Salvador Allende: sus personales amigos de la vida y de la muerte


11 September 11:09
#Columnas

Por Víctor Osorio, periodista y ex ministro de Estado.

En no pocas imágenes fotográficas de Salvador Allende en la mañana del fatídico 11 de septiembre de 1973, se le observa rodeado de un grupo de hombres armados, civiles y jóvenes. Se trataba del hoy legendario GAP: la sigla con que el mismo Presidente bautizó a su “grupo de amigos personales”, que lo acompañaban desde su campaña electoral. Un destacamento que tuvo principal y única tarea velar por la vida del mandatario en sus mil días de gobierno.

Tuvieron que lidiar con el hecho de que se convirtieron en tema recurrente para los ataques de la prensa opositora. Sin embargo, nada de eso detuvo la misión de defender la vida del “Compañero Presidente”.

Para el día del golpe de Estado, eran 14 hombres del GAP los que se encontraban dentro de La Moneda y otros cinco se asentaron en el Ministerio de Obras Públicas. En la lucha que emprendieron ese día, combatieron junto a personal de la Policía de Investigaciones y colaboradores de la Presidencia de la República.

Juan Osses e Isidro García, dos de los sobrevivientes de esa batalla, me contaron detalles que habían permanecido en secreto durante tres décadas.
Me contaron que el GAP buscó la forma de sacar al Presidente de La Moneda, antes que comenzara el bombardeo aéreo. El plan consistía en trasladar a Salvador Allende hacia el Ministerio de Obras Públicas, cuyo acceso se encontraba frente a la puerta de Palacio en Morandé 80. La idea era atravesar la calle flanqueados por los hombres del GAP y resistiendo el fuego hasta llegar al Ministerio. Luego lo llevarían hasta las instalaciones del Banco Estado, que estimaban era un lugar idóneo por su estructura amplia, fuerte y casi indestructible para un inminente bombardeo. Finalmente, llegarían hasta la calle Bandera, donde partirían hacia poblaciones con el objetivo de crear focos de resistencia.

Cuando el plan estaba por ponerse en ejecución, sonó uno de los pocos citófonos que daba con el exterior con una voz que decía que la puerta del Ministerio estaba cerrada con cadenas y candados, y que no encontraban las llaves. Al escuchar esto, Salvador Allende quedó pensativo por unos instantes, como si supiera que no habría escapatoria y dijo: “No, todo atrás”. El plan, literalmente, había quedado hasta ahí. No hubo quien pudiera solucionar algo que, a vista de cualquiera, pareciera tan simple como abrir una puerta. Unas cadenas y unos candados que, de no haber existido, habrían salvado la vida del Presidente. Lo cierto es que quizás el tiempo ni siquiera dio espacio para encontrar una solución rápida y efectiva. El bombardeo contra el Palacio era inminente y no hubo otra opción que volver a tomar posición para la defensa de Palacio.

Algunos de ellos murieron ahí mismo, a la vista de sus otros compañeros, quienes hasta hoy no pueden borrar ese recuerdo de sus memorias.
Los militares ingresaron al Palacio de La Moneda luego del bombardeo aéreo. Ya habían tomado La Moneda. A punta de patadas, los miembros del GAP que estaban dentro del Palacio, fueron llevados por los militares hasta las afueras de Morandé 80 y los tendieron en la calle. Los otros miembros del grupo que se encontraban en el Ministerio de Obras Públicas, siguieron disparando. Hasta que constataron que amenazaban con pasar un tanque por encima de sus compañeros.

La brutalidad y la violencia extrema en ese entonces, ya eran absolutas. El Presidente Allende, o “doctor” como ellos solían llamarle, ya había muerto. Los miembros del GAP que fueron detenidos en La Moneda fueron trasladados hasta el Regimiento Tacna. El 13 de septiembre, amarrados de pies y manos con alambres, fueron subidos a un camión militar, custodiados por oficiales y soldados, y trasladados hasta el predio destinado a la antes mencionada unidad militar que se encontraba en el recinto militar de Peldehue, aledaño a la carretera San Martín, en la comuna de Colina. Los ubicaron frente a una fosa vacía previamente excavada y los fusilaron. Al recibir los impactos de bala, cayeron la fosa. Luego, el personal militar arrojó granadas en su interior. Allí ocultaron sus cuerpos, hasta que años después se removieron los restos para lanzarlos al mar, en la llamada Operación Retiro de Televisores.

Los GAP que combatieron desde las ventanas de Obras Públicas lograron sobrevivir. Para salir el lugar, se mezclaron con los funcionarios de la entidad.
En una canción dedicada a Salvador Allende, Pablo Milanés escribió: “Qué soledad tan sola te inundaba en el momento en que tus personales amigos de la vida y de la muerte te rodeaban”.

Fueron un pequeño grupo que resistió durante horas el ataque aéreo y terrestre de las Fuerzas Armadas contra La Moneda.

Fueron un pequeño grupo de chilenos que estuvo dispuesto a defender la democracia y las instituciones republicanas con la propia vida.

Fueron un pequeño grupo que puso en alto la dignidad de la patria en horas negras para la historia nacional y que hoy ameritan nuestro reconocimiento eterno.

Por Víctor Osorio
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