Limache no los dejará pasar: contra la termoeléctrica Los Rulos


28 February, 2017 17:02
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Mi abuelo me sacaba a pasear por los bordes del cerro La Huinca: desde ahí, aún hoy, aparece una vista increíble de la ciudad de Limache, los cerros aledaños, la antigua cervecería, la estación de trenes, las extensas plantaciones de tomates y paltas, el estero delgado como un hilo de coser y sobretodo la Avenida Urmeneta con su túnel de plátanos orientales. A esa altura pasa silencioso un enorme caudal movido por el Canal Waddington, una de las más importantes obras de ingeniería en Chile y que por 170 años suple de agua a las parcelas de la comuna. Mi abuelo conocía bien Limache, tanto que fue alcalde de la ciudad, y compartía su voluntad de cuidarla con su gran amigo Agustín Garaventa, un biólogo y naturalista que estudió y clasificó detenidamente la flora del valle.

Ya en 1834 el mismísimo Charles Darwin había evidenciado la potente biodiversidad de la zona,  que logró observar en plenitud desde el cerro La Campana, hoy Reserva Mundial de la Biósfera. Pero si pasara lo que no queremos que pase, desde esa misma altura, no sólo ya no veremos la línea del mar, sino además una enorme nube liberando gases tóxicos al aire y una central termoeléctrica planeada por el Estado a espaldas de los ciudadanos, con el fin de suplir las necesidades energéticas de la minería pesada.

Hoy Chile está así, debatiendo su capital humano y ecológico, arrasando con pequeños pueblos en pos de solventar a una industria que –como las forestales y las salmoneras- gozan de beneficios que a la luz de cualquiera son exorbitantes y ridículos. Mientras el Estado realiza constantes campañas para el ahorro de electricidad entre los ciudadanos, la minería absorbe más del 70% de la producción energética del país. Y ahora quieren destruir Limache, quieren usar su aire, su suelo asolado por la sequía y su agua que, aunque escasa, logró unir durante siglos a comunidades organizadas en torno al riego.

La Central Termoeléctrica Los Rulos sería emplazada en terrenos agrícolas sin previa consulta de los habitantes del valle, 150 hectáreas ubicadas 4 kilómetros de una zona poblada, con la actitud totalitaria y absolutista del Estado y con la potencia de una empresa como IC Power, quienes por todos los medios han intentado ganarse el corazón de los limachinos, ya sea poniendo importantes sumas de dinero en áreas de salud, educación, seguridad y cultura, firmando previos convenios con la Municipalidad de Limache y otras de los alrededores; sobre esto ya se han presentado denuncias a Contraloría por la premura con que el Servicio de Evaluación Ambiental de la región de Valparaíso aprobó el proyecto y por las irregularidades en los estudios de impacto medioambiental. A los que amamos esta tierra no nos queda otra que organizarnos e impedir por todos los medios –intelectuales y físicos- la imposición de una industria en desmedro de nuestra calidad de vida, nuestra conocida producción agrícola y la protección de un entorno que por generaciones hemos defendido.

Es por eso que yo le preguntaría al Alcalde Daniel Morales, a los concejales Arellano, Rojas, Pacheco, Sepúlveda y Valenzuela, a los diputados y senadores de esta provincia, al Intendente Gabriel Aldoney y a la mismísima Presidenta Bachellet si alguna vez llegaron a caminar esa misma senda de Darwin, si recorrieron las quebradas de Agustín Garaventa o los callejones que pintó Juan Francisco González, si vieron las loicas y tordos que vio Víctor Domingo Silva mientras escribía su himno a la bandera, si sintieron el olor del otoño en Limache cuando su avenida se llena de hojas, si sintieron el campanazo de la iglesia de Las Cuarenta Horas avanzar libre entre el aire limpio y rebotar en las montañas. Si vieron eso y tuvieron un abuelo que los llevó a conocer los nombres de los árboles y sentir el ruido del río, estoy seguro que no darían pie adelante a un proyecto nefasto, estoy seguro que sus hijos y sus nietos les darían las gracias por conservar uno de los valles más importantes de la zona central, un punto desde donde se pensó y se armó esa palabra llamada Chile.

Si estuvieran lo suficientemente atentos, entenderán que los limachinos no los dejaremos pasar. El mismo Neruda les podría contestar: “ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba, / un pueblo por deber y por amor reunido”. La misma Constitución nos ampara,  ya que estipula: “el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación. Es deber del Estado velar para que este derecho no sea afectado y tutelar la preservación de la naturaleza” (Artículo 19, número 8). Entenderán también que si hay que interpelar a cada uno de ustedes y a la empresa por vender lo que es nuestro, lo haremos.

Por lo tanto, ustedes, los representantes, convoquen a un plebiscito comunal, en donde los que realmente habitamos y crecimos en este lugar podamos decirles lo que pensamos. No dejaremos que todo un programa venga de un Estado central y se nos imponga. Sabemos que el absolutismo pagó con su cabeza tanta injusticia. Así que, si están abiertos a un diálogo responsable, convoquen el plebiscito. Nosotros, los limachinos, pondremos en práctica nuestra educación cívica, no tanto por nosotros, sino por los que vendrán.

 

Por Diego Alfaro Palma, poeta
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