Hace un par de meses me tocó participar en el lanzamiento de la candidatura de Carolina Goic en Recoleta, cuando aún estaba convencida, la DC y la propia candidata, de ir a primarias. Luego de su irrupción en el funeral del ex presidente, Patricio Aylwin, cuando pidió perdón por la crisis desatada por la relación entre dinero y política, poco después de haber sido electa Presidenta de su partido, se proyectó como un liderazgo nuevo, transversal que venía a refrescar la política y a poner en valor de nuevo la convergencia entre el centro y la izquierda para continuar transformando a nuestro país.

¿Cuán distinta sería la historia si hubieran persistido en esa línea que fue la que inspiró originalmente la candidatura?

Sin embargo, a poco andar, su candidatura fue rodeada por representantes del sector más conservador de la DC. Ese sector minoritario que jamás fue partidario de la Nueva Mayoría, pero que tuvo que replegarse a esperar tiempos que permitieran salir de nuevo a la primera línea, oportunidad que encontraron en las dificultades que ha tenido que enfrentar nuestro gobierno para cumplir un programa con el que este sector nunca estuvo comprometido, haciendo de los matices una política casi permanente.

Este sector fue cobrando cada día mayor fuerza, mediante una alianza explícita con los medios de comunicación de la extrema derecha y fueron instalando, al interior de la DC, la tesis del camino propio que los llevó a adoptar una decisión que, siendo legítima, puso en riesgo la unidad del centro con una parte de la izquierda y la continuidad de las transformaciones que iniciara el gobierno de la Presidenta Bachelet.

La tozudez de unos pocos terminó por meter a su propio partido en un zapato chino de donde hoy no saben cómo salir y lo más increíble, ninguno de ellos pagará los costos de esta opción que ha puesto a la DC, por primera vez en su historia, ante el riesgo cierto de una derrota memorable.

Atrás quedaron las frases hechas en los laboratorios en donde se tramó esta operación, “Carolina ha logrado ordenar a la DC tras años de desorden y ha insuflado al partido un nuevo aire que hace años no teníamos” decían algunos. Otros planteaban que este nuevo liderazgo había dado un paso trascendental en la dirección de recuperar una identidad perdida. De hecho, los enemigos de las transformaciones que el Gobierno de la Presidenta Bachelet ha liderado, afirmaban que este paso táctico, les permitiría ir tras los votos de un centro que estaba en riesgo de ser captado por la candidatura de la derecha.  Nada de eso ocurrió.

Ya han pasado varias semanas y nada de lo planteado se ve hoy en el horizonte.  La candidatura de la derecha no ha bajado un solo punto y los matices y el distanciamiento con el Gobierno de la Nueva Mayoría se da justo en el minuto en que éste y la Presidenta comienzan a subir sostenidamente en encuestas que, a pesar de representar claramente a una corriente de opinión política, han sido utilizadas insistentemente para argumentar la toma de decisiones.

La candidatura de la DC no despega y hace recordar claramente que la DC perdió un millón de votos durante los gobiernos de la Concertación, no durante el gobierno de la Nueva Mayoría y que su viraje al centro, ha sido leído por muchos como un viraje a la derecha y que la derecha, claramente tiene otro candidato que poco o nada tiene que ver con la tradición histórica de la DC.

En las bases cunde la desmoralización y la incertidumbre.  Al menos en Recoleta, donde puedo dar fe de la excelente relación que seguimos manteniendo, caminan con desgano y con profunda nostalgia de la alianza que el sector más conservador de la DC ha desahuciado. Reconocen y valoran las excelentes relaciones que hasta el día de hoy mantienen con el resto de la Centro Izquierda que ha liderado los cambios de estos últimos años, lo que ha llevado a la militancia hacia una peligrosa dispersión.

Seguramente, quienes pagarán más caro el costo de estas decisiones serán la propia Carolina Goic y los candidatos a diputados y senadores de la Falange, los que ya perciben un escenario que los podría instalar en el peor resultado de su historia.

Lo más increíble, lo reitero, es que quienes desde adentro indujeron a la DC al actual escenario no pagarán ningún costo y se habrán deshecho casi gratuitamente de un liderazgo que prometía mucho en el mediano y en el largo plazo, a pesar de que la realidad virtual que, en conjunto con la derecha fueron imponiendo, no aparece por ningún lado.

El tiempo nos permitirá dilucidar si el paso dado fue solo un garrafal error de análisis, un pecado de ingenuidad o una operación política de mediano plazo, francamente mal intencionada.

Hoy solo resta allanar el aterrizaje de nuestros socios y abrir puertas para permitirles volver a la casa desde donde nunca debieron salir, sin importar si es con una o con dos candidaturas en la primera vuelta, porque lo que es absolutamente evidente es que juntos somos mayoría y que podemos darle continuidad a las transformaciones que nuestro país espera, profundizando lo hecho, corrigiendo los errores, pero convencidos de que el trayecto adoptado es el correcto, que la tarea esta inconclusa y que queda un mundo por cambiar.

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