Protestas en Rumanía: Una visión hacia la asimetría entre protestas y elecciones democráticas


20 February, 2017 20:02
#Columnas, #Mundo

Captura de pantalla 2017-02-20 a las 20.44.21Chilenos y rumanos parecen tener algo en común, una fuerza parece levantarles en ciertas ocasiones, cuando reclamar lo que les parece justo se convierte en una necesidad. Los últimos años han visto este acontecer de forma repetitiva y los medios internacionales han cubierto aquellos acontecimientos y provisto a ellos de mayor resonancia. Las expresiones en el país europeo han incluso despertado simpatía en varias ciudades del continente, particularmente en capitales como Sofía o Chisinau donde muchos han salido a demostrar su oposición a la corrupción, mientras simpatizan con sus pueblos limítrofes.

El 5 de febrero contó con alrededor de 330 mil personas por toda Rumanía manifestándose en contra de un cambio en el código penal, la orden de urgencia declarada y publicada en el diario oficial la madrugada del 1 de febrero aparecía como un acto corrupto, al favorecer los intereses personales de miembros del principal partido gobernante, el PSD.

Sin embargo, no es la primera vez que este partido se encuentra en esa posición. El grupo político ha enfrentado cuestionamientos públicos de larga data, lo que les llevó a carecer del apoyo democrático necesario en las votaciones presidenciales del 2014. En aquel entonces los rumanos también tomaron las calles para manifestarse en contra de acciones cuestionables en torno a la democracia, cuando la diáspora del país, ampliamente repartida por Europa, vio limitada su posibilidad de votar frente a problemas logísticos de evidente manipulación política.

Fueron aquellas manifestaciones y protestas las que impulsaron la elección de Klaus Iohannis como presidente, del principal partido opositor (PNL). El año 2015 no detuvo las protestas ante un incendio que costó la vida de 64 personas, producto de insuficientes medidas de seguridad. Los dedos apuntaron entonces nuevamente al partido gobernante y del primer ministro Victor Ponta, culpándole de la corrupción que permitía que medidas de seguridad fuesen obviadas en clubes nocturnos.

La elección del Presidente Iohannis y la activa participación de la sociedad llevó a pensar que el país entraba en un proceso de cambio, de intervención ciudadana e implicancia de los diferentes actores, lo que pudo haberse manifestado en las elecciones parlamentarias del 11 de diciembre del 2016. Sin embargo, aquel día las urnas vieron un porcentaje de voto que no alcanzó el 40%, dejando la elección en manos de la población más adulta del país e ignorando las campañas que promovían la votación, sobre todo, desde el estrato más joven.

El malestar rumano con su política no vio entonces en el voto ni en las instancias democráticas el devenir esperado, otorgando un triunfo carente de escollos a personajes políticos constantemente sindicados como corruptos e ineficientes. Las protestas y el sentir general de la población no tuvieron, sorprendentemente, un actuar coherente en las instancias democráticas y llevaron a un escenario político confuso y evitable.

Las marchas y protestas rumanas quedarán guardadas sin ninguna duda como uno de los momentos de mayor importancia política desde la caída del comunismo, debido a la masiva implicancia ciudadana, pero no encontrará lógica al mirar atrás y observar los resultados de las decisiones electorales del mismo pueblo. Países como Chile y Rumanía tienen la libertad, e incluso el deber, de hacerse partícipes en instancias que nos comprometen a todos, pero aquel accionar debe encontrar coherencia en todas las posibles ocasiones, como es centralmente el voto popular, que careció de notoriedad con menos de la mitad de la población volcándose a las urnas en diciembre. La energía y acción popular puesta en cada manifestación se vuelve entonces asimétrica e incoherente con la intención de voto y la participación en la instancia primera de participación, generando escenarios que los ciudadanos mismos preferirían evitar.

Promover el voto activo y responsable de la ciudadanía puede llevar a mejores decisiones políticas y puede evitar conflictos como los que hoy vemos concentrados principalmente en Bucarest, pero para ello, la misma energía humana desplegada en marchas y protestas debe también manifestarse en el voto, que puede guiar por caminos más lógicos las elecciones populares.

Patricio Borvarán.

Master en Historia del Sudeste Europeo

Universitatea Babes-Bolyai

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