El duelo televisivo de segunda vuelta, y el único entre los dos candidatos que se disputan la presidencia de Francia este domingo, fue considerado ganado por Emmanuel Macron, el candidato de En marche!, del Gobierno del presidente François Hollande y del establishment financiero francés y europeo. Macron fue ministro de Economía en el gobierno actual.

El debate se hizo en el marco de la última encuesta, reconocida como confiable por el vespertino francés (Cevipof), que daba a Macron 59% de intenciones de voto para el domingo y 41% para Marine Le Pen. Por primera vez las fuerzas políticas que dominaron en la V República —los socialistas y los republicanos— no accedieron a la segunda vuelta de la elección presidencial.

Los analistas consideran que en el fondo no hubo debate sino una confrontación de propósitos. De entrada, según el analista de Le Monde, Nicolas Chapuis, “M. Le Pen perdió la batalla de la credibilidad”. Y Le Monde impreso tituló: “Marine Le Pen: La estrategia de la mentira.

El escenario actual de confrontación entre la extrema derecha populista-lepenista y la derecha y los socialistas neoliberalizados que representa Macron en la segunda vuelta, se configuró en gran parte por el factor de fragmentación de las fuerzas de izquierdas: mientras que Mélenchon obtuvo 19,58, todas las fuerzas de izquierda en primera vuelta juntas -Hamon (PS) con programa de izquierda 6,36% y los candidatos trotskistas 2,54%- obtuvieron más del 27%, contra Macron que obtuvo 24,01, Le Pen 21,03 y Fillon 20,01.

Marine Le Pen, la candidata del Front National, de extrema derecha populista y de filiación neo fascista, demostró en el debate, además de una agresividad táctica, una incompetencia total en el manejo de ciertos dossiers económicos claves.

Tanto así que la candidata del FN se equivocó en varias oportunidades en nombres y datos, lo que permitió a su rival E. Macron, de manera hábil y sin nunca perder la compostura ante una Le Pen por momentos nerviosa y confundida, dejar constancia ante los millones de telespectadores galos que la heredera del fascista Jean Marie Le Pen no estaba preparada para gobernar. Algo del estilo Trump, su admirador incondicional, asomó la nariz en el debate.

El periodista Nicolas Chapuis, que tras el debate respondía en línea las preguntas de los lectores de Le Monde, escribía que “Marine Le Pen fue responsable del alto nivel de intoxicación (desinformación). Es algo inédito y grave debido a que sucedió en el plató mismo y delante de las redes sociales y los sitios de información que practican la verificación de las declaraciones, como el mismo LeMonde.fr”.

Cabe explicar que el ascenso inesperado de Emmanuel Macron es el resultado de una serie de “accidentes”, como el que Hollande no haya podido presentarse debido al rechazo ciudadano; los escándalos de corrupción que afectaron al republicano gaullista François Fillon, después de la humillación que éste le infligió a Alain Juppé y al ex presidente Nicolas Sarkozy en las primarias de Les Républicains; la derrota en la primaria del Partido Socialista del delfín de Hollande, Manuel Valls, por Benoît Hamon, representante de la base socialista y traicionado más tarde por los barones del PS que se volcaron a Macron; además del ascenso de Jean Luc Mélenchon y de su movimiento “La France insoumise” como la carta de  la izquierda fragmentada en busca de una alternativa de gobierno. Todos estos factores abrieron un espacio de “extremo centro” que ocupó Macron con el apoyo de las fuerzas neoliberales europeas.

Sobre el punto, Franck Gaudichaud, politólogo francés, en entrevista con El Ciudadano explicaba: “El bipartidismo (en Francia) se encuentra totalmente destruido, los dos partidos hegemónicos de la derecha y la izquierda están fuera de juego, y en particular el PS, que era el partido de gobierno, se encuentra en crisis por dos motivos: primero, el presidente no fue capaz de presentarse a la reelección y, segundo, su partido logró una votación del 6%, lo que no se daba desde el año 69. El PS se encuentra en la misma situación que la que estaba antes que lo refundara Miterrand el año 71, y en este escenario de crisis política y social aparecen fuerzas de recambio, pero que de todas formas son parte del sistema”.

Jean-Luc Mélenchon, quien obtuvo el cuarto lugar, justo detrás de Fillon, declaró que no votaría por Le Pen. Al mismo tiempo que le expresó a Macron que sus electores podrían votar por él si éste anulaba su proyecto laboral que castiga a los trabajadores franceses. No ha habido respuesta de Macron.

Las elecciones legislativas se hacen después de la presidencial en la llamada V República francesa. Sectores de izquierda le exigen a Mélenchon que se levante como el líder de una futura oposición parlamentaria que impida que el programa neoliberal se aplique en Francia. El presidente electo aprovecha el triunfo para construir mayoría; en caso que su partido o movimiento no logre la mayoría, se produce la cohabitación.

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