio impulsado fundamentalmente, pero no exclusivamente, por ASCAMTA. Hoy se puede ver mucha gente sumándose a esta organización, mientras se forman muchos comités de trabajo: algunos de los más fuertes son el de mujeres y el de Juventud Rebelde, pero también se están formando comités de cultura, el comité Semillas de Micay –que se encarga del deporte-, y un comité que está proyectando para el medio ambiente. Hay también una Casa de la Cultura en Sinaí desde la cual se hacen proyectos culturales con la comunidad y particularmente con los jóvenes –hay otra proyectada para El Plateado. También ASCAMTA ha empezado un importante trabajo comunicativo mediante la creación de Radio Activa, una radio de carácter cultural-social-campesino, según sus propias definiciones. Desde la frecuencia 100.7 FM esta radio desde hace meses viene difundiendo hacia toda Argelia y la zona del Pacífico (Guapi, Timbiquí, López de Micay) su mensaje de cuidado del medio ambiente, de socialización de la figura de la Zona de Reserva Campesina, de defensa de los derechos de las mujeres y de fortalecimiento de la identidad campesina. Los segmentos más importantes son los mensajes de la comunidad y el segmento noticioso. La recepción por parte de la comunidad ha sido extraordinaria, al punto que esta radio se está sosteniendo íntegramente gracias al apoyo de los comerciantes de la región gracias a los segmentos publicitarios. Para reforzar la cultura campesina, también se viene realizando desde hace tres años un Encuentro Intercultural de Saberes y Sabores Campesinos, el cual este año se realizará de los días 2 al 6 de octubre en Sinaí.

Los campesinos de la región confían en su propia capacidad y fuerza organizativa para lograr construir una convivencia armoniosa, para trabajar y seguir construyendo sus comunidades desde el trabajo solidario y el respeto en común, como lo han hecho de siempre, en estos momentos de transición. Un aspecto fundamental en este trabajo es la creación de una Zona de Reserva Campesina para Argelia y para Balboa, que está actualmente en trámite. Hay mucha esperanza en este trabajo organizativo, pero también hay obscuros nubarrones en el horizonte. A lo que más se le teme es a una ofensiva militar-policial-paramilitar, como la que se vivió a fines de la década del 2000, que dejó una estela de muertos, desaparecidos y desplazados. Muchos piensan que es cosa de semanas para que se materialice una nueva ofensiva represiva, como las vividas en noviembre de 2015 y en marzo de 2016, momentos en los cuales las fuerzas represivas del Estado se aprovecharon del cese al fuego unilateral de las Farc-EP para violentar a la comunidad campesina.

Muchos sienten que la Batalla de Argelia está por venir. Y que esta batalla será clave para definir el carácter del post-acuerdo, en un momento histórico para el país que es extraordinariamente fluido. En el entendido de que también hay otro acuerdo que se viene impulsando en el proceso del gobierno nacional y el ELN en Quito, proceso el cual también debe ser apoyado y rodeado por todos los sectores populares. Los esfuerzos de estos campesinos argelianos pueden ayudar a consolidar un modelo de post-acuerdo favorable a los intereses de los pobres del campo y de las mayorías de Colombia. De acá están surgiendo alternativas, experiencias reales de democracia popular, deliberante, desde las propias comunidades. Por eso es tan importante hoy en día rodear a este proceso, rodear a ASCAMTA y todas las organizaciones populares de la región y sus dirigentes, no permitir que sean aislados ni que se utilice la erradicación forzada en su contra, y defender todos los esfuerzos de estos campesinos. No podemos permitir que la alternativa represiva que se cierne como una espada de Damócles sobre las cabezas de este pueblo, se materialice. Argelia debemos ser todos y cada uno de quienes creemos en una Colombia nueva, construida desde abajo, por las propias masas que trabajan y sueñan con hacer este proyecto una realidad.

Por José Antonio Gutiérrez D./ Guillermo Andrés Mosquera

28 de agosto, 2017

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José Antonio Gutiérrez D. / Guillermo Andrés Mosquera
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